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domingo, 25 de septiembre de 2016

Burkini y desnudez

Viniendo de Hollywood aceptamos todo tipo de censura vestimentaria. En las películas y en las series hollywoodenses se muestra a las parejas hacer el amor vestidas, por lo menos con corpiño y calzón; la visión de un pezón femenino provoca un escándalo, sin hablar del vislumbre de una mata de pelo púbico, que es inaudito. La excepción ("Game of Thrones") confirma la regla. Sin embargo, la censura del burkini en las playas francesas, es decir del uso de un atuendo integral que cubre el cuerpo de la cabeza a los pies en un estilo muy específico codificado por los doctores del islam radical, escandalizó a la izquierda bienpensante.
La ley francesa puso orden inmediatamente y las ordenanzas municipales que prohibían o multaban el burkini fueron anuladas por los tribunales administrativos; intervino en ese sentido hasta el Consejo de Estado, máxima instancia administrativa del estado francés.
Muy bien, estamos de acuerdo y defendemos la idea de que la radicalización islamista y el terrorismo no pueden combatirse violando las leyes.

Pero ¿de qué se trata este asunto del burkini?

No olvidemos que en Francia está permitido el "topless" (que se usa cada vez menos, por razones relacionadas con la presencia creciente del islam radical, pero no solamente, también hay un cambio en la moda), y en algunas playas era corriente el desnudo integral, aunque ahora ese espacio se ha reducido hasta casi desaparecer. Las leyes en eso no han cambiado. Lo que ha cambiado es otra cosa, es que ha aparecido una fuerte corriente represora y violenta contra las mujeres que incide en la comportamiento libre de estas.
Pocos días después del atentando de Niza del 14 de julio, que produjo 86 muertes y 434 heridos, se produjeron peleas a trompadas en algunas playas entre hombres franceses locales del lugar y magrebíes que acompañaban a mujeres usando la prenda, símbolo y bandera de las ideas y del movimiento que habían provocado la matanza. Una amiga mía presenció una de esas grescas en una playa corsa. Algunos de los alcaldes que prohibieron el burkini lo hicieron por razones de orden público, para evitar enfrentamientos y quizás muertos y heridos. No les faltaba motivo, aunque hubieran debido respetar la ley, y desde las instancias superiores los llamaron al orden. El ambiente estaba muy caldeado, cosa fácil de entender luego de la serie de atentados, de enero en Charlie-Hebdo y el Super Cacher, de noviembre en el Bataclan, de julio en Niza.

El burkini no es una moda como cualquier otra

Es muy equivocado pensar que el burkini es una moda como cualquier otra, una pose en la vestimenta, un gusto en el vestir, un modo de expresar una peculiaridad o una rebelión contra un prejuicio. El Primer Ministro, el socialista Valls, dijo: «Le burkini n’est pas une nouvelle gamme de maillots de bain, une mode. C’est la traduction d’un projet politique, de contre-société, fondé notamment sur l’asservissement de la femme» ("El burkini no es una nueva gama de trajes de baño, una moda. Es la traducción de un proyecto político, de contra-sociedad, basado entre otras cosas en el sometimiento de la mujer"). Se trata de provocar, de exhibir su sumisión. Es el odio a la libertad, el odio a Francia que se manifiestan.
Coincido en eso con él, el burkini expresa una concepción y un proyecto político, pero la cosa me parece que va más allá: sacar a pasear por las playas de Francia, herida por los atentados, la bandera del Estado Islámico --porque eso es el burkini-- es una invitación a la batalla, es una provocación para que se produzcan enfrentamientos y violencias.
Y provocar enfrentamientos entre franceses de distintas confesiones religiosas está en la directa línea de la política del Estado Islámico, es su objetivo principal. Sus atentados no apuntan contra los monumentos o los edificios símbolos de la nación francesa, sino a provocar la lucha fratricida entre distintas comunidades, a avivar la llama de una guerra civil, a crear una división sangrienta en la sociedad enfrentando franceses musulmanes contra franceses no musulmanes, además de castigar a los que ejercen las libertades que ellos odian.

