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miércoles, 29 de mayo de 2013

Europa: guerra o unión

Durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) se produjo una mutación histórica, un cambio epocal en la configuración geopolítica del mundo.
Fue una guerra que comenzó en territorio europeo entre estados europeos. Alemania invadió Polonia en setiembre de 1939, y Francia y el Reino Unido se alinearon con Polonia. La guerra se transformó, en tres o cuatro años, en guerra mundial entre grandes potencias extra europeas. Alemania atacó a la URSS el 22 de junio de 1941. Japón atacó a EE.UU. el 7 de diciembre del mismo año.
Pero Europa fue el principal teatro de operaciones de esa guerra, en lo que concierne la guerra terrestre. Y a su término, se halla a dos grandes potencias, EE.UU. y la U.R.S.S. ocupando y repartiéndose el continente Europeo. Una de ellas es americana, la otra es europea, pero solo en parte y teóricamente. Invaden, bombardean, ocupan y controlan los países claves del continente. Salvo España, Portugal, el Reino Unido, Suiza y Suecia, todos los demás países europeos sufrieron la ocupación y la dominación de estas grandes potencias no europeas.

La Unión Europea se concibió en los campos de prisioneros y en las batallas de la Segunda Guerra Mundial. Los padres que impulsaron la Confederación del Carbón y del Acero, que después fue el Mercado Común y luego la Unión Europea, comprendieron que una Europa dividida y en conflictos intestinos era fácil presa de las potencias exteriores. A pesar de estar destruida y en ruinas al salir de la Guerra, era la presa más codiciada del mundo, y lo seguiría siendo, y lo es aún hoy con más razón, por su acumulación de riqueza y de conocimiento.
Y su desunión la pone en peligro, como ayer, más que ayer, pues hoy las potencias exteriores han crecido, son potencias industriales, nucleares, con recursos enormes. No existe solamente EE.UU. y Rusia, existen también la India, China, que son potencias mayores y nucleares, y también potencias menores: Japón, Brasil, Pakistán, etc., algunas de ellas con el arma nuclear.
Una Europa dividida es débil, se puede jugar a un país contra otro, Europa unida es fuerte, puede jugar en la escena mundial de igual a igual con las demás potencias.

Eso es lo que está en juego en la crisis del euro. La dinámica de la Unión, contrariada por el fracaso en el 2006 del proyecto de constitución europea, que hubiera puesto las bases de una unión política con cesión parcial de soberanía, y permitido la unión bancaria y fiscal, vive ahora una prueba mayor. Su existencia misma está en juego.
Muchas fuerzas juegan en contra del euro, que es jugar contra la UE. Los soberanistas y los especuladores, desde extremos opuestos, lo hacen.  
Si Europa retrocede en la Unión, en dos generaciones o aún antes, tendremos una guerra en Europa y por Europa, una guerra de rapiña, por apropiarse de su riqueza o para eliminar a un rival. ¡Que esto no ocurra, que la Unión Europea se consolide y crezca! La paz del mundo está en juego.

miércoles, 24 de abril de 2013

You are being watched

Así empieza la popular serie Person of Interest: "You are being watched. The government has a secret system: a machine that spies on you every hour of every day...
El personaje más importante de la serie no es humano y ni siquiera visible. Es una computadora que sabe todo de todos, ve todo en todos lados, relaciona todo. ¿Una ficción?
Los protagonistas de la serie, Finch y Reese, lo son, sin duda. ¿Pero el resto, la cuestión de la máquina que ve todo, será ficción? Quizás no.
Es lo que sostiene Bruce Schneier en su artículo Our Internet Surveillance Society de abril 2013: nos dirigimos velozmente hacia un sociedad de vigilancia y de control permanente que ni Orwell imaginó.
Bruce Schneier (1963) es criptógrafo y autor de libros como Applied Cryptography (1994). Fue fundador de una importante empresa de seguridad informática, Counterpane, comprada en 2006 por British Telecom, es miembro del Advisory Board de Electronic Frontier Foundation, escribe en la revista Wired, tiene un blog de seguridad y publica una carta mensual sobre el tema: Crypto-gram.
Vale la pena leer el artículo en su totalidad. Transcribo aquí algunos fragmentos, en traducción libre del inglés:
Voy a comenzar con tres puntos de hecho.
Uno: algunos de los militares piratas informáticos chinos [...] fueron identificados porque accedieron a Facebook desde la misma infraestructura de red que utilizaron para llevar a cabo sus ataques.
Dos: Héctor Monsegur, uno de los líderes del movimiento de hackers LulzSec, fue identificado y arrestado el año pasado por el FBI. A pesar de que practica una buena seguridad informática y que utiliza un servicio de retransmisión anónima para proteger su identidad, cometió un desliz.
Y tres: Paula Broadwell, que tuvo un romance con el director de la CIA David Petraeus, tomó grandes precauciones para ocultar su identidad. Nunca se conectó a su servicio de correo electrónico anónimo desde su red doméstica. En cambio utilizó hoteles y redes públicas para enviar sus mails. El FBI comparó los datos de registro de varios hoteles y halló que su nombre era el único que aparecía en todos.
Creo que hay que subrayar esto: uno de los mejores hackers del mundo, los militares de uno de los ejércitos más poderosos dedicados a la piratería informática y el director de la agencia de inteligencia de la primera potencia mundial, fueron cazados porque dejaron, a su pesar, rastros de su paso por el ciberespacio. Sigue Schneier:

