Buscar este blog

viernes, 27 de julio de 2018

Apuntes sobre el populismo


Resumen: La cuestión que plantea el populismo (es decir, la batalla semántica pertinente, lo que está en disputa), es la de la naturaleza de la democracia. Lo que está en juego es la legitimidad democrática de un régimen, de un gobierno o de un líder.
Sostengo que la esencia de la democracia, es decir lo que importa del régimen político que queremos, no es la “voluntad popular” sino los derechos individuales. La “soberanía popular” no es nuestra meta, sino el medio para garantizar la libertad individual y el Estado de Derecho; para luchar por la justicia y la igualdad.

¿De qué hablamos?

¿Cuando decimos “populismo”, de qué fenómenos históricos, pasados o presentes, estamos hablando?
Pensamos en la Argentina del primer régimen peronista, hasta el año 1955, en la Venezuela chavista, en la Polonia, la Hungría y la Bolivia de hoy. Algunos son considerados de izquierda (Maduro, Chávez, Evo Morales), otros de derecha o de extrema derecha (Polonia, Hungría). Lo cual, por supuesto, agrega confusión a nuestras nociones de izquierda y derecha.
Los movimientos, líderes o gobiernos que llamamos populistas tienen en común que reivindican una legitimidad democrática y derivan hacia la concentración de poder autoritario en un líder carismático; son regímenes que en su origen ganan elecciones libres, se apoyan en una fuerte movilización de los estratos menos favorecidos (pero no solamente). En su retórica son de un nacionalismo virulento, proponen sus medidas de gobierno como necesarias para el fin superior de la salvación de la nación o la felicidad del pueblo y están en agudo antagonismo, en oposición (retórica) irreconciliable con lo que sea que consideren su adversario; el pluralismo no tiene curso, no hay otros partidos legítimos, los opositores son enemigos del pueblo, el antipueblo o la antipatria; y, en general, el adversario designado es uno o varios entre: las élites, la prensa, los partidos políticos establecidos o las instituciones supranacionales.
Una vez salvado el obstáculo electoral, y habiendo ganado el gobierno en elecciones, se creen con derecho para saltar alegremente sobre los otros requisitos de la democracia. Cada caso es distinto, pero tienen en común hablar en nombre de los derechos absolutos que otorga la soberanía popular expresada en los comicios, y considerar que ello es suficiente para allanar cualquier otro obstáculo legal o moral. Sostienen que actúan en ejercicio de la legitimidad democrática. Por eso considero que enfrentar al populismo significa enfrentar una cierta idea (que considero mocha, parcial y deformada) de la democracia.
En noviembre de 2016 después de la victoria electoral de Donald Trump a la presidencia de los EE.UU. publiqué en el blog “Marrón & Azul” una entrada titulada “La democracia en peligro. Pensando con Leszek Kolalowski”. Ese autor escribe sobre los usos “fraudulentos espurios” de la palabra democracia, como en “democracia socialista” o “democracia islámica”. En particular, afirma que no es solo el gobierno de la mayoría, por ejemplo el que surge del sufragio universal, lo que alcanza para calificar a democracia; argumenta que la separación de poderes y el respeto de los derechos ciudadanos y de las minorías es por lo menos igual de importante.

Recortes de prensa sobre el populismo

Muchos historiadores, sociólogos, politólogos y periodistas han escrito y escriben en la prensa sobre el populismo de tal o cual líder o régimen. Veamos algunos ejemplos que considero significativos.

“Que el pueblo decida” o "el pueblo decidió"

En la campaña electoral por la presidencia francesa de 2017, el candidato conservador François Fillon, acusado de desvío de fondos hacia su esposa con falsos empleos, apela al "pueblo", por encima del Poder Judicial. Lo denuncia Pierre Rosenvallon:
"A tres días de distancia, el candidato de la derecha tradicional ha utilizado los argumentos de Marine Le Pen, quien criticó al "gobierno de los jueces" o el papel dañino de los medios. François Fillon afirma que el único juez es el pueblo. [...] Pero escuchar en la boca de un candidato central afirmaciones tan agresivas con respecto a la justicia y a la prensa es un evento único en Francia, ya que son el sello distintivo de la visión populista de la democracia.
Se escucha este discurso hoy en todo el mundo, en Turquía, en Rusia, en los Estados Unidos, por Putin u Orban, Trump o Erdogan. Lo que está en juego es una cierta concepción de la democracia. [...] La democracia también debe dar vida a poderes neutrales sobre los que nadie puede tocar, incluida la mayoría. Esta es la razón de ser de las autoridades judiciales y las autoridades independientes. La democracia es, de esta manera, el "poder de nadie" que ningún partido puede apropiarse. La imparcialidad juega un papel fundamental en la democracia. El representante de la gente no es solo el elegido. Los regímenes populistas se definen por el rechazo de esta pluralidad: quieren poner sus botas en los tribunales constitucionales, eliminar los cuerpos independientes, y considerar como enemigos los poderes de análisis, juicio e investigación que son los de la prensa."