No entrar en la espiral de violencia intercomunitaria

El escudo de la unidad social es el respeto de la ley; pensemos lo que pensemos del burkini, no hay que caer en la invitación a la violencia. Nada serviría mejor a los intereses del Estado Islámico que una mujer musulmana sea agredida en una playa francesa, o para el caso, incluso solamente multada o expulsada. La autoridades restablecieron el imperio de la ley, que garantiza la libertad de vestirse como se quiera, y la población debe tener la madurez de abstenerse de descargar su indignación sobre lo primero que se cruza que parece representar al enemigo. El verdadero enemigo es el fanatismo, es el odio a la libertad, especialmente el odio a la libertad de la mujer.

El camino para enfrentar al fanatismo asesino pasa por la afirmación de los valores republicanos, por la libertad, la tolerancia y el respeto de la ley; la vía necesariamente pasa por el ejercicio de las libertades, y por el desprecio y la condena del fanatismo y la violencia. Pasa por la fraternidad con los miembros de la comunidad musulmana agredidos también, y quizás más, por la prepotencia jihadista.

Fuentes

Le tribunal administratif de Lille a suspendu l’arrêté dit « anti-burkini » du Touquet (Pas-de-Calais) que le maire Les Républicains avait maintenu malgré une décision du Conseil d’Etat jugeant ce type de décisions attentatoire aux libertés, dans une décision consultée par l’AFP vendredi 9 septembre.
« Les arrêtés litigieux ont ainsi porté une atteinte grave et manifestement illégale aux libertés fondamentales que sont la liberté d’aller et venir, la liberté de conscience et la liberté personnelle », a expliqué le tribunal administratif dans son ordonnance.
Une décision « logique et cohérente dès lors qu’on fait une analyse juridique », s’est félicitée l’avocate de la Ligue des droits de l’homme Marie-Hélène Calonne qui avait attaqué la ville du Touquet. « Il n’y a pas de troubles à l’ordre public qui justifient cette mesure de police », a-t-elle ajouté.
Dans sa décision, le juge administratif rappelle qu’aucun cas de personne portant un burkini n’avait été signalé sur les plages de cette station chic du nord de la France. « Dans ces conditions, le maire ne pouvait, sans excéder ses pouvoirs de police, édicter des dispositions qui interdisent l’accès à la plage et la baignade alors qu’elles ne reposent ni sur des risques avérés de troubles à l’ordre public ni, par ailleurs, sur des atteintes établies à l’hygiène, à la décence ou à la sécurité de la baignade », explique-t-il.
Le 26 août, le Conseil d’Etat avait mis un coup d’arrêt aux interdictions du burkini, à l’origine d’un débat fiévreux en France, en rappelant les maires au « respect des libertés garanties par les lois ». La plus haute juridiction administrative française avait souligné avec insistance qu’une restriction de l’accès aux plages ne pouvait être justifiée qu’en cas de « risques avérés » pour l’ordre public.

Après Cannes et Fréjus, la justice a suspendu, jeudi 1er septembre, l’arrêté de la mairie de Nice interdisant l’accès aux plages aux baigneurs portant des vêtements religieux, conformément à une décision rendue la semaine dernière par le Conseil d’Etat. Le maire avait signé le 19 août cet arrêté dit anti-« burkini » en invoquant notamment l’émotion soulevée par l’attentat qui a fait 86 morts le 14 juillet sur la promenade des Anglais et des risques de troubles à l’ordre public.

Alain Juppé (candidato a la candidatura presidencial de la derecha) : « Si nous continuons comme ça, nous allons vers la guerre civile »

Una amiga me escribe (el 16 de agosto 2016):
“Il y a deux jours des Magrébins et des Corses se sont battus sur une plage du Cap Corse car le fait que les femmes portaient des “burkini”, genre maillots qui couvrent tout le corps des femmes, n’était pas du gout de la population locale. Le Maire en a interdit le port, la loi signale qu’on est libre de s’habiller comme on veut, mais je pense que dans ce cas de figure, il ne s’agit pas de cela, il s’agit de provoquer, comme ces femmes le font avec le voile intégral, de provoquer la population et ses habitudes de vie, de montrer la haine de la France. Oui bien sûr la soumission de la femme, mais certaines de ces femmes sont des militantes qui considèrent les signes extérieurs de la soumission comme des oriflammes de leur haine. [...] Je suis tout à fait d’accord avec ton article sur le patriotisme et la fierté d’être française, européenne et dans mon coeur aussi sud-américaine! Respecter tous ceux qui pendant des siècles (et je suis en train de lire Rabelais qui est formidable et si moderne) se sont battus pour que nous ayons ce que nous avons comme liberté et autres valeurs éclairées. [...] Ce sont les femmes qui doivent porter les messages de paix et d’amour et l’éducation qui doit le leur permettre. Donner un droit de vivre en France à tous les réfugiés qui acceptent de partager nos valeurs, les instruire de ces valeurs en particulier les femmes, [...]”