Internet es un estado de vigilancia.  Que lo reconozcamos o no, que nos guste o no, estamos siendo rastreados todo el tiempo. Google nos sigue, tanto en sus páginas, como en otras páginas a las que tiene acceso. Facebook hace lo mismo, e incluso sigue a los no usuarios de Facebook. Apple nos sigue en nuestros iPhones y iPads. Un reportero utilizó una herramienta llamada Collusion para hacer un seguimiento de los que lo estaban siguiendo, y resultó que 105 empresas siguieron su uso de Internet en un período de 36 horas.
Cada vez más, lo que hacemos en internet se combina con otros datos que existen sobre nosotros. Desemascarar la identidad de Broadwell implicó relacionar su actividad en internet con sus estadías en hoteles. Todo lo que hacemos hoy implica computadoras, y las computadoras producen naturalmente información como un subproducto. Todo está ahora siendo registrado y correlacionado, y varias compañías especializadas en masas de datos hacen dinero elaborando perfiles íntimos de nuestras vidas con informaciones provenientes de una variedad de fuentes.
Facebook, por ejemplo, relaciona tu conducta on-line con tus hábitos de compra offline. Y aún hay más. Hay datos de localización de tu teléfono celular, hay un registro de tus movimientos en la TV de circuito cerrado.
Es una vigilancia ubicua.  Todos nosotros estamos vigilados todo el tiempo, y esa información se almacena para siempre. Esto es a lo que se parece un estado de vigilancia, y su eficacia es mayor de lo que nunca soñó George Orwell.
Esto ya se parece bastante a la máquina que programó Finch en “Person of Interest”. ¿Y qué podemos hacer, si queremos hacer algo? Dice Schneier:

Claro, podemos tratar de evitarlo. Podemos limitar lo que buscamos en Google desde nuestros iPhones, podemos utilizar navegadores que nos permitan borrar las cookies. Podemos usar un alias en Facebook. Podemos llevar nuestros teléfonos móviles apagados y pagar con dinero en efectivo. Pero cada vez más, nada de eso importa.
Simplemente, son demasiadas las maneras en que podemos ser rastreados. La Internet, el correo electrónico, los teléfonos móviles, los navegadores web, las redes sociales, los motores de búsqueda: se han convertido en necesidades, y es insensato esperar que la gente se niegue a utilizarlos sólo porque no les gusta que los espíen, sobre todo desde el momento en que el tal espionaje se nos oculta deliberadamente, y que hay pocas alternativas propuestas por empresas que no nos espían.

Si nosotros, los navegantes del ciberespacio, no podemos hacer nada para borrar nuestras huellas, ¿lo puede alguien o algo? El mercado, por ejemplo, ¿propondrá una solución? Schneier nos destruye esa ilusión:
Esto no lo puede arreglar el libre mercado. Nosotros, los consumidores, no tenemos ninguna opción. Todas las grandes empresas que nos proveen de servicios de Internet están interesadas ​​en seguirnos. Visite un sitio web y es casi seguro que sabrán quién es usted, hay muchas maneras de ser seguidos sin cookies. Las empresas telefónicas deshacen rutinariamente la protección de la privacidad de la web. Un experimento realizado en la Universidad Carnegie Mellon tomó vídeos en tiempo real de los estudiantes en el campus y fue capaz de identificar un tercio de ellos, comparando sus rostros con fotos etiquetadas de acceso público de Facebook.