La ley de Caducidad, en Uruguay, "refrendada por el pueblo"

En Uruguay, misma canción, pero en sentido inverso, con la ley de "Caducidad de la pretensión punitiva del Estado", que impide juzgar a los torturadores y desaparecedores. Se afirmaba que el referéndum, que no derogó la ley, la sacralizó, porque "el pueblo decidió".

El populismo es el germen de la tiranía -- Cachanosky

Roberto Cachanosky, 24 de julio de 2017:
"Para el populista es importante destruir el concepto de gobierno limitado e instalar la idea que el voto mayoritario da derecho a violar los derechos individuales de sectores minoritarios [...] el endiosamiento del voto ha destruido la república y los derechos individuales, llevando a los países a la pobreza y la tiranía. [...] los políticos, periodistas e “intelectuales” de izquierda han tomado el cuidado de resaltar la palabra democracia y ponerla por encima de la república. Al mismo tiempo, para ellos democracia significa que el que más votos tiene recibe el poder para hacer lo que quiere. [...] lo primero que hacen los populistas es dividir a la sociedad (lo que hoy se conoce como grieta) y convencen a la gente que unos son pobres porque otros son ricos, por lo tanto, si lo votan al político populista, él hará justicia quitándole a los ricos para darle a los pobres. [...] si el Congreso o el Judicial me ponen límites entonces los otros poderes se están levantando contra la voluntad popular que es 'sagrada'."
Sigue: "La realidad es que en una república la voluntad popular no es sagrada. Una mayoría circunstancial no tiene derecho a violar los derechos individuales de una minoría, por más minoritaria que sea esa minoría. En una sociedad libre, el voto solo sirve para elegir a un administrador que temporariamente manejará la cosa pública pero con poderes limitados, entendiendo por poderes limitados que el monopolio de la fuerza que se le otorga no puede ser utilizado para violar los derechos a la vida, la libertad y la propiedad."

El populismo es demagogia -- Maurizio Viroli

"En la teoría política clásica, el populismo está definido con otra palabra: demagogia. El populista de hoy es la versión moderna de aquello que en el mundo antiguo, moderno, fue llamado demagogo: el que tiene una gran capacidad de persuasión porque toca la pasión del pueblo, genera miedo, ambición, envidia, deseo de poder. El demagogo dice al pueblo: siempre tienes razón, mereces más, pide más. El populismo como demagogia es el enemigo más potente de cualquier orden político liberal o republicanismo, es el mal más grave que amenaza a las instituciones republicanas. El fascismo es un ejemplo de demagogia clarísimo." (Maurizio Viroli, "Maquiavelo, el patriotismo republicano")

El populismo es un sistema político-social superior al capitalismo -- Pacho O'Donnell

"[...] Es hoy muy difícil, imposible, hablar del populismo de los Kirchner sin que se sobreimpriman las horribles certezas de que su proyecto ideológico de un Estado fuerte, inclusivo, distributivo, que balanceara el poder del mercado, a lo Laclau, fue la pantalla para que algunos canallas saquearan el Estado, es decir el producto de nuestro trabajo, hasta extremos inconcebibles. [...] enorme cantidad de personas, sobre todo jóvenes, que se sintieron interpretados por medidas sociales como la Asignación Universal por Hijo, las jubilaciones extendidas, una política exterior independiente, el recelo ante los organismos financieros internacionales, que fueron continuación de las impuestas por Perón [...]
En mi caso fui sensible al apoyo a la historiografía nacional, popular, federal e iberoamericana, al llamado revisionismo histórico, que pareció por fin en condiciones de librar batalla a la siempre dominante historiografía liberal.[...]
[...] el populismo kirchnerista se empeñó en dar argumentos contundentes, irrefutables, a los enemigos de dicho sistema político, que le achacan una nuclear vocación por el autoritarismo, la corrupción, la falta de controles, el irrespeto por ejes de lo republicano y lo democrático.[...]
[...] chapotea en la mierda incomprensible de una codicia sin límites de sus más altas esferas. Y los que creemos en el populismo como un sistema político imperfecto pero superior al capitalismo debemos esperar y construir otra oportunidad." ("Visto así a la distancia", por Pacho O'Donnell, Revista Ñ, 17 de junio de 2016.)

Ernesto Laclau reivindica el populismo como construcción de una identidad colectiva

Comentario en Letras Libres del libro de Ernesto Laclau "La razón populista", por Jesús Silva-Herzog Márquez.
"Con la palabra [populismo] se ha designado una vasta variedad de experiencias políticas: un movimiento intelectual de apreciación del campesinado ruso, una organización de granjeros racistas en Estados Unidos, muchos gobiernos latinoamericanos a lo largo del siglo XX y diversos movimientos de la derecha radical en Europa. Populismos de derecha y de izquierda. [...] Ernesto Laclau se ha apartado de esa línea para delinear una compleja reivindicación del populismo. El populismo [...] es seña de la operación política por excelencia: la construcción imaginaria de un nosotros.[...]"