El 29 de julio, Mohand Dehmous, argelino nacido en Kabilia y empresario en Francia desde hace muchos años, activista de izquierda y hombre de radio, escribe:
“il faut dire (aussi) que la gauche a été un acteur majeur dans cette affaire (la gestion de l’islam par les gouvernants). Jusqu’en 1980, les immigrés et leurs enfants n’aspiraient qu’à s’intégrer dans la société française... Mais tout un courant d’idéologues de la gauche au pouvoir est venu leur expliquer qu’ils étaient différents. Et qu’il fallait que la France respecte cette différence. Vous imaginez le môme, il est né ici et dès la naissance on commence par lui expliquer qu’il est différent ! En réalité, ce “droit à la différence” qui apparaissait comme quelque chose de positif a marginalisé ces Français issus de l’immigration. La marche des Beurs qui a marqué l’avènement de cette génération dans l’espace public, n’était pas organisée pour revendiquer le droit à la différence, mais pour dire que nous étions français et que nous voulions notre place dans cette société comme tout le monde! Toute l’armada politique, SOS Racisme en tête, est responsable de l’enfermement de la jeunesse des banlieues. Elle l’a livrée à la mouvance islamiste qui investissait peu à peu ces territoires et leur expliquait que oui ils étaient musulmans et n’avaient rien à voir avec ce pays”

viernes, 30 de octubre de 2015

Una apuesta por Europa

Una afluencia excepcional de refugiados de la guerra en Medio Oriente asalta el flanco sur de la Unión Europea. Cientos de miles de personas de toda edad y condición intentan huir de la destrucción y la muerte que siembra el avance del Estado Islámico (ISIS, Islamic State of Irak and Syria, o Daech, por su sigla en árabe) y de la guerra civil siria por derrocar a Bachar Al Asaad, dos guerras que se entrecruzan y superponen en una región surcada por una red compleja de alianzas y antagonismos nacionales y religiosos.
La crisis presiona sobre las fracturas políticas e ideológicas en cada país de la UE y solicita un posicionamiento de cada partido y corriente de pensamiento.
Comento tres artículos relacionados con esto:
1 - De Arturo Pérez Reverte: "Los godos del emperador Valente", 13 de setiembre 2015.
2 - Del sociológo Alain Touraine “Le souveranisme haineux équivaut au djihadisme”, 21 octobre 2015.
2 - De un anónimo: "The mystery of ISIS" New York Review of Books, Aug 13, 2015.

Pérez Reverte y la nostalgia conservadora

El artículo de Arturo Pérez Reverte "Los godos del emperador Valente", empieza así:
"En el año 376 después de Cristo, en la frontera del Danubio se presentó una masa enorme de hombres, mujeres y niños. Eran refugiados godos que buscaban asilo, presionados por el avance de las hordas de Atila." Sigue relatando Pérez Reverte que aquellos refugiados comprobaron que el Imperio era débil y corrupto; dos años después mataron al emperador y destrozaron su ejército; noventa y ocho años después depusieron al último emperador.

Es fácil imaginar adónde apunta y cuál es la moraleja de la fábula histórica.
Pérez Reverte mira con pesimismo la crisis actual, la compara con el fin del Imperio Romano, predice la derrota, nuestra derrota: "estas batallas, esta guerra, no se van a ganar, ya no se puede." Porque, considera, nuestra civilización no tolera las atrocidades que serían necesarias para detener la invasión de migrantes, y ellos vienen a matarnos, necesariamente a matarnos, a matar nuestra civilización, nuestro "imperio". Predice un futuro "caótico, violento y peligroso", y quiere educar a la juventud para hacerle frente.