La conclusión de Schneier se, a mi ver, demasiado pesimista:
Mantener la privacidad en Internet es casi imposible. Si olvida una sola vez sus protecciones, o cliquea en el enlace equivocado, o escribe las cosas mal, y encuentra su nombre conectado permanentemente a cualquier servicio anónimo que está utilizando. Monsegur se equivocó una vez, y el FBI lo capturó. Si ni el director de la CIA puede mantener su privacidad en Internet, nosotros no tenemos ninguna esperanza.
En el mundo actual, los gobiernos y las empresas están trabajando juntos para que las cosas sigan así. Los gobiernos están dispuestos a utilizar los datos que las empresas recogen -- y en ocasiones exigen que recojan más y que las guarden más tiempo -- para espiarnos. Y las empresas están dispuestas a comprar los datos de los gobiernos. Juntos, los poderosos espían a los desprovistos de poder, y no van a ceder sus posiciones dominantes, mal que les pese a la gente.
Arreglarlo requiere fuerte voluntad política, pero ellos están tan cebados de información como las corporaciones. Multas y penitencias no obstante, nadie agita por mejores leyes de privacidad.
De modo que estamos hechos. Bienvenidos a un mundo donde Google sabe exactamente qué clase de pornografía todos ustedes prefieren, y más de tus intereses que tu propia esposa. Bienvenido a un mundo en el cual tu compañía de teléfono celular sabe exactamente dónde estás todo el tiempo. Bienvenido al fin de las conversaciones en privado, porque cada vez más tus conversaciones se llevan a cabo por el correo electrónico, los mensajes instantáneos o las redes sociales.
Y bienvenido a un mundo donde todo esto, y lo demás que haces o se hace en una computadora, es registrado, relacionado, estudiado y hecho circular de compañía en compañía sin tu conocimiento o consentimiento; donde el gobierno accede a él a su antojo y sin orden judicial.
Bienvenido a una internet sin privacidad, y llegamos a esto sin siquiera haberlo peleado.

Pero, hay que decirlo: Bruce Schneier es de los que la pelea. En su práctica y en su prédica, junto a otros elaboró, propuso y difundió soluciones, que sin embargo, como él dice, no son suficientes.
Yo pienso que la situación todavía no es “orwelliana”. No hay un gobierno central en posesión de todos los hilos, de todos los datos. No hay una sola empresa monopólica manejando nuestras computadoras y nuestras redes. No hay una impotencia total de los ciudadanos e internautas. Existen asociaciones, como EFF, CDT, EPIC, EDRI, etc, que luchan por los derechos de los ciudadanos-internautas, que hacen juicios, promueven leyes, publican instrumentos que sirven para resguardarnos. Existe el soft libre, el código abierto, el encriptado a disposición de todos, el TOR, para escapar al control. La situación no es todavía “orwelliana”, pero es grave. La lucha continúa.

martes, 2 de abril de 2013

Medios y fines - respuesta a Jorge Barreiro

Jorge Barreiro, en su blog Dudas Razonables, analiza la frase de Albert Camus “en políticia son los medios los que justifican el fin”.
Barreiro (y quizás Camus) da una solución fácil al problema de los medios y los fines, que me parece meramente retórica.
Parecería querer decir que basta hacer lo correcto en cada momento para que al fin se obtenga una sociedad justa, o por lo menos que basta no desviarse del bien para no llegar al mal.
Una guía tan fácil (de decir, porque de hacer es mucho más difícil) me parece inaplicable.


En primer lugar, porque obtura la discusión sobre los fines. Esos fines tan elevados que justifican cualquier iniquidad, en general son elevados solamente en los adjetivos que utilizan sus partidarios. El socialismo, el comunismo, el ultra liberalismo o libertarianismo, y muchos etcéteras, son como la “verdadera religión”: siempre pretenden llevarnos al paraíso.
En el nombre de todas las religiones (e incluyo en esta denominación a los variados nacionalismos) se han hecho barbaridades “necesarias” para su triunfo, es decir para la “salvación” según sus criterios.
Como los fines, en general, están protegidos de la discusión por un aura religiosa de santidad, son sagrados y por encima de los cuestionamientos, nos contentamos con poner en tela de juicio a los medios.


