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viernes, 11 de noviembre de 2016

La democracia en peligro. Pensando con Leszek Kolakowski

Pone en peligro a la democracia el uso fraudulento de la idea, más que sus tradicionales enemigos, los militares y la derecha autoritaria. El uso fraudulento de la idea (Maduro, Ortega, ...) y el repliegue identitario (Trump, Le Pen, etc.) son hoy las amenazas mayores. Con el triunfo de Trump volvemos a leer a Leszek Kolakowski para buscar algo de claridad.

Luego de algunos años de consenso y satisfacción continental por la recuperación de las instituciones y el estado de derecho al sur del Río Grande, vemos reaparecer las dictaduras y los regímenes autoritarios. Dictadura y régimen autoritario, Cuba lo tiene desde hace más de 50 años, pero en el resto de los países parecía imponerse el respeto de los presupuestos fundamentales de la convivencia democrática. La palabra y la idea de “democracia” se ha vuelto sagrada. Un ícono que todos adoran por igual, tirios y troyanos, que está en los tratados y es ensalzada en los foros internacionales. Esta es una realidad que hoy utilizan sus enemigos, endosando el manto de la legitimidad democrática para sus fines autoritarios y opresores.

En realidad, el restablecimiento democrático de los ochenta fue sobre todo el de las elecciones y del sistema de partidos, parlamentos y presidentes, y con mucho retraso y lentitud, el de la justicia. También tiene retraso la concepción predominante de la democracia, que acentúa la importancia de las elecciones y mengua el de las otras condiciones que le dan existencia. Esta concepción deformada favorece el fraude populista.
Leyendo a Leszek Kolakowski [1]:
“El principio del gobierno de la mayoría es insuficiente si vamos a distinguir entre democracia o oclocracia (el gobierno del populacho). El principio del gobierno de la mayoría no constituye una democracia en sí mismo; sabemos de los regímenes tiránicos que contaron con el apoyo de la mayoría, como la Alemania nazi y la teocracia iraní. No podemos llamar democrático a un régimen en el que el 51 por ciento de la población puede linchar impunemente al restante 49 por ciento.”
Kolakowski analiza tres componentes necesarios a la democracia, el gobierno de la mayoría, la independencia del sistema legal del poder ejecutivo, y la garantía de la igualdad de los ciudadanos ante la ley y de los derechos personales elementales. La lista de los derechos está en discusión, pero no se concibe que no incluya las libertades de movimiento, de expresión, de asociación y de adquirir propiedades.
Kolakowski escribió esto en 1990, un momento de auge democrático, pero no dejó de ver los peligros. Profetizó:
“Una segunda fuente de energía antidemocrática [después de la primera, el sovietismo, en su momento] sería el avance del nacionalismo nocivo alrededor del mundo. Los sentimientos patrióticos en sí mismos no son incompatibles con una perspectiva democrática, mientras signifiquen una solidaridad favorable a la propia nación, la fidelidad a la herencia cultural nacional y a la lengua, y el deseo de tener una nación mejor y más civilizada. (El patriotismo quiere quiere limpiar a la nación; el nacionalismo, blanquearla, decía Chesterton.) El nacionalismo es nocivo y hostil a la civilización cuando se mantiene a través de la creencia en la superioridad natural de la propia tribu y el odio a los demás; si busca pretextos, por tontos que sean, para extenderse en territorios ajenos y, sobre todo, si implica un creencia idólatra en la absoluta supremacía de los valores nacionales cuando chocan con los derechos de las personas que constituyen esa nación. No hay necesidad de demostrar que esta clase de nacionalismo rapaz y potencialmente totalitario está aumentando en varias partes del globo.”