El secesionismo catalán: tribu, exclusión, nacionalismo y populismo

Daniel Gascón en El Mundo, el 20 de octubre de 2017:
"Lo que estamos viendo en Cataluña es algo muy antiguo: la activación de las ideas de la tribu y de la exclusión, la imposición de la visión del campo sobre la visión de la ciudad, la idea de la importancia del origen por encima de la ciudadanía, la creencia en que quienes han nacido en un lugar son mejores que los que han nacido en otro sitio, [...] El populismo contemporáneo es un estilo político, una ideología delgada que suele combinarse con otras ideologías. José Luis Villacañas lo ha definido como 'Carl Schmitt atravesado por los estudios culturales'. El secesionismo catalán, como ha explicado Aurora Nacarino-Brabo, ha unido nacionalismo y populismo."

Beppe Grillo: la democracia está superada, podría reemplazarse por un sorteo

Blog de Beppe Grillo, entrevista realizada por Ian Bremmer (27 de julio, 2018)
Beppe Grillo: "Debemos entender que la democracia está superada. ¿Qué es la democracia cuando menos del 50% va a votar? Si obtienes el 30% del 50%, sacaste el 15%. Hoy las minorías administran el país. Probablemente la democracia debe ser substituida por otra cosa, quizás con un sorteo. Pienso que podríamos elegir una de las cámaras del Parlamento así. Por sorteo. Proporcionalmente por edad, sexo, ingreso, del sur, del norte, de modo que estas personas representen de veras al país."
(http://www.beppegrillo.it/la-democrazia-e-superata/)

El populismo en el Frente Amplio uruguayo

El populismo en el Frente Amplio (FA) uruguayo toma la forma de apoyo a dictaduras populistas (Chávez, Maduro, Ortega) y a líderes corrompidos que se colocan por encima de la ley, como Lula. También aparece la veta populista en el cultivo del mito de la democracia directa, expresada en mitines, manifestaciones y movilización de las “bases”. El “pueblo en la calle” es un argumento que consideran imparable, y al que confieren resonancias revolucionarias. Muchos frenteamplistas creen que tener la manifestación más grande es como ganar las elecciones; se exige la libertad de Lula, ignorando el fallo de la justicia brasileña y argumentando que es el favorito de la próxima elección; se llama “golpe de Estado” la destitución de Dilma o de Lugo en procedimientos parlamentarios limpios del punto de vista legal. En el FA, además, se coloca a la militancia por encima del sufragio, haciendo de las “bases” (en realidad los militantes) una fuerza decisiva en la toma de decisiones por el Plenario.

La soberanía popular / La tiranía de la mayoría

Es oportuno refrescarnos las ideas sobre la "soberanía popular", uno de los tópicos preferidos del populismo y base de su argumentación; y viene al caso también recordar la mirada de Alexis De Tocqueville sobre la democracia estadounidense y las advertencias que deja sobre el riesgo de "tiranía de la mayoría".

De la soberanía de derecho divino a la soberanía popular

Bertrand De Jouvenel (1903-1987) escritor francés, fundador de la revista "Futuribles" (un neologismo que fusiona "futuros" y "posibles" para definir el objeto de la publicación) y pensador liberal, pionero de la ecología política, escribió su libro "Du Pouvoir" (Del poder) durante su clandestinidad en un monasterio y luego exilio en Suiza en la época de Segunda Guerra Mundial, con Francia ocupada por los nazis. Golpeado por el desborde de violencia de los estados totalitarios y no totalitarios que se enfrentaban en la orgía de destrucción, insumiendo una plétora de recursos materiales y humanos jamás vista antes, ("Mais voici que le Pouvoir avait pris un visage terrible et faisait le mal  avec toutes les forces à lui remises pour le bien! Comment n'aurais-je pas eu l'esprit remué par un tel spectacle?" pág.6) reflexionó sobre el Estado, su fundamento, su desarrollo histórico y su dinámica. Su autor lo define como "una meditación sobre la marcha histórica a la guerra total", y fue publicado por primera vez en Ginebra en 1945.
De este libro, que vale la pena leer en su totalidad, pero que cae fuera del foco de este artículo, citaré lo que se refiere al fundamento de la soberanía del Estado, para situar a la "soberanía popular" en su concepción y origen.
La "soberanía popular" es heredera ilustrada de la "soberanía de derecho divino": "De manos de Rousseau la teoría de la Soberanía Popular presenta un paralelismo bastante evidente con la teoría medieval de la Soberanía Divina". Una y otra admiten un derecho ilimitado de comando que no pertenece de derecho a los gobernantes, sino a una potencia superior, Dios o el Pueblo, que está impedida por su naturaleza de ejercerlo por sí misma. Los mandatarios, ¿serán fieles a sus mandantes? Vemos que terminan por reclamar que resumen en sus personas la voluntad divina, como Luis XIV, o la voluntad popular, como Napoleón.
Los cuerpos de control son, en el sistema de soberanía divina, la Iglesia, en el de la soberanía popular, el parlamento. Lo cual provoca interminables conflictos.
Se entrevé, dice De Jouvenel, que de la soberanía popular puede surgir un despotismo más acentuado que de la soberanía divina. Pues un tirano, razona, individual o colectivo, que por hipótesis haya logrado usurpar una u otra soberanía, no podría autorizarse de la voluntad divina, la cual se presenta bajo el aspecto de una ley eterna, inmutable, para hacer lo que se le antoje. En cambio, la voluntad general no es fija por naturaleza, sino móvil. Se la puede hacer hablar en leyes sucesivas y cambiantes. El poder usurpador tiene, en este caso (soberanía popular) la manos más libres.Y "la libertad del poder se llama Arbitrariedad". ("Du Pouvoir" Editions Hachette, 1972-1977. Chapitre Deuxiéme "Les théories de la Souveraineté", pp. 71-84 "La Souveraineté Populaire Démocratique".)