No hay que ser extralúcido para percibir la violencia y el caos en nuestra sociedad actual. Miles de jóvenes europeos se alistan en las filas djihadistas, otros incendian automóviles o hacen cosas peores. Esa violencia nace de las fracturas internas actuantes en las sociedades. En América, del sur, del norte y del centro proliferan las bandas, las maras, los narcotraficantes, los delincuentes, las guerrillas.
El primer gran error de Pérez Reverte es considerar a Europa como una civilización aislada, un "imperio", como él lo llama, en decadencia.
Pero ni es un imperio ni está aislada. Comparte la civilización y los problemas con un vasto mundo, que incluye toda América y algunos países de Asia y Oceanía.
Los inmigrantes en Europa son un desafío y una oportunidad. Europa es capaz de hacer frente a la actual ola de candidatos al asilo. Alemania afrontó y triunfó en el desafío de la reunificación, más vasto y más costoso que la actual crisis.
En esta situación los actos de Angela Merkel, François Hollande y Matteo Renzi muestran a dirigentes decididos, a la altura de las circunstancias, encarnando los valores que le dan sentido a la Unión Europea.

Pérez Reverte sí tiene razón en afirmar que la Unión Europea no puede reaccionar como lo haría un imperio, pero no porque esté en decadencia, sino porque no es un imperio. Hace mucho tiempo que no lo es. La UE es una república, una unión de repúblicas, no un imperio. La comparación con el Imperio Romano es completamente inapropiada, como lo es la comparación con el Imperio Británico o Español. No ser un imperio no significa "estar en decadencia". El Imperio se terminó, no hay imperios en el mundo de hoy, ni siquiera Estados Unidos se puede considerar uno, y no actúa como tal. La hegemonía militar no alcanza para constituir un imperio. El hecho de que EE.UU. no actúe como un imperio contribuyó a sembrar el caos en la periferia de Europa, pero ese es otro tema. (Ver en mi blog: Imperios de antes y de ahora.) Esto, nos guste o no, y a mi me gusta, es un hecho.

La UE es un conjunto de repúblicas con una integración plural, mayormente laicas, pluralistas y democráticas. La política interna es complicada y contradictoria, y una intervención militar para masacrar a civiles desarmados o simplemente dejarlos hundirse y ahogarse en el Mediterráneo es impensable. Pero no porque esté en decadencia, sino todo lo contrario.
Lo que puede matar a la civilización europea, a todo el "imperio", a toda la civilización democrática, laica, mercantil, industrial, literaria, científica, artística de Europa, América y Asia, no es la ola de inmigrantes, sino los propios conflictos internos y la falta de fe en los valores fundadores. Cerrar la puerta a los migrantes es más peligroso para Europa que abrirla, porque seria traicionar sus principios. Hay que levantar el desafío y resolverlo. No aceptarlo sí que pondría en peligro a Europa, al "imperio", como dice tan pérfidamente Pérez Reverte.

El verdadero peligro viene de adentro

El sociólogo francés Alain Touraine lo dice sin ambages en el segundo artículo que quiero comentar: el soberanismo xenófobo equivale al djihadismo.
Hay un peligro y una amenaza reales, pero no vienen de los que buscan refugio, o una vida mejor, en Europa. La mayor amenaza a la Unión Europea es el egoísmo nacional y la xenofobia en ascenso en distintos países, junto con el progreso electoral de la extrema derecha. La amenaza rampante es el estancamiento de la unión política, sin la cual el euro cojea y cojeará siempre. La unión política sufrió un revés mayor con el fracaso del tratado constitucional de 2005, por el resultado negativo del voto francés. Los artífices de esa derrota, de ese fracaso, fueron los soberanismos de izquierda y de derecha. En Francia presenciamos una confluencia de la extrema derecha y de la extrema izquierda que se pusieron de acuerdo para torpedear el avance de la Unión. La extrema derecha xenófoba es una fuerza en ascenso también en otros países, como Polonia o Hungría.
En Francia concretamente, la opinión es reticente respecto a la solidaridad europea, un sondeo lo muestra: Francia es más reacia que otros países a recibir inmigrantes.
La amenaza toma cuerpo en la falta de solidaridad entre los países de la Unión para afrontar esta emergencia de los refugiados de guerra, cada uno quiere salir por la suya, dejando el problema a otros, a los mismos a quienes después piden ayuda y colaboración económica.
En Hungría, el gobierno parece creer que el problema se soluciona erigiendo un muro para que los migrantes no entren, dejando que los demás países se las arreglen con los que llegan a sus costas. Hay miles acampados en Calais, en el norte de Francia, esperando para pasar a las Islas Británicas, llegan decenas de miles a las costas italianas o son rescatados en el mar, se agolpan en Grecia, intentando llegar a Alemania.
Estoy de acuerdo con Alain Touraine, el djihadismo y la xenofobia son simétricos, comparten una misma ánima, se equivalen y complementan, se necesitan mutuamente.