La política (incluyo en esto a la guerra) crea un estado de excepción moral. Es muy difícil aplicar la moral familiar de todos los días en la política (la guerra).
¿Está todo permitido, como algunos dicen? ¿Están exentos de condena los que torturan, violan, asesinan, secuestran? Se ha tratado de legislar y de poner límites a la barbarie de la guerra con tratados internacionales, declaraciones y acuerdos, con éxito muy limitado. Recordar el Plan Cóndor y Guantánamo, para hacer una lista corta.
Sin embargo, la guerra (casi) siempre persigue fines sagrados (para alguien).


El clásico en esa materia no es Albert Camus, que vivió el drama de la guerra de Argelia con el alma dividida, era francés y argelino, librepensador y de raíz cristiana, sino Machiavelli.
Isaiah Berlin publicó un ensayo sobre él donde señala justamente la novedad que introdujo.
Y se trata de la incompatibilidad de dos códigos de moral. Lo que destruyó Machiavelli, según Berlin, es la creencia en la compatibilidad de todos los valores genuinos. (Ver el ensayo de Isaiah Berlin).
Creo que la discusión sobre los fines no nos la podemos ahorrar de ninguna manera.

Hablemos de totalitarismo (II): los peligros actuales

Y hablando de totalitarismo y de siglo XXI, hay que poner los relojes en hora. Los tiempos son propicios a los discursos encomiásticos de la democracia y de la libertad que brinda el mercado y la circulación del dinero. Se describe un sistema que mantiene en equilibrio el poder del estado y el control que sobre él ejercen los ciudadanos, mediante la prensa y los medios de libre expresión, un contrapoder que neutraliza los excesos del primero y tiende a depurarlo de la corrupción y los abusos. Es un relato muy lindo, que me gusta creer, pero que está todavía muy lejos de la realidad que vivimos.
El problema es que estamos presenciando el desarrollo de un proceso que puede muy bien llegar a sofocar a ese sistema tan bello que nos describen, desviarlo y frustrarlo definitivamente, reduciéndolo a una cáscara ideológica vacía y un cínico discurso justificatorio: es el ascenso de la plutocracia.

Tenemos aquí, por un lado, la acusación lanzada por los blancos: “¡totalitarios!”, por el otro a la izquierda, levantando los brazos al cielo y clamando inocencia. Pero nadie habla de fenómeno totalitario, de la importancia de la libertad y de los peligros actuales. No es el viejo totalitarismo hitleriano o stalinista el peligro que se cierne sobre nuestras sociedades.

Son otros los procesos tenebrosos que amenazan nuestra libertad:  El control y monitoreo de  nuestras comunicaciones, la invasión de nuestra reflexión privada (que tiene lugar en gran parte sobre los medios electrónicos de comunicación), las restricciones a la libertad en nombre de la “lucha contra el narcotráfico”, la piratería y el terrorismo. Y las abismales desigualdades generadas por el desarrollo económico, que extreman la concentración de la riqueza en un polo reducido de adinerados, que crean las condiciones para el triunfo de la plutocracia.
Las democracias industrializadas, los países ex comunistas y la China convergen por distintos caminos hacia una plutocracia, es decir, el dominio del estado por un pequeño grupo de gente muy rica, que aspira a servirse del poder estatal para mantener y aumentar su riqueza. El camino hacia el reino de la plutocracia en EE.UU., Rusia y China no puede ser más diferente y específico, pero parecen converger a un modelo con rasgos comunes -- abismales desigualdades sociales, limitación de libertades, concetración de riqueza y de poder estatal, con poderes discrecionales para los servicios de seguridad. (El Presidente de EE.UU. puede mandar matar a quién decida, por ejemplo.) Decir desigualdad no es decir pobreza, atención, sino pobreza relativa.
Valdría la pena detenerse un momento a reflexionar en estas cosas, antes de lanzar fuegos griegos con figurines del siglo XX. Estamos frente al desarrollo de una aberración del siglo XXI que se edifica, en algunos casos, dentro de las reglas de la democracia y sirviéndose de ellas. No sirve oponerle el totalitarismo del siglo XX, ni para remplazarlo ni para criticarlo. Es un fenómeno en desarrollo, que cambia las reglas de juego en la sociedad para convertirla en el teatro del reino del dinero como patrón único y descarnado de las relaciones sociales. Es la muerte de todos los valores que nos permiten vivir, el pensamiento, la ciencia, el arte, el amor,
absorbidos y hegemonizados por la riqueza material, es decir, por lo que el dinero puede comprar.