La tiranía de la mayoría - Alexis de Tocqueville

Alexis de Tocqueville viajó a conocer los Estados Unidos de Norteamérica en una misión oficial francesa, acompañado de un amigo y colega, en 1831. Su objeto era estudiar el sistema de cárceles, pero sus investigaciones fueron más allá. Publicó, a partir de 1835, dos tomos de observaciones y análisis del sistema político estadounidense que tituló "De la démocratie en Amérique". (Uso la edición Bouquins de Robert Laffont de 1986.)
Recordemos que los Estados Unidos eran en esa época el paradigma de la democracia en el mundo, y que el ejemplo estadounidense inspiró también a los próceres latinoamericanos.
El de Tocqueville es un análisis penetrante de las características del sistema político estadounidense, que no deja lugar para ilusiones o utopías; en especial es profético su análisis de la esclavitud y de la población de origen africano en el capítulo "Position qui occupe la race noire aux Etats-Unis" página 316.
Nos interesan para el tema del populismo las observaciones que titula "Tyrannie de la majorité" [Tiranía de la mayoría] en la página 242.
De Tocqueville advierte contra el gobierno de la mayoría que se convierte en tiranía sobre la minoría, y sostiene que hay un derecho superior que limita el de la mayoría de cualquier pueblo determinado, y que lo inhibe de decisiones contrarias a la justicia.
Cito, traduciendo libremente, de las pp. 242 a 244:
"Considero como impía y detestable la máxima según la cual, en materia de gobierno, la mayoría de un pueblo tiene el derecho de hacer todo [...] Existe una ley general que ha sido hecha o por lo menos adoptada, no solamente por la mayoría de tal o cual pueblo, sino por la mayoría de todos los hombres. Esa ley es la justicia.
La justicia es pues el límite del derecho de cada pueblo."
Más que a la justicia establecida por una ley no escrita, votada por una asamblea imaginaria, nosotros apelaríamos hoy a la Declaración Universal de los Derechos Humanos adoptada por la Asamblea General de la ONU en 1948. De Tocqueville continúa, más adelante dice:
"[...] La omnipotencia me parece en sí una cosa mala y peligrosa. Su ejercicio me parece por encima de las fuerzas del hombre, quienquiera que sea, [...] Entonces pues cuando veo acordar el derecho y la facultad de hacer cualquier cosa a una potencia, que se llame pueblo o rey, democracia o aristocracia, que se ejerza en una monarquía o en una república, digo: allí está el germen de la tiranía [...]
Lo que más reprocho al gobierno democrático, tal como está organizado en los Estados Unidos, no es, como muchos pretenden en Europa, su debilidad, sino, al contrario, su fuerza irresistible. Y lo que más me repugna en Estados Unidos, no es la extrema libertad que allí reina, sino la poca garantía que se encuentra contra la tiranía."

Populismo y fascismo. Finchelstein

Extractos del libro "Del Fascismo al Populismo en la historia" (Taurus 2017) de Federico Finchelstein.
"El populismo es una forma de democracia autoritaria que originalmente surgió como una reformulación de posguerra del fascismo." (p.115)
Prólogo (pp.15-16):
"El populismo moderno nació del fascismo. [...] los primeros regímenes populistas latinoamericanos de posguerra se apartaron del fascismo, al mismo tiempo que conservaban rasgos antidemocráticos decisivos [...]"
"Con la derrota del fascismo nació una nueva modernidad populista. Tras la guerra, el populismo reformuló el legado del 'antiiluminismo' durante la Guerra Fría, y por primera vez en la historia se completó, es decir, accedió al poder. Hacia 1945 el populismo había llegado a representar una continuación del fascismo, pero también una renuncia a ciertos aspectos dictatoriales determinantes. El fascismo postulaba un orden totalitario que produjo formas radicales de violencia política y genocidio. En cambio, y como resultado de la derrota del fascismo, el populismo intentaba reformar y modular el legado fascista en clave democrática.[...] Para acceder al poder, el populismo de posguerra renunció a sus fundamentos prodictatoriales de entreguerras, pero no dejó al fascismo del todo atrás. Ocupó su lugar mientras se convertía en una 'tercera vía' entre el liberalismo y el comunismo."
"En términos históricos, el populismo puede ser una fuerza reaccionaria que empuja a la sociedad a una modalidad más autoritaria, pero en sus variantes progresistas también puede iniciar o promover un proceso de democratización [...] Con respecto a la izquierda, y en particular a la pretensión de la izquierda populista de representar a la izquierda toda, no conviene mezclar la participación cívica masiva y los reclamos populares por la igualdad social y política con una situación de populismo. Ahistóricos, los expertos suelen confundir democracia social, política progresista y populismo. Uno de los objetivos de este libro es ubicar claramente al populismo en la historia y subrayar también la necesidad de distinguirlo de otras formas emancipatorias y democráticas que con demasiada frecuencia son rechazadas por populistas."