Con Trump presidente de los EE.UU., con el repliegue del Reino Unido  después del Brexit, con la sombra de la derecha populista proyectada sobre Italia (Cinque Stelle) y Francia (Front National), gobernando en Hungría (Viktor Orban) y en Polonia (ver el gobierno ultraconservador desmantela el estado de derecho), y creciente en otros países, está empezando a crecer en los espíritus universalistas, patriotas y libertarios un sentimiento de asedio. Vladimir Putin exulta, que es el ejemplo más claro del fraude del que hablamos, un gobierno surgido de elecciones, un país donde se robaron todo, ingentes cantidades de millones de euros y de empresas, donde los servicios de inteligencia actúan impunemente, matando opositores y periodistas, sin control.
Algunos de los temas que le dieron el triunfo a Trump y que son cabalgados por Marine Le Pen y Beppe Grillo no le son extraños a la llamada izquierda progresista, a saber: el ataque a la libertad de comercio y a la globalización. La Unión Europea es el gran enemigo.
La extrema izquierda y la extrema derecha están unidas en ese ataque. La izquierda uruguaya es afín a ese espíritu, hace del libre comercio su bête noire y, por lo menos en parte, tolera o apoya a Maduro y a Ortega, esgrimiendo esa concepción que centra la validez de la democracia en la celebración de elecciones.
Se me dirá que una cosa es la democracia y otra la libertad de comercio.
No tanto. El repliegue identitario, económico y social de los países sobre sí mismos lleva a la guerra, primero comercial, luego a la guerra a secas.
La Unión Europea fue inspirada por la Segunda Guerra Mundial, fue creada en respuesta a ella por una generación que la concibió en los campos de concentración y en el destierro sufrido bajo el nazismo y el fascismo. Hoy se olvida. Si Europa se divide no es difícil profetizar que será el teatro del enfrentamiento de potencias extra europeas, como sucedió en la SGM, que empezó como guerra europea y terminó enfrentando a EE.UU. y la URSS sobre una frontera que cortaba a Europa de norte a sur, desde el Mar del Norte hasta el Mediterráneo. Son poca cosa los países europeos, incluso los más grandes, aislados frente a potencias como China, EE.UU. o Rusia, poca cosa, pero muy codiciables.
Lo mismo puede decirse, con más razón, de nuestro pequeño Uruguay.
Si queremos la democracia, la prosperidad y la paz, tenemos que propiciar los bloques, los acuerdos y las aperturas comerciales, y gestionarlas correctamente, es decir, con humanidad.
Y, sobre todo, entender que defender la democracia es algo más que celebrar periódicamente elecciones; las otras cosas, como por ejemplo el respeto de las minorías, la libertad de pensamiento y de expresión son, por lo menos, igual de importantes.


[1] “Incertidumbres de una era democrática” por Leszek Kolakowski, en Vuelta Nº164 julio 1990.

domingo, 25 de septiembre de 2016

Burkini y desnudez

Viniendo de Hollywood aceptamos todo tipo de censura vestimentaria. En las películas y en las series hollywoodenses se muestra a las parejas hacer el amor vestidas, por lo menos con corpiño y calzón; la visión de un pezón femenino provoca un escándalo, sin hablar del vislumbre de una mata de pelo púbico, que es inaudito. La excepción ("Game of Thrones") confirma la regla. Sin embargo, la censura del burkini en las playas francesas, es decir del uso de un atuendo integral que cubre el cuerpo de la cabeza a los pies en un estilo muy específico codificado por los doctores del islam radical, escandalizó a la izquierda bienpensante.
La ley francesa puso orden inmediatamente y las ordenanzas municipales que prohibían o multaban el burkini fueron anuladas por los tribunales administrativos; intervino en ese sentido hasta el Consejo de Estado, máxima instancia administrativa del estado francés.
Muy bien, estamos de acuerdo y defendemos la idea de que la radicalización islamista y el terrorismo no pueden combatirse violando las leyes.

Pero ¿de qué se trata este asunto del burkini?

No olvidemos que en Francia está permitido el "topless" (que se usa cada vez menos, por razones relacionadas con la presencia creciente del islam radical, pero no solamente, también hay un cambio en la moda), y en algunas playas era corriente el desnudo integral, aunque ahora ese espacio se ha reducido hasta casi desaparecer. Las leyes en eso no han cambiado. Lo que ha cambiado es otra cosa, es que ha aparecido una fuerte corriente represora y violenta contra las mujeres que incide en la comportamiento libre de estas.
Pocos días después del atentando de Niza del 14 de julio, que produjo 86 muertes y 434 heridos, se produjeron peleas a trompadas en algunas playas entre hombres franceses locales del lugar y magrebíes que acompañaban a mujeres usando la prenda, símbolo y bandera de las ideas y del movimiento que habían provocado la matanza. Una amiga mía presenció una de esas grescas en una playa corsa. Algunos de los alcaldes que prohibieron el burkini lo hicieron por razones de orden público, para evitar enfrentamientos y quizás muertos y heridos. No les faltaba motivo, aunque hubieran debido respetar la ley, y desde las instancias superiores los llamaron al orden. El ambiente estaba muy caldeado, cosa fácil de entender luego de la serie de atentados, de enero en Charlie-Hebdo y el Super Cacher, de noviembre en el Bataclan, de julio en Niza.