Hablemos de totalitarismo y de Corea del Norte

El mal uso de la palabra

El Congreso de Unidad Nacional (UNA) de julio 2012, en su declaración final sostiene que se debe luchar para “alejar a los uruguayos del peligro creciente de ser presas de un régimen totalitario del Frente Amplio, que sólo concibe el ejercicio del Gobierno de un modo autoritario”. El subrayado es mío. La UNA es una corriente del Partido Nacional (PN). El senador Jorge Larrañaga salió con una declaración similar, afirmando que “el gobierno tiene una postura totalitaria” respecto a los cargos en los entes. Otra vez, subrayado mío.
Palabras enormes que vuelan por una cuestión de cargos en los entes, con fines electorales y de promoción partidaria. El tema que provocó estos dislates, en realidad no vale la pena. Son las habituales chicanas del PN que quiere posar de víctima, para justificar la oposición sin cuartel que lleva adelante. Lo mismo que hacía el Frente Amplio cuando estaba en ese lugar, dicen, y quizás sea cierto.
Estas declaraciones de UNA tienen una cosa mala y una buena. La buena es que plantean la discusión del tema del totalitarismo, pronunciando la palabra prohibida en la literatura de izquierda. La mala es que lo hacen de tal manera que condenan la discusión a un chisporroteo de petardo mojado. Calificar al gobierno de Mujica de “totaliario” es un despropósito, fruto de la desorientación de una oposición que no sabe cómo salir de sus lamentables resultados en los sondeos de intención de voto, y a quien no se le ocurre mejor cosa que ir aún más a la derecha, aún más a la guerra de palabras total, a lanzar la acusación mayor, la más terrible, aunque nadie la tome en serio.


El rol de las masas
Pero quedémonos con la cosa buena. Es la ocasión para hablar un poco de totalitarismo, noción delicada y sutil, pero de la mayor importancia, que muchos confundimos a veces con la de tiranía o la de dictadura. El término “totalitarismo” debe entrar en la cultura política uruguaya, pero la manera de hacerlo no es invitándolo a nuestros debates como adjetivo descalificante, insulto o arma arrojadiza.  Hay que incluirlo como sustantivo en nuestras reflexiones, ingresar en ellas las contribuciones de Hannah Arendt y otros pensadores, esenciales para digerir el siglo XX.
El manuscrito del libro de Hannah Arendt Los orígenes del totalitarismo , la obra clásica en el tema, fue concluido en 1949, después del fin de la Segunda Guerra Mundial, bajo el impacto de la Shoah y cuatro años antes de la muerte de Stalin. En él analiza el comunismo estalinista y el nazismo hitleriano, reconociendo sus numerosas diferencias y su esencial identidad. Dice Arendt: “En nuestro contexto, el punto decisivo es que el régimen totalitario difiere de las dictaduras y de las tiranías; distinguir entre estas y aquel no es para nada punto de erudición que podría tranquilamente abandonarse a los teóricos, pues la dominación total es la única forma de régimen con la cual la coexistencia no es posible.” Subrayado mío, otra vez.
Arendt insiste en que el control y la dominación total se establece con la colaboración decisiva de las masas, un hecho chocante y una triste realidad. Para ella, este peso aplastante de las masas es el compañero inseparable del terror en el régimen totalitario. Para los uruguayos, que creemos que la voluntad popular puede legitimar cualquier cosa; para nosotros, a quienes la frase “el pueblo lo quiere” es un encantamiento que silencia cualquier objeción; vale la pena insistir que uno de los rasgos salientes del totalitarismo, tal como lo describe Arendt, es el apoyo de las masas.