Linaje filosófico del populismo: Carl Schmitt, Laclau, Podemos

Cuando leemos sobre populismo vemos aparecer a menudo ciertos nombres, como Carl Schmitt y Ernesto Laclau. Los reseñamos al pasar, sin pretender profundizar en cada uno, pour mémoire.

Carl Schmitt

Carl Schmitt (1888-1985) fue un filósofo y jurista alemán, considerado una referencia en teoría política aún en la actualidad. Ni siquiera su activa colaboración con el régimen nazi lo desbancó de su posición de pensador influyente en su ramo.
La fascinación de los intelectuales por el poder, su intento de conquistarlo, y su sumisión obsecuente es el tema que trata Mark Lilla, en su libro "The Reckless Mind - Intellectuals in Politics" (La mente temeraria, los intelectuales en política) NYRB, New York 2001.
Mark Lilla llama a su ensayo principal "The Lure of Syracuse" (La tentación de Siracusa), aludiendo a la fallida aventura de Platón en Siracusa, adonde fue para instruir al dictador Dionisio el Joven, soñando con un gobierno de los filósofos.
Inspirado por el poeta polaco Czeslaw Milosz, quien escribió "La mente cautiva" sobre la sumisión de los intelectuales al poder comunista, Mark Lilla pasa en revista a diferentes filósofos, con diferentes relaciones con el poder dictatorial, algunos buenos servidores del dictador, otros opositores (pero predominan los servidores).
Entre ellos (los servidores del dictador) se destaca Carl Schmitt, tratado en las páginas 49 a 76 del libro de Lilla.
Se afilió al partido nazi el primero de mayo de 1933, siendo profesor en la escuela de leyes de Colonia. Era ya un prominente teórico antiliberal, y ya había defendido los poderes de emergencia ante la Corte Constitucional en 1932, impresionando mucha a la jerarquía nazi.
Cuando los nazis llegaron al poder lo invitaron a incorporarse como asesor legal del régimen, y Schmitt aceptó, a partir de entonces fue llamado por los periódicos el "jurista de la corona" (crown jurist).
Como otros intelectuales alemanes, incluyendo a Martin Heidegger y Ernst Jünger, Schmitt defendió públicamente al régimen nazi en los primeros tiempos del Tercer Reich. Pero fue más lejos que los demás, convirtiéndose en un dedicado y comprometido abogado del régimen. Escribió panfletos defendiendo el principio del Führer, de la prioridad del partido Nacional-Socialista, del racismo. Cuando en junio de 1934 Hitler descabezó a las S.A., matando entre otros a un amigo cercano de Schmitt, éste escribió un panfleto sosteniendo que el acto de Hitler era en sí mismo la más alta justicia.
Sus rivales consiguieron desalojarlo de las posiciones de poder, pero siguió enseñando en Berlín hasta el final de la guerra.
Fue interrogado por los rusos y por los estadounidenses, se defendió sosteniendo que había querido influir sobre Hitler con su propia versión del nacional-socialismo, y fue liberado por unos y otros. Nunca se arrepintió, y siguió siendo antisemita siempre.
Pero no fue olvidado, sino que se volvió cada vez más influyente. Su tratado de doctrina constitucional de 1928 sigue siendo considerado un clásico en el tema.
Su concepción de lo político distingue el pensamiento de Schmitt. Para él, así como la moral distingue el bien y el mal, y la estética lo bello y lo feo, la distinción pertinente en política es entre amigo y enemigo. Definir, identificar al enemigo es identificarse a sí mismo.

Ernesto Laclau

Ernesto Laclau (1935-2014), escritor y filósofo argentino.
Es Laclau quien reivindica el populismo, especialmente en su libro "La razón populista"(2005). Estuvo vinculado al kirchnerismo, y es una referencia del posmarxismo. A su vez, Louis Althusser y Antonio Gramsci son sus referentes principales.
La filiación con Carl Schmitt no es explícita, sino que se lee en filigrana en su obra. Se puede consultar el estudio de Alina Borovinsky "Las huellas de Carl Schmitt en el pensamiento político de Ernesto Laclau....".
La idea de Laclau que remite a Carl Schmitt es la del antagonismo como creador de una identidad colectiva.
Laclau piensa que la incorporación de las masas marginadas al proceso político -- como tales masas, no como individuos -- es la democratización de la sociedad.