El burkini no es una moda como cualquier otra

Es muy equivocado pensar que el burkini es una moda como cualquier otra, una pose en la vestimenta, un gusto en el vestir, un modo de expresar una peculiaridad o una rebelión contra un prejuicio. El Primer Ministro, el socialista Valls, dijo: «Le burkini n’est pas une nouvelle gamme de maillots de bain, une mode. C’est la traduction d’un projet politique, de contre-société, fondé notamment sur l’asservissement de la femme» ("El burkini no es una nueva gama de trajes de baño, una moda. Es la traducción de un proyecto político, de contra-sociedad, basado entre otras cosas en el sometimiento de la mujer"). Se trata de provocar, de exhibir su sumisión. Es el odio a la libertad, el odio a Francia que se manifiestan.
Coincido en eso con él, el burkini expresa una concepción y un proyecto político, pero la cosa me parece que va más allá: sacar a pasear por las playas de Francia, herida por los atentados, la bandera del Estado Islámico --porque eso es el burkini-- es una invitación a la batalla, es una provocación para que se produzcan enfrentamientos y violencias.
Y provocar enfrentamientos entre franceses de distintas confesiones religiosas está en la directa línea de la política del Estado Islámico, es su objetivo principal. Sus atentados no apuntan contra los monumentos o los edificios símbolos de la nación francesa, sino a provocar la lucha fratricida entre distintas comunidades, a avivar la llama de una guerra civil, a crear una división sangrienta en la sociedad enfrentando franceses musulmanes contra franceses no musulmanes, además de castigar a los que ejercen las libertades que ellos odian.

No entrar en la espiral de violencia intercomunitaria

El escudo de la unidad social es el respeto de la ley; pensemos lo que pensemos del burkini, no hay que caer en la invitación a la violencia. Nada serviría mejor a los intereses del Estado Islámico que una mujer musulmana sea agredida en una playa francesa, o para el caso, incluso solamente multada o expulsada. La autoridades restablecieron el imperio de la ley, que garantiza la libertad de vestirse como se quiera, y la población debe tener la madurez de abstenerse de descargar su indignación sobre lo primero que se cruza que parece representar al enemigo. El verdadero enemigo es el fanatismo, es el odio a la libertad, especialmente el odio a la libertad de la mujer.

El camino para enfrentar al fanatismo asesino pasa por la afirmación de los valores republicanos, por la libertad, la tolerancia y el respeto de la ley; la vía necesariamente pasa por el ejercicio de las libertades, y por el desprecio y la condena del fanatismo y la violencia. Pasa por la fraternidad con los miembros de la comunidad musulmana agredidos también, y quizás más, por la prepotencia jihadista.

Fuentes

Le tribunal administratif de Lille a suspendu l’arrêté dit « anti-burkini » du Touquet (Pas-de-Calais) que le maire Les Républicains avait maintenu malgré une décision du Conseil d’Etat jugeant ce type de décisions attentatoire aux libertés, dans une décision consultée par l’AFP vendredi 9 septembre.
« Les arrêtés litigieux ont ainsi porté une atteinte grave et manifestement illégale aux libertés fondamentales que sont la liberté d’aller et venir, la liberté de conscience et la liberté personnelle », a expliqué le tribunal administratif dans son ordonnance.
Une décision « logique et cohérente dès lors qu’on fait une analyse juridique », s’est félicitée l’avocate de la Ligue des droits de l’homme Marie-Hélène Calonne qui avait attaqué la ville du Touquet. « Il n’y a pas de troubles à l’ordre public qui justifient cette mesure de police », a-t-elle ajouté.
Dans sa décision, le juge administratif rappelle qu’aucun cas de personne portant un burkini n’avait été signalé sur les plages de cette station chic du nord de la France. « Dans ces conditions, le maire ne pouvait, sans excéder ses pouvoirs de police, édicter des dispositions qui interdisent l’accès à la plage et la baignade alors qu’elles ne reposent ni sur des risques avérés de troubles à l’ordre public ni, par ailleurs, sur des atteintes établies à l’hygiène, à la décence ou à la sécurité de la baignade », explique-t-il.
Le 26 août, le Conseil d’Etat avait mis un coup d’arrêt aux interdictions du burkini, à l’origine d’un débat fiévreux en France, en rappelant les maires au « respect des libertés garanties par les lois ». La plus haute juridiction administrative française avait souligné avec insistance qu’une restriction de l’accès aux plages ne pouvait être justifiée qu’en cas de « risques avérés » pour l’ordre public.

Après Cannes et Fréjus, la justice a suspendu, jeudi 1er septembre, l’arrêté de la mairie de Nice interdisant l’accès aux plages aux baigneurs portant des vêtements religieux, conformément à une décision rendue la semaine dernière par le Conseil d’Etat. Le maire avait signé le 19 août cet arrêté dit anti-« burkini » en invoquant notamment l’émotion soulevée par l’attentat qui a fait 86 morts le 14 juillet sur la promenade des Anglais et des risques de troubles à l’ordre public.