Hoy se habla de Corea del Norte
Pero una cosa es el régimen totalitario y otra el movimiento totalitario. El primero es probablemente imposible en Uruguay, pero el segundo puede existir, y de hecho existe. Grupos que tienen como estrella que los guía a Fidel Castro, Mao o Stalin, cuando no a Kim Il Sung, de ideología totalitaria, existen en nuestro país. Los encuadra una ideología blindada contra cualquier realidad o experiencia histórica, una lectura de la sociedad que refleja su propio mundo imaginario, poblado de villanos explotadores y de héroes revolucionarios del proletariado. Están anclados en relatos que tuvieron curso en el siglo XX, y que leímos ávidamente en nuestra juventud. Algunos de esos relatos son grandes épicas, y se puede vivir en ellos y por ellos. Visto así, parece inocuo, pero ellos se lo creen. La épica revolucionaria socialista o comunista aún incide en la realidad política presente.
El mejor (peor) ejemplo que puedo dar es la declaración de Asamblea Popular del 1 de abril de 2013 titulada “Corea del Norte, un ejemplo para toda la humanidad” (sic).
Eso no es extraño ni excepcional. Nuestros partidos son, en alguna medida, agrupamientos de relatos. Quien el de Saravia, quien el de Lenin o el Che, quien el de Batlle y del Uruguay potencial Suiza de América. En cambio, anclados en la racionalidad de reformas concretas y medibles hay pocos, y se los tilda de fríos y tecnócratas, que también en parte lo son.
La “izquierda del puñal totalitario abajo del poncho”, existe. Que se le dé una oportunidad de poner la mano sobre el timón, y veremos los destrozos.
Sería injusto dejar la sensación de que las organizaciones que trabajan por mejorarnos, con los pies sobre la tierra y la cabeza en un ideal de justicia social sin utopía ni apocalipsis, no pesan. Es al contrario, de ellas dependemos para que en este país pase algo positivo. Pero es que hablábamos de totalitarismo.

domingo, 31 de marzo de 2013

Preguntas sobre la candidatura de Tabaré (VOCES)

La candidatura, in petto, de Tabaré Vázquez a la presidencia, es el tema de oportunas preguntas que la revista VOCES formula a algunas personas. Yo no fui consultado, pero el mail me llegó de rebote y me sugirió estas ideas:


>
> REFLEXIÓN SEMANAL DE VOCES
>
> ¿Es viable un candidato alternativo a Tabaré en el Frente?
El FA, aún con un signo de interrogación en la persona de su candidato,
reúne un 40 % de las intenciones de voto. Cualquier candidato que pueda
unir las voluntades del FA puede competir por la presidencia. La
condición es pues esa, la unidad.


> ¿Es realmente imprescindible para la continuidad de la izquierda en el
> gobierno la candidatura de Tabaré?
La pregunta se debe plantear de otro modo: ¿Es Tabaré el único que
puede unir las voluntades del FA? ¿El proceso de elección interna no
podría suministrar un candidato legítimo a los ojos de los
frenteamplistas?


> ¿Es congruente con la filosofía de la izquierda uruguaya buscar una tabla
> salvación en el carisma de un líder?
Sería demasiado hipócrita, hasta para los estándares del FA, negar el
carisma como elemento determinante del liderazgo de la izquierda (como de la derecha, por otra parte). Pero el carisma se construye, habiendo una condición inicial.


> ¿Influye el miedo a perder en la aparente aceptación de la mayoría de los
> dirigentes de una nueva candidatura del ex presidente?
El miedo a perder es solo una de las razones, la otra, más importante,
es el miedo a lo nuevo, el miedo a la juventud.


> ¿Es un retroceso o no volver a Vázquez?
Sí, es un retroceso, porque es un miedo a avanzar, a cambiar, a ensayar lo nuevo.


> ¿Debería haber competencia interna para la candidatura frentista?
Debería haberla, hasta por razones puramente electorales, de propaganda.


> ¿Hacia dónde va el Frente Amplio con y sin Vázquez?
En su curso actual, el FA va hacia el pantano de la irrelevancia, la banalidad y la corrupción.


> ¿Tabaré Vázquez mantiene la popularidad que supo ganar con su gestión?
Eso que lo digan las encuestas. Las encuestas dicen que sí, hasta cierto punto. Pero no hay que olvidar que la campaña electoral puede cambiar la situación, en un sentido como en otro.