Podemos, la guerrilla de salón

El artículo de Enrique Krauze en El País de España,  "El narcicismo de Podemos", lo dice todo. Lo cito in extenso:
"Solo en el claustro universitario podía surgir la 'producción teórica' que hiciera posible una 'izquierda realista'. Al sobrevenir la crisis financiera global, el 'vaciamiento' de las soberanías estatales europeas y la indignación social por los casos de corrupción en las elites políticas, España tuvo la fortuna de contar con 'el conocido grupo de docentes e investigadores de la Universidad Complutense de Madrid', que integraría Podemos."
[...]
"Por un lado, había que absorber la obra del filósofo Ernesto Laclau (principal teórico del populismo en Latinoamérica). Por otro, había que 'pensar políticamente en clave televisiva', objetivo que se logró con los programas La Tuerka y Fort Apache, nuevos 'partidos' que trasladaron la política del Parlamento a la televisión. Esos programas —revelaba Iglesias— fueron la escuela que 'nos formó para el asesoramiento en comunicación política que desarrollamos paralelamente en España y América Latina'."
[Nota: Podemos se financió con la generosa remuneración que recompensó su asesoría a Chávez: siete millones de euros.]
"Para refutar a Iglesias, alguien señaló lo mucho que Laclau debe a Carl Schmitt, teórico del nazismo, experto en la 'dicotomización', que veía la historia como el escenario de dos fuerzas: 'Amigo' y 'enemigo'. (Traducción para España: por un lado 'el pueblo', representado por Podemos, representado por Iglesias; por otro el 'no pueblo', representado por todas las otras formaciones políticas). Pero a estas alturas esos reparos intelectuales son lo de menos. Ahora, la mejor refutación de la teoría de Podemos está en la espantosa realidad en la que viven 'el hombre, el humano, la mujer, la niña, el niño' en la Venezuela creada por el chavismo, una devastación sin precedente en América Latina, comparable a la provocada en Zimbabue por Robert Mugabe."
[...]
"Los líderes de Podemos han escalado el poder con credenciales del saber. Son capitalistas curriculares. Son guerrilleros de salón. Desde los peligrosos cañaverales de la Complutense, construyeron teorías contra el poder democrático financiados por el poder revolucionario. Del ciudadano español depende desenmascarar su inanidad teórica, su inexperiencia práctica, su vasta mentira, su mala fe."

jueves, 26 de julio de 2018

Izquierda, derecha. Una revisión

Publico a continuación un fragmento de un ensayo; es la introducción, la parte de los motivos, de las razones que me llevaron a escribirlo. El ensayo es el fruto de mis lecturas de muchos años, de mis reflexiones y de mi práctica política en distintos tramos de mi vida. Trata de temas que me parecen centrales en el hacer político; de las nociones de izquierda y derecha, del marxismo, del anticapitalismo y del socialismo.
Agrego al final un índice general para dar una idea del conjunto.


Las razones de una reflexión


“El socialismo con el que soñaba Eric Hobsbawm no es más una opción, y la bárbara desviación dictatorial a la cual consagró su vida es responsable de ello. El comunismo manchó y saqueó la herencia radical. Si hoy enfrentamos un mundo en el que no existe un gran relato de progreso social, ningún proyecto plausible de justicia social, es en gran medida porque Lenin y sus herederos envenenaron la fuente”.
(Tony Judt - The Last Romantic - The New York Review of Books -
http://www.nybooks.com/articles/16802 - 20/11/2003
Comentario del libro: "Interesting Times: A Twentieth-Century Life" by Eric Hobsbawm
)

Las palabras, campos de batalla

Hoy, izquierda, derecha, son palabras corrompidas o, si se quiere, con una polisemia conflictual e inconfesa.
A causa del caos semántico que reina en el seno de esa terminología, a causa de las batallas y las guerras que se libran las ideologías y los partidos políticos por controlarlas, por poseerlas en exclusividad, mucha gente exclama: ¡ya no existen más ni la izquierda ni la derecha!
Polisémicos, decimos, tanto en el uso diario como en los discursos y en los textos de los actores políticos. La complejidad semántica de los calificativos políticos es producto de la historia, tanto de la historia universal como de la historia particular y reciente de Uruguay.
En el siglo XX, con la descolonización, el estalinismo, el cambio mismo de la sociedad, la degradación del medio ambiente, las guerras, han desfigurado el cómodo esquema binario izquierda-derecha que sin embargo todavía prevalece en ciertas mentes.
Las palabras, izquierda, derecha, fascismo, libertad, se han  convertido en campos de batalla donde se encuentran frente a frente concepciones opuestas y divergentes.
El poder de asignar significado a la palabras construye poder, poder a secas, institucional, funcional, militar y legal. Nos encontramos a cada paso con batallas semánticas libradas por todos los partidos y movimientos. Ya sea por combatir los prejuicios y la discriminación, o por desacralizar a un líder o figura histórica, por cambiar la valoración de un pasado o por reivindicar un episodio que se pretende que fue juzqado erróneamente.
El excelente eslogan "Gobierno honrado, país de primera" que se votó en la elección presidencial uruguaya de 2009 dejaba en una nebulosa qué se entendía por "país de primera". Esa nebulosa es el pegamento de la unidad de la izquierda. El Frente Amplio (FA) existe gracias a esa confusión o a esa indefinición. En el Frente Amplio uruguayo conviven quienes entienden "país de primera" como Dinamarca, con otros para quienes “país de primera” significa Corea del Norte. En vez de Corea del Norte podría decir Venezuela o Cuba, pero me hago entender.
Es un mal difundido que afecta a muchos países, también a Italia, por ejemplo.
El filósofo italiano Norberto Bobbio (1909-2004), en su ensayo “Destra e sinistra” (1996) intentó desenmarañar la madeja y salvar la noción de izquierda, tanto para hacerse entender, como para seguir adhiriendo a algo que consideraba esencial de su existencia social: su militancia por equidad y justicia. Sigo sus huellas, entre otros autores, como Antonio Escohotado y Leszek Kolakowski.
Este texto intenta desenmarañar el sentido de las nociones de derecha e izquierda, tanto como desmontar el rencor anticapitalista, desnudar su carácter irracional, revelar que las pretendidas bases científicas no son tales, y reducirlo a su verdadera naturaleza de religión política de odio de la libertad.