Alain Juppé (candidato a la candidatura presidencial de la derecha) : « Si nous continuons comme ça, nous allons vers la guerre civile »

Una amiga me escribe (el 16 de agosto 2016):
“Il y a deux jours des Magrébins et des Corses se sont battus sur une plage du Cap Corse car le fait que les femmes portaient des “burkini”, genre maillots qui couvrent tout le corps des femmes, n’était pas du gout de la population locale. Le Maire en a interdit le port, la loi signale qu’on est libre de s’habiller comme on veut, mais je pense que dans ce cas de figure, il ne s’agit pas de cela, il s’agit de provoquer, comme ces femmes le font avec le voile intégral, de provoquer la population et ses habitudes de vie, de montrer la haine de la France. Oui bien sûr la soumission de la femme, mais certaines de ces femmes sont des militantes qui considèrent les signes extérieurs de la soumission comme des oriflammes de leur haine. [...] Je suis tout à fait d’accord avec ton article sur le patriotisme et la fierté d’être française, européenne et dans mon coeur aussi sud-américaine! Respecter tous ceux qui pendant des siècles (et je suis en train de lire Rabelais qui est formidable et si moderne) se sont battus pour que nous ayons ce que nous avons comme liberté et autres valeurs éclairées. [...] Ce sont les femmes qui doivent porter les messages de paix et d’amour et l’éducation qui doit le leur permettre. Donner un droit de vivre en France à tous les réfugiés qui acceptent de partager nos valeurs, les instruire de ces valeurs en particulier les femmes, [...]”

El 29 de julio, Mohand Dehmous, argelino nacido en Kabilia y empresario en Francia desde hace muchos años, activista de izquierda y hombre de radio, escribe:
“il faut dire (aussi) que la gauche a été un acteur majeur dans cette affaire (la gestion de l’islam par les gouvernants). Jusqu’en 1980, les immigrés et leurs enfants n’aspiraient qu’à s’intégrer dans la société française... Mais tout un courant d’idéologues de la gauche au pouvoir est venu leur expliquer qu’ils étaient différents. Et qu’il fallait que la France respecte cette différence. Vous imaginez le môme, il est né ici et dès la naissance on commence par lui expliquer qu’il est différent ! En réalité, ce “droit à la différence” qui apparaissait comme quelque chose de positif a marginalisé ces Français issus de l’immigration. La marche des Beurs qui a marqué l’avènement de cette génération dans l’espace public, n’était pas organisée pour revendiquer le droit à la différence, mais pour dire que nous étions français et que nous voulions notre place dans cette société comme tout le monde! Toute l’armada politique, SOS Racisme en tête, est responsable de l’enfermement de la jeunesse des banlieues. Elle l’a livrée à la mouvance islamiste qui investissait peu à peu ces territoires et leur expliquait que oui ils étaient musulmans et n’avaient rien à voir avec ce pays”

viernes, 30 de octubre de 2015

Una apuesta por Europa

Una afluencia excepcional de refugiados de la guerra en Medio Oriente asalta el flanco sur de la Unión Europea. Cientos de miles de personas de toda edad y condición intentan huir de la destrucción y la muerte que siembra el avance del Estado Islámico (ISIS, Islamic State of Irak and Syria, o Daech, por su sigla en árabe) y de la guerra civil siria por derrocar a Bachar Al Asaad, dos guerras que se entrecruzan y superponen en una región surcada por una red compleja de alianzas y antagonismos nacionales y religiosos.
La crisis presiona sobre las fracturas políticas e ideológicas en cada país de la UE y solicita un posicionamiento de cada partido y corriente de pensamiento.
Comento tres artículos relacionados con esto:
1 - De Arturo Pérez Reverte: "Los godos del emperador Valente", 13 de setiembre 2015.
2 - Del sociológo Alain Touraine “Le souveranisme haineux équivaut au djihadisme”, 21 octobre 2015.
2 - De un anónimo: "The mystery of ISIS" New York Review of Books, Aug 13, 2015.

Pérez Reverte y la nostalgia conservadora

El artículo de Arturo Pérez Reverte "Los godos del emperador Valente", empieza así:
"En el año 376 después de Cristo, en la frontera del Danubio se presentó una masa enorme de hombres, mujeres y niños. Eran refugiados godos que buscaban asilo, presionados por el avance de las hordas de Atila." Sigue relatando Pérez Reverte que aquellos refugiados comprobaron que el Imperio era débil y corrupto; dos años después mataron al emperador y destrozaron su ejército; noventa y ocho años después depusieron al último emperador.

Es fácil imaginar adónde apunta y cuál es la moraleja de la fábula histórica.
Pérez Reverte mira con pesimismo la crisis actual, la compara con el fin del Imperio Romano, predice la derrota, nuestra derrota: "estas batallas, esta guerra, no se van a ganar, ya no se puede." Porque, considera, nuestra civilización no tolera las atrocidades que serían necesarias para detener la invasión de migrantes, y ellos vienen a matarnos, necesariamente a matarnos, a matar nuestra civilización, nuestro "imperio". Predice un futuro "caótico, violento y peligroso", y quiere educar a la juventud para hacerle frente.