> ¿Qué condiciones puede poner Vázquez para ser candidato?
En el estado actual de miedo y de carencia de liderazgo en el FA, TV puede poner condiciones. Está mostrando indiferencia, pero creo que es táctico. Para conservar los puestitos, los militantes de todos los grupos tratarán de plegarse a lo que él diga. Pero no es eso lo que le importa, sino ganar. Eso es lo que TV quiere, no se presentará para perder. Y eso es lo que no se sabe si el FA puede dar.  Porque: ¿qué precio está dispuesta a pagar la "izquierda" (*) del FA para ganar? Para ello hay que saber sumar al centro político, sector al que en las dos últimas elecciones atrajo Astori, y que hoy no se sabe quién traerá. Si la “izquierda” de FA quiere imponer un compañero de fórmula, tipo Raúl Sendic, para decir solamente sus iniciales, las posibilidades de ganar se verán aún más comprometidas.


> ¿Si él declina la candidatura, hay relevo en el FA?
Sí, las elecciones internas del FA lo mostraron.


(*) Pongo “izquierda”, así entre comillas, para indicar que no considero a esas corrientes como verdadera izquierda, para lo cual deberían adherir sin reservas a los valores humanos de libertad y derechos fundamentales, y no estar comprometidos con ningún tipo de dictadura totalitaria.

miércoles, 1 de agosto de 2012

¿El triunfo final de la plutocracia?

La importancia de las elecciones de noviembre 2012 en EE.UU.


Las próximas elecciones presidenciales en EE.UU. opondrán, el 6 de noviembre de 2012, al presidente saliente Barack Obama, que busca la reelección, al candidato republicano Mitt Romney, que fue misionero mormón en Francia, hombre de negocios en sociedades de inversión de capital y gobernador del Estado de Massachusetts. (Su actuación a la cabeza de la compañía de inversiones Bain Capital es cuestionada.)
El presidente Barack Obama desilusionó a muchos que, como yo, esperaban que cerrara la cárcel de Guantánamo y levantara el embargo a Cuba. Además, siguió la “guerra contra el terrorismo”, aunque la limitó a la caza de militantes de Al-Qaeda, a quienes manda matar sin pestañar, como lo hizo con Osama Bin Laden.
En el otro platillo de la balanza tenemos el seguro de salud universal en EE.UU. y la retirada de Iraq y de Afganistán. No es poco, si se mira en el contexto político de su país.
Ese contexto, es decir, los adversarios de Obama, es lo que preocupa.
Los seguidores de Romney, el candidato republicano, agrupan a lo más retrógrado que pueda imaginarse. La enumeración de sus aberraciones llevaría varias páginas, pero lo más importante es que quieren más gastos militares, un ejército más fuerte y, a la vez, menos impuestos para los ricos, menos servicios sociales, menos educación.
A fines de julio 2012, Romney visita Israel, seguido por una corte de sus grandes donantes. En Israel, Romney hace declaraciones que dan miedo, además de indignación. No solo afirma que el mejor desempeño económico de los israelíes, en comparación con los palestinos, se debe a su cultura (lo que combina dos tópicos racistas: los judíos hábiles para los negocios y los árabes haraganes e incompetentes), sino que también apoya los proyectos bélicos de Netanyahou, en su intención proclamada de atacar las instalaciones nucleares de Irán.
Son declaraciones dirigidas a atraer el voto judío-norteamericano, tratando de hacer sentir que él sería mejor amigo de Israel que Obama. No se sabe en qué medida el futuro presidente será prisionero de las promesas del candidato, pero sus donantes, a quienes van dirigidas estas promesas y que se encuentran alrededor de él en este viaje, no lo dejarán salirse de ellas fácilmente.


La plutocracia promueve a sus políticos
¡Los donantes! Es otra cosa que causa profunda preocupación. El financiamiento de la campaña de Romney cuenta con el apoyo de la gente más rica, de aquellos que han sido más favorecidos por la política de Bush de bajar los impuestos a los adinerados, al mismo tiempo que los gastos militares, el déficit fiscal y la deuda pública se disparaban. Un magnate billonario, Sheldon Adelson, dueño de casinos, donó 100 millones de dólares para la campaña de Romney.
Garry Wills, profesor de historia, escritor y ensayista, ganador del premio Pulitzer, dice: “Votar por un republicano significa, hoy, votar por una plutocracia que depende de fuerzas antigubernamentales como el Tea-Party, los racistas sureños, los fanaticos religiosos y los inversores en la guerra y el complejo militar-industrial.”