Izquierda y antiimperialismo

Desde hace un siglo, por lo menos, se ha desplazado el centro de gravedad de la izquierda a las reivindicaciones nacionales, ignorando los conflictos generados por ello.
El Risorgimento Italiano en el siglo XIX, que unió la aspiración a un estado nacional unificado de Italia al reclamo de un régimen constitucional, fue una fusión lógica y armoniosa del patriotismo y la izquierda. La historia agridulce de las repúblicas americanas es un drama inconcluso de aspiraciones y frustraciones. Luego, en el siglo XX, la era de la descolonización en África y Asia también alineó los nacionalismos nacientes que condujeron la emancipación de las colonias con los reclamos universalistas e igualitarios de la izquierda.
Como resultado, esto lleva a que se confundan antiimperialismo e izquierda, y a que se reemplace uno por otro. Cuando el antiimperialismo muta en nacionalismo excluyente o étnico, encarna valores que están en el polo opuesto a la izquierda, por lo que se produce una inversión semántica al confundirlos. El ejemplo paradigmático en Argentina es el desprendimiento del movimiento católico, peronista y de extrema derecha Tacuara, acaudillado por Joe Baxter, que por vía de su antiimperialismo pasó del nacionalismo de extrema derecha a formar parte de, y se insertó en, los movimientos armados de extrema izquierda; recordemos que este grupo participó en la fundación del MLN Tupamaros; que una parte de él fue a dar a Montoneros, otra al ERP, y que Baxter mismo terminó en el trotskismo. Otro caso ejemplar y sugestivo es la evolución de los partidos comunistas serbio y ruso postsoviéticos hacia el ultra nacionalismo autoritario, como el encabezado por Milosevic, lo que dio origen a la llamada alianza “roji-bruna”.

El bolchevismo y la izquierda

El bolchevismo (o leninismo) nació de la izquierda, surgió del movimiento socialdemócrata ruso, e intentó apoderarse de ella con exclusividad, condenando a su matriz socialdemócrata como “traidora”, “social fascista”, etc. En ese intento tuvo éxito, en cierta medida, durante mucho tiempo, y todavía lo tiene en Uruguay.
El principal exponente y el heredero del bolchevismo en nuestro continente es el régimen cubano, que se apoderó de Venezuela a través del régimen de Chávez y Maduro, infiltró sus instituciones y sus empresas, le extrajo miles de millones de dólares, y pretende extenderse a otros países.  En el FA uruguayo el régimen cubano es artículo de fe, ni se lo critica ni se lo condena, así como se hace silencio sobre el régimen chavista, haga lo que haga. En el monopolio de la izquierda política no se puede atacar al bolchevismo ni atacar al régimen cubano.
El fascismo mussoliniano, un nacionalismo militarista, imperialista y excluyente, nacido del movimiento socialista italiano, se opuso al bolchevismo y al socialismo, y en cierto momento intentó monopolizar a la derecha.
Fascismo y bolchevismo ponen en escena su antagonismo, y pretenden que este domine las opciones políticas: el que no está con uno tiene que estar con el otro. Como la historia enseña, esa enemistad aparente es complicidad real contra los regímenes democráticos. Lo demostró la experiencia del antifascismo, cuyos hilos movía Stalin en la década del 30, que condujo al pacto germano-soviético de 1939.
Siguiendo con los ejemplos, el nacionalismo racista-esencialista de ETA es considerado de izquierda porque adhiere al marxismo-leninismo, aunque su origen sea de extrema derecha (en el Carlismo).
Esto es más que un malentendido, más que una mentira o una conspiración de silencio. Estamos frente a la influencia duradera del marxismo; es el espíritu del anticapitalismo, que anima todos esos movimientos, pasados y presentes.

“El camino es la recompensa”