No hay que ser extralúcido para percibir la violencia y el caos en nuestra sociedad actual. Miles de jóvenes europeos se alistan en las filas djihadistas, otros incendian automóviles o hacen cosas peores. Esa violencia nace de las fracturas internas actuantes en las sociedades. En América, del sur, del norte y del centro proliferan las bandas, las maras, los narcotraficantes, los delincuentes, las guerrillas.
El primer gran error de Pérez Reverte es considerar a Europa como una civilización aislada, un "imperio", como él lo llama, en decadencia.
Pero ni es un imperio ni está aislada. Comparte la civilización y los problemas con un vasto mundo, que incluye toda América y algunos países de Asia y Oceanía.
Los inmigrantes en Europa son un desafío y una oportunidad. Europa es capaz de hacer frente a la actual ola de candidatos al asilo. Alemania afrontó y triunfó en el desafío de la reunificación, más vasto y más costoso que la actual crisis.
En esta situación los actos de Angela Merkel, François Hollande y Matteo Renzi muestran a dirigentes decididos, a la altura de las circunstancias, encarnando los valores que le dan sentido a la Unión Europea.

Pérez Reverte sí tiene razón en afirmar que la Unión Europea no puede reaccionar como lo haría un imperio, pero no porque esté en decadencia, sino porque no es un imperio. Hace mucho tiempo que no lo es. La UE es una república, una unión de repúblicas, no un imperio. La comparación con el Imperio Romano es completamente inapropiada, como lo es la comparación con el Imperio Británico o Español. No ser un imperio no significa "estar en decadencia". El Imperio se terminó, no hay imperios en el mundo de hoy, ni siquiera Estados Unidos se puede considerar uno, y no actúa como tal. La hegemonía militar no alcanza para constituir un imperio. El hecho de que EE.UU. no actúe como un imperio contribuyó a sembrar el caos en la periferia de Europa, pero ese es otro tema. (Ver en mi blog: Imperios de antes y de ahora.) Esto, nos guste o no, y a mi me gusta, es un hecho.

La UE es un conjunto de repúblicas con una integración plural, mayormente laicas, pluralistas y democráticas. La política interna es complicada y contradictoria, y una intervención militar para masacrar a civiles desarmados o simplemente dejarlos hundirse y ahogarse en el Mediterráneo es impensable. Pero no porque esté en decadencia, sino todo lo contrario.
Lo que puede matar a la civilización europea, a todo el "imperio", a toda la civilización democrática, laica, mercantil, industrial, literaria, científica, artística de Europa, América y Asia, no es la ola de inmigrantes, sino los propios conflictos internos y la falta de fe en los valores fundadores. Cerrar la puerta a los migrantes es más peligroso para Europa que abrirla, porque seria traicionar sus principios. Hay que levantar el desafío y resolverlo. No aceptarlo sí que pondría en peligro a Europa, al "imperio", como dice tan pérfidamente Pérez Reverte.

El verdadero peligro viene de adentro

El sociólogo francés Alain Touraine lo dice sin ambages en el segundo artículo que quiero comentar: el soberanismo xenófobo equivale al djihadismo.
Hay un peligro y una amenaza reales, pero no vienen de los que buscan refugio, o una vida mejor, en Europa. La mayor amenaza a la Unión Europea es el egoísmo nacional y la xenofobia en ascenso en distintos países, junto con el progreso electoral de la extrema derecha. La amenaza rampante es el estancamiento de la unión política, sin la cual el euro cojea y cojeará siempre. La unión política sufrió un revés mayor con el fracaso del tratado constitucional de 2005, por el resultado negativo del voto francés. Los artífices de esa derrota, de ese fracaso, fueron los soberanismos de izquierda y de derecha. En Francia presenciamos una confluencia de la extrema derecha y de la extrema izquierda que se pusieron de acuerdo para torpedear el avance de la Unión. La extrema derecha xenófoba es una fuerza en ascenso también en otros países, como Polonia o Hungría.
En Francia concretamente, la opinión es reticente respecto a la solidaridad europea, un sondeo lo muestra: Francia es más reacia que otros países a recibir inmigrantes.
La amenaza toma cuerpo en la falta de solidaridad entre los países de la Unión para afrontar esta emergencia de los refugiados de guerra, cada uno quiere salir por la suya, dejando el problema a otros, a los mismos a quienes después piden ayuda y colaboración económica.
En Hungría, el gobierno parece creer que el problema se soluciona erigiendo un muro para que los migrantes no entren, dejando que los demás países se las arreglen con los que llegan a sus costas. Hay miles acampados en Calais, en el norte de Francia, esperando para pasar a las Islas Británicas, llegan decenas de miles a las costas italianas o son rescatados en el mar, se agolpan en Grecia, intentando llegar a Alemania.
Estoy de acuerdo con Alain Touraine, el djihadismo y la xenofobia son simétricos, comparten una misma ánima, se equivalen y complementan, se necesitan mutuamente.