Lo que se juega
El mismo Garry Wills explica lo que se juega en las próximas elecciones estadounidenses en su artículo del blog del New York Review of Books Why 2012 Matters:
“La derecha sabe que el futuro está en juego. Y lo está porque esta elección da a los republicanos una de sus últimas oportunidades -- quizás la última -- para sellar y cerrar su plutocracia. Están en una carrera contra el tiempo. La ola demócrata está subiendo muy rápido para barrer la plutocracia antes de que fragüen sus conquistas en cemento, con la ayuda futura de la cooperación plena (y no solamente frecuente) de la Suprema Corte”
“Puede parecer extraño decir que la plutocracia está en peligro. Sin duda se ha establecido en todas las arenas políticas que importan. La riqueza está concentrada en una pequeña fracción de la población, mimada por las reducciones de impuestos de Bush que nos hundieron en la gran recesión. Mientras el resto de la poblacion sufría, los ricos simplemente se volvieron más ricos. En 2009 y 2010, años durante los cuales millones de personas no pudieron encontrar empleo, el uno por ciento de arriba cosechó el 93 por ciento del ingreso “recuperado”, y las corporaciones están haciendo más dinero que nunca. Y los republicanos pueden proponer aún más recortes de impuestos para los “creadores de empleo” cuya única creación de empleo fue para sus propios abogados y lobbistas.”
La cifra del 93 por ciento de los ingresos de la recuperación cosechada por el 1 por ciento superior en la escala de ingresos está tomada de un artículo de Joseph Stiglitz “la falacia de que el uno por ciento promueve la innovación”.
El problema es la financiación de las campañas electorales, fácil para los candidatos que promueven los intereses de los más ricos, y facilitada aún más por resoluciones recientes de la Corte Suprema que autorizan las contribuciones anónimas y sin límites. Los adversarios de los republicanos bracean contra corriente, siempre en grandes dificultades para juntar el dinero necesario para hacerse escuchar. Entonces, se pregunta Wills, “¿la plutocracia no ha ganado ya?”.
“Todavía no”, se responde. “El censo estadounidense para el año que termina en julio 2011 muestra que los nacimientos blancos fueron por primera vez una minoría comparados al de los negros, hispánicos y asiáticos. Los legisladores estatales elegidos por las elecciones de 2010 han estado luchando contra esta deriva con medidas draconianas sobre la inmigración y nuevas leyes de la identidad de los votantes, dirigidas a los hispanos y negros, los jóvenes y los viejos. La reducción de los padrones electorales puede darles la victoria en 2012. Pero el tiempo no está de su lado. Será más y más difícil descalificar la creciente mayoría de votantes de los rangos no plutocráticos.”
Es necesario mirar la distribución de los gastos militares en el mundo, y su demencial dimensión también, para entender lo que está en juego. Ver la página web World Military Spending: EE.UU. es responsble de casi la mitad del gasto militar total en el mundo, quizás la mitad si se cuentan los que están “tercerizados” a compañías privadas y los gastos de salud de los veteranos. ¡Multiplica por cuatro a su principal rival, la República Popular China! EE.UU. gasta más que los veinte países que le siguen.
“Sin embargo, Mitt Romney piensa que no es suficiente; él añadiría otros 96 mil millones de dólares a los gastos militares. Cualquier corte, dice, nos pondría en peligro.” Según Romney, EE.UU. está rodeado de enemigos, en casa y afuera, considera a Rusia una amenaza y quiere la guerra con Irán.


Los plutócratas quieren más
Pero el dinero que reporta desarrollar, fabricar y mantener las armas no es todo: el clima de crisis generado permite franquear los límites de los derechos civiles mediante vigilancia, detenciones secretas y juicios militares.
Sigue Wills:
“Solo una pequeña parte de la población va al frente en nuestras guerras [...]; sin embargo ellas dan la excusa para intimidar al resto de la población con la disciplina militar. Orwell hizo de la guerra perpetua la mejor herramienta del tirano en “1984”. Pero el personal militar que actualmente es utilizado y abusado y destruido viene en su mayoría de las minorías cuyo crecimiento plantea la amenaza que temen los plutócratas.[...]”

Esta elección puede darles a los plutócratas la rúbrica sobre sus logros. Pueden llenar las vacantes de la Corte Suprema con jueces que apoyen la drástica reducción de derechos laborales, de voto y ciudadanos. Además de cavar más hondo la fosa de la paz y hacer más ancho el río de la sangría de los gastos militares. Por eso es que importa tanto.