Mi andamiento y mi experiencia son otra razón para esta reflexión.
En lo concerniente a las ideas, vengo por un largo camino personal, comenzando por un antiimperialismo primario nacido como reacción a la invasión de Guatemala por un ejército mercenario pagado por la CIA, que derrocó al gobierno reformista y democrático de Jacobo Arbenz (con una secuela sangrienta que todavía perdura), paralelo a la represión soviética de la revolución húngara en 1956, pasando por el entusiasmo con la Revolución Cubana de 1959, hasta un maoísmo anarquizante que empezó con la polémica chino-soviética de 1963 (por ese sendero llegué hasta confundir la Revolución Cultural con una revuelta anti burocrática).
En esa senda se sucedieron la experiencia --militancia estudiantil, política y sindical en Uruguay; viaje a la China de Mao, al Chile de Allende, y a la Francia de Mitterrand-- y el estudio, con especial énfasis en “El Capital” de Karl Marx, que leí en diferentes estadios de mi evolución, aunque mis intereses filosóficos en cierto momento se abrieron a otros pensadores, natural y afortunadamente.
Si entendemos “ideología” como “religión política”, siempre intenté someter mis creencias a la razón y a los hechos de la historia. No para destruirlas, sino para conservar los valores y descartar los relatos ficcionales y facciosos. Y eso es lo que intento hacer aquí.
El campo de estudio es muy vasto, y la batalla semántica muy encarnizada, pero todo me lleva a meter baza en esta discusión. Necesito aclarar qué entiendo por izquierda y derecha, cuáles son sus fronteras y sus límites con el gobierno, con las creencias, con la religiosidad, con el nacionalismo, con el comunismo.
Mis ideas han ido cambiando siempre bajo el impacto de la experiencia y de la reflexión, y eso no es un motivo de vergüenza, al contrario. Las ideas existen para pensarlas, para ser objeto del pensamiento, para comunicar y discutir, de otro modo no pueden guiarnos.

No al nihilismo

Quiero terminar esta introducción advirtiendo al lector que mi adhesión primaria no va a la izquierda sino a valores, que son mi religión política, si se quiere, los de verdad y de justicia, de libertad, por los derechos universales del individuo y la solidaridad social.
Me parece deseable luchar por la más amplia libertad, por una sociedad abierta y por el freno al crecimiento sin límites, tanto del aparato del Estado como de la desigualdad social, dos amenazas que se ciernen sobre todos, que podrían destruir tanto la libertad como el bienestar. Combatirlas son dos objetivos que no están en una armonía natural entre sí, y que a veces entran en colisión. Todo el arte de la política es encontrar el modo de hacer compatibles estos ideales divergentes.
En resumen, como dijo una vez un amigo, el marxismo-leninismo mató a todas las demás ideologías y murió en el derrumbe del comunismo. Entonces, siguiendo con la imagen, la izquierda se quedó sin ideas vivas.
Me alineo en abierta oposición al nihilismo, al “todo es igual”, al “nada vale nada, salvo la revolución”, al “que se vayan todos”, a la idea de que está todo perdido y es un todos contra todos,
Lo que se derrumbó es un relato de progreso social basado en el pobrismo y en un ideal comunista negador del comercio y de la creatividad.
Hay que retomar el hilo a partir del siglo XIX, de la lucha contra el despotismo, contra el oscurantismo y contra la explotación, cuando se luchaba por repúblicas o, por lo menos, por monarquías constitucionales, por la libertad religiosa y de pensamiento, por la escuela laica, por la igualdad de la mujer, cuando se combatía el abuso y la explotación del trabajo con la formación de sindicatos y uniones solidarias. De fines del siglo XIX también es el socialismo democrático, en abierto cuestionamiento del marxismo, que ha sobrevivido durante el siglo XX y lo que va del XXI a pesar de la demonización del revisionista Bernstein y bajo constante asedio del leninismo.  Creo que, si se entienden bien, estas ideas pueden clasificarse dentro de una izquierda liberal y libertaria o como un liberalismo de centro-izquierda.


Índice del ensayo


Izquierda, derecha: una revisión                           1
   Las razones de una reflexión
   Las palabras, campos de batalla
   Izquierda y antiimperialismo
   El bolchevismo y la izquierda
   “El camino es la recompensa”
   No al nihilismo
Izquierda, Derecha: origen histórico de los términos               4
   En la Revolución Francesa
   El Renacimiento, la Ilustración
Izquierda y derecha políticas                           6
   Right & Left in a nutshell        
   La libertad y la verdad          
Derecha                                       7
   La derecha paternalista                
Izquierda                                       8
   La izquierda pura                              
   La izquierda en el gobierno             
El espíritu revolucionario y los extremos autoritarios               11
   La extrema izquierda                      
   La libertad divisora de aguas          
   Otras revoluciones, que no son LA Revolución
   La derecha extrema                             
El centro político                                   14
   Notas para un programa de gobierno de centro izquierda en Uruguay    
Anticapitalismo y teoría marxista del valor                      16
   El anticapitalismo                              
   Teoría del valor marxiana y anticapitalismo                 
   Marx, el marxismo y las reformas sociales                
   Las reformas sociales repercutieron a su vez sobre la doctrina
      El socialismo de Bernstein                          
      Los enemigos del comercio entre los luchadores sociales     
   Teoría del valor de Marx, su carácter excluyente y totalitario         
   Crítica de la teoría marxiana del valor. *Inoperancia práctica*         
   Crítica de la teoría del valor: Marx insatisfecho, Engels asume     
   Crítica de la teoría del valor. Fracaso teórico                  
   Crítica de la teoría del valor. Fracaso histórico                 
   Costo humano del fracaso marxista                     
   Conclusión                                  
Apunte sobre los problemas y las tendencias actuales               31
   Los problemas de antes                        
   Los problemas actuales                            
   Las cosas se complican con las nuevas tecnologías  
   “Poscapitalismo”                                 
   Convergencia                                 
Algunas referencias bibliográficas                           34