El Odio

El tercer artículo que quiero comentar es :"The mystery of ISIS" NYRB Aug 13, 2015. por Anonymous, (una persona que no quiere revelar su nombre). Tiene que ver con lo anterior, es otra crisis que se empalma con la de los migrantes.
Luego de leer este artículo sobre el Estado Islámico (ISIS, Islamic State of Irak and Syria o Daech, por sus iniciales en árabe) que pinta un cuadro escalofriante del estado de cosas, queda flotando una pregunta: ¿cómo se explica el ascenso y el atractivo del ISIS? ¿Cómo pudo atraer veinte mil voluntarios djihadistas venidos de todo el mundo entre 2012 y 2014, originarios de todo tipo de países y sectores sociales?
Los hechos nos ponen en presencia de la ferocidad y el tesón de un lado, el de los djihadistas, y la ausencia dramática de voluntad de combatir del otro, el del ejército de Baghdad.
La insurgencia del ISIS contradice los principios estratégicos clásicos de la ‘Guerra Prolongada’ de Mao: el ISIS controla territorio y acepta, qué digo, busca la batalla frontal con el ejército regular del enemigo, y además lo hace con éxito, todo lo contrario de lo que Mao aconseja en sus libros y de lo que él mismo practicó en las distintas etapas de sus guerras contra los caudillos militares, los japoneses y el Kuomintang. En las ciudades y territorios que controla, lejos de tratar de ganarse el favor de la gente, Daech oprime y aterroriza a la población, provoca éxodos, comete masacres, multiplica el horror a extremos que repugnan hasta a los talibanes, restablece la esclavitud y la violación de menores. "Engendros satánicos" denunciados por los doctores del Islam, pero con un vigor asombroso.
El articulista anónimo no encuentra la explicación de este ascenso, de esta victoria, de esta epidemia de odio, y confieso que yo tampoco. Simplemente me veo obligado a constatar que la sociedad mercantil moderna es una inmensa fábrica de odio, donde impera el desprecio y el ninguneo.
No encuentro la explicación de esto, puedo solamente especular sobre el origen y la causa:
Se puede atribuir la generación de odio a la desigualdad abismal de ingresos, polarización creciente, o a la actitud de arrogancia, al frío desprecio egoísta de los ricos, de los exitosos en el sistema, quienes se han autoconvencido de que sus privilegios y su éxito son merecidos, de que su superioridad social es natural e inherente a sus personas, cuando es, en realidad, el resultado del juego de dados del mercado, el producto de la vida en nuestra sociedad, cuyas jerarquías se sortean casi siempre por el azar del nacimiento. La suerte en nuestra sociedad recuerda el cuento ‘La lotería de Babel’, de Jorge Luis Borges.
Puedo especular también que en la feroz obsesión anti femenina del radicalismo islámico, así como en la creciente ola de feminicidios y de violencia doméstica en nuestro país (otra expresión de odio), se reconoce la ‘peste emocional’ que describía el psicoanalista Wilhelm Reich, el teórico de la “revolución sexual”: un Complejo de Edipo no encarado, una pequeñez rencorosa y vengativa, que suscita violencia y ‘sublimación’ religiosa. Pido perdón por la salida freudiana.
Por último, quizás el odio djihadista sea pariente del odio revolucionario. Hay quien ve en el odio la fuerza que mueve la Revolución, es decir, la destrucción total del orden y del régimen imperante, y de la Redención (con mayúscula) de la sociedad. Hay un tufillo religioso en la fe revolucionaria. Creen que si hacemos la Revolución todos los odios se verán saciados, la bolsa de odio se habrá vaciado y podremos vivir felices para siempre en un mundo de paz y amor. La prédica revolucionaria es una justificación de la guerra, En eso se parece al djihadismo.