El Odio

El tercer artículo que quiero comentar es :"The mystery of ISIS" NYRB Aug 13, 2015. por Anonymous, (una persona que no quiere revelar su nombre). Tiene que ver con lo anterior, es otra crisis que se empalma con la de los migrantes.
Luego de leer este artículo sobre el Estado Islámico (ISIS, Islamic State of Irak and Syria o Daech, por sus iniciales en árabe) que pinta un cuadro escalofriante del estado de cosas, queda flotando una pregunta: ¿cómo se explica el ascenso y el atractivo del ISIS? ¿Cómo pudo atraer veinte mil voluntarios djihadistas venidos de todo el mundo entre 2012 y 2014, originarios de todo tipo de países y sectores sociales?
Los hechos nos ponen en presencia de la ferocidad y el tesón de un lado, el de los djihadistas, y la ausencia dramática de voluntad de combatir del otro, el del ejército de Baghdad.
La insurgencia del ISIS contradice los principios estratégicos clásicos de la ‘Guerra Prolongada’ de Mao: el ISIS controla territorio y acepta, qué digo, busca la batalla frontal con el ejército regular del enemigo, y además lo hace con éxito, todo lo contrario de lo que Mao aconseja en sus libros y de lo que él mismo practicó en las distintas etapas de sus guerras contra los caudillos militares, los japoneses y el Kuomintang. En las ciudades y territorios que controla, lejos de tratar de ganarse el favor de la gente, Daech oprime y aterroriza a la población, provoca éxodos, comete masacres, multiplica el horror a extremos que repugnan hasta a los talibanes, restablece la esclavitud y la violación de menores. "Engendros satánicos" denunciados por los doctores del Islam, pero con un vigor asombroso.
El articulista anónimo no encuentra la explicación de este ascenso, de esta victoria, de esta epidemia de odio, y confieso que yo tampoco. Simplemente me veo obligado a constatar que la sociedad mercantil moderna es una inmensa fábrica de odio, donde impera el desprecio y el ninguneo.
No encuentro la explicación de esto, puedo solamente especular sobre el origen y la causa:
Se puede atribuir la generación de odio a la desigualdad abismal de ingresos, polarización creciente, o a la actitud de arrogancia, al frío desprecio egoísta de los ricos, de los exitosos en el sistema, quienes se han autoconvencido de que sus privilegios y su éxito son merecidos, de que su superioridad social es natural e inherente a sus personas, cuando es, en realidad, el resultado del juego de dados del mercado, el producto de la vida en nuestra sociedad, cuyas jerarquías se sortean casi siempre por el azar del nacimiento. La suerte en nuestra sociedad recuerda el cuento ‘La lotería de Babel’, de Jorge Luis Borges.
Puedo especular también que en la feroz obsesión anti femenina del radicalismo islámico, así como en la creciente ola de feminicidios y de violencia doméstica en nuestro país (otra expresión de odio), se reconoce la ‘peste emocional’ que describía el psicoanalista Wilhelm Reich, el teórico de la “revolución sexual”: un Complejo de Edipo no encarado, una pequeñez rencorosa y vengativa, que suscita violencia y ‘sublimación’ religiosa. Pido perdón por la salida freudiana.
Por último, quizás el odio djihadista sea pariente del odio revolucionario. Hay quien ve en el odio la fuerza que mueve la Revolución, es decir, la destrucción total del orden y del régimen imperante, y de la Redención (con mayúscula) de la sociedad. Hay un tufillo religioso en la fe revolucionaria. Creen que