Nacionalismo versus patriotismo

En contrapunto, en oposición con todos los odios está la falta de amor y el pánico conservador y pesimista de Pérez Reverte, quien machaca con las 'raíces judeo-cristianas', a las cuales agrega las del islam para que quede lindo, llama 'imperio' a la Unión Europea y clama que nos invaden, que estamos terminados, que el mundo de los DD.HH., de la prosperidad y el bienestar se hunde, se hundirá seguramente bajo el peso de las invasiones bárbaras, como sucedió con el Imperio Romano.
Lo que me preocupa de Pérez Reverte no es su ataque de pánico. No me preocupa que profetice catástrofes desde las alturas de su conocimiento de la historia ni que confunda a la UE con un imperio ni que limite la civilización cuestionada a Europa occidental, cuando la misma se extiende también por América y Asia. Lo que sí me preocupa es su falta de amor por la civilización real en la que vivimos, amor que reserva para un pasado imaginario de gloria, mientras considera al presente pura decadencia y desencanto. Le falta un amor que yo llamo patriotismo, o sea el orgullo y la disposición a luchar por las instituciones que nos hacen libres. Le llamo patriotismo a ese amor, a ese orgullo y a esa disposición combativa, por oposición al nacionalismo, que es otra cosa, como muy bien lo explica Maurizio Viroli en su libro “Per amore della patria”.
Lo que me preocupa es la carencia de patriotismo frente al odio djihadista, al odio que niega todo, vitupera y denuesta, califica con adjetivos hirientes, desprecia y mata con la palabra y la espada la realidad de nuestra civilización, trabajosamente alumbrada por los siglos. Falta de amor a las instituciones que nos hacen libres, libres en el pensamiento, libres en la palabra, libres en la opción sexual. Falta de orgullo patriótico por las conquistas de los últimos 50 años.
No es del pasado de guerras, de conquistas y clarines de lo que hay que estar orgullosos, hay que ufanarse de nuestros logros recientes. En 1945 Europa estaba en ruinas, empobrecida, hambrienta, surcada por multitudes sin hogar, herida por las masacres y los rencores nacionales, dividida por el encono de la batalla que terminaba, y sin embargo se levantó, se unió, dio ejemplo de paz y convivencia. De eso hay que estar orgullosos, eso hay que defender, incluso recibiendo e integrando las multitudes que huyen de la guerra en Medio Oriente.
Hace treinta años América del Sur estaba cubierta de dictaduras, hoy tenemos gobiernos que responden a las aspiraciones de los pueblos. Hay que estar orgullosos de cómo hemos restablecido el imperio del derecho en Uruguay, Argentina, Brasil, Chile, Perú, Bolivia, etc., y de haber derrotado al terrorismo de estado, aunque la tarea no esté terminada (y tengamos a Fernández Huidobro al frente del Ministerio de Defensa).
Creo que hay que tener presente, no la historia del Imperio Romano y su derrumbe, sino la de la inmensa capacidad que tienen nuestras sociedades, las europeas, pero también las americanas, del norte, sur y centro, de crear instituciones democráticas y de integrar (no sin dolor) a inmigrantes.

Otros verdaderos peligros

El odio djihadista, el odio revolucionario, el nacionalismo xenófobo, no son los únicos peligros que nos amenazan.
PIenso que puedo ser optimista frente a la actual crisis, que puedo esperar que la superemos, apuesto a que esta civilización, este "imperio", no será destruido por un enemigo o circunstancia externos. Europa logrará integrar positivamente la nueva ola inmigratoria de refugiados y se verá mejorada y fortalecida por ella, económica, demográfica y socialmente, surgirá más próspera, más poblada, más unida y sobre todo más justa.
Estoy menos confiado en que nuestra civilización, es decir, las instituciones que nos hacen libres, no sea destruida por su propia lógica interna incontrolable. Porque, con mucha suerte, el desarrollo se puede guiar u orientar, pero no se puede ni detener ni fijar en un estadio ni volver a una situación anterior. Los nostálgicos y los conservadores no dan en la solución.

Creo y apuesto a que vamos a superar la ola de refugiados, las guerras de religión, la agresión rusa, la crisis del euro, los gobiernos cleptocráticos, la deuda griega, la estupidez de Berlusconi y Putin, los abrazos de Fidel con el Papa, pero no sé si superaremos el espionaje generalizado, el colapso de la privacidad, la inteligencia artificial creativa, los objetos conectados y la exacerbación de las desigualdades. La modernidad absorberá todo, el problema es esa modernidad misma, la que los islamistas y otros fanáticos resisten por la puerta del frente, pero que abrazan y adoptan por la ventana del costado, el de las armas, de las comunicaciones, de los bancos, del comercio de armas y de drogas.
Por el momento no nos contemos historias que no vienen al caso de decadencia del Imperio Romano y de bárbaros a nuestras puertas. Los migrantes, los refugiados son tan bárbaros como nosotros, pero con menos suerte, les tocó vivir una guerra.

miércoles, 22 de julio de 2015

Raíces y antepasados

Me escribe un querido amigo, a propósito del Estado Islámico, Boko Haram y otros Al Qaeda:
“Esto es un choque de civilizaciones y en tanto olvidemos que nuestra civilización es la Cristiana Occidental (Toynbee) y que sus raíces son grecorromanas y judeocristianas estamos perdidos. [...]”

¿Raíces judeo cristianas?  ¿Civilización occidental?

Discrepo “radicalmente” con mi amigo. Estoy de acuerdo en la necesidad y la pertinencia de defenderse de los fanáticos, pero diverjo con él en ese asunto muy importante de las raíces. Son cosas profundas puesto que, como la imagen lo sugiere, se hunden en la tierra y pretenden interpretar la matriz de nuestro ser.
Lo primero que debemos tener presente cuando decimos que “nuestras raíces son judeocristianas” es que las sociedades no crecen de sus raíces como los árboles.
Las sociedades evolucionan en un mundo abierto, no determinado. Cambian y evolucionan por desarrollo, pero también por agregados, por mezclas, interacciones, choques y mutaciones bruscas. Los hijos no son iguales a sus padres, no se “deducen” ni “brotan” de ellos, no tienen de nacimiento ni sus virtudes ni sus defectos, se hacen en la vida. Con más razón, las sociedades evolucionan y cambian, pero no se deducen de sus precedentes históricos, no se derivan como una fórmula matemática de su pasado o de su historia. Porque, además, las sociedades no tienen ADN.
Las sociedades cambian por muchos factores: por su propia renovación incesante, por el factor aleatorio de la reproducción sexuada, por los movimientos de pueblos que llevan al contacto no siempre pacífico de culturas, y fatalmente al mestizaje. Las raíces históricas son el pasado, no son nuestra identidad.
No fue de las raíces judeo-cristianas que creció la República laica, fue en ruptura con ellas. Las raíces están presentes, no se desvanecen ni se pierden, pero hay algo más, algo creado después, hay novedades, hay una mutación de nuestra cultura que introduce la libertad, la abolición de la esclavitud, la libertad de la mujer, sus derechos cívicos y sexuales. Hay ruptura y continuidad a la vez. Hay lugar en la República para creyentes y no creyentes, para católicos, judíos, protestantes, ateos y musulmanes que respeten las leyes.
El desafío del fanatismo conquistador y agresivo, que puede ser religioso como en el caso de los islamistas, que puede ser nacionalista como en el caso de los rusos, no se debe enfrentar refugiándose detrás de un altar o bajo las sotanas del cura del pueblo. Se combate sin retroceder, bien plantados sobre nuestros valores de la libertad y de la modernidad, se combate y se vence afirmando y viviendo esos valores, haciéndolos realidad.
Nuestra república es un estado de derecho, inclusivo de todos los que acepten y respeten sus leyes, sin importar el origen, la sangre o la religión. Es eso lo que debemos defender.

Muchas raíces

Sin embargo, en lo de las “raíces judeo-cristianas” hay otra falsedad, tanto en el caso de los españoles como en el de los americanos. En el caso de España, porque la presencia dominante del islam en la Península Ibérica durante siete siglos dejó para siempre una huella en nuestra civilización. Lo atestigua el gran número de palabras de origen árabe en el castellano, los monumentos, la arquitectura. En el caso de América, llamada “Latina” porque las lenguas comunes son de origen latino, las culturas precolombinas, aún hoy presentes y vivaces en muchos dominios, no se pueden ignorar, como tampoco es menor el aporte africano. Varios países de nuestra América tienen lenguas oficiales, al lado del castellano, que son de origen precolombino: por ejemplo, el Paraguay tiene el guaraní, Perú el quechua, el aimara y otras, México tiene 67 lenguas nativas reconocidas como “lenguas nacionales”. ¿Y la raíz judeo-cristiana? Es una entre otras; no se puede negar la historia ni elegir, dentro de la historia, la raíz que más nos gusta.

¿Es posible elegir a sus antepasados?

Hay personas que creen que pueden elegir a sus antepasados, exaltando a unos y negando a otros, y a veces inventándolos. Unos se dicen italianos porque tienen un abuelo italiano, otros se dicen charrúas porque nacieron con la mancha mongoloide.
El hecho es que todos los seres humanos somos descendientes de una serie geométrica de antepasados: dos padres, cuatro abuelos, ocho bisabuelos, dieciséis tatarabuelos, y así sucesivamente. Tenemos una multitud de antepasados, y en el tumulto de la historia hay en esa multitud personas de distintos países, colores, costumbres, culturas y orígenes, sin hablar de virtudes y defectos. Eso es más evidente en un país como Uruguay, poblado casi exclusivamente por migrantes de los países vecinos y de Europa, pues la población precolombina era poco numerosa. Es más, la especie humana actual, según lo que se sabe, se originó en un valle de África Oriental y se difundió por oleadas sucesivas a todo el Planeta, llegando por último al continente americano. Por la información genética que se posee, en cada etapa de ese camino nos cruzamos con las poblaciones que encontrábamos, de especies vecinas (neandertales, floresiensis, denisoviensis) o de nuestra misma especie de otros caminos migratorios.
En los últimos cinco siglos de historia americana no ha sido distinto: las poblaciones se cruzaron y se mestizaron, como sucedió siempre. Lo mismo que en nuestra Banda Oriental.
La verdad es que en nuestra sangre están todos nuestros antepasados, y no solamente algunos, no solo aquellos que nos gustan, los más de moda o más lindos y virtuosos; están todos, con los sufrimientos, los goces, los errores y los trabajos de sus vidas, que de generación en generación culminaron en nosotros. ¿Por qué negar a unos y privilegiar a otros? Todos fueron necesarios, todos están en lo que somos, como nosotros estaremos en las generaciones que nos sucedan.
Otra cosa es analizar los vestigios culturales que dejó cada una de las cepas que se fusionaron en la población, estudiar lo que pervive en nosotros de los guaraníes, de los genoveses, de los mandingas, de los andaluces, de los minuanes, de los gallegos.
La no discriminación por raza, religión, sexo, lengua o credo debe aplicarse también a los antepasados. No elegir a unos y negar a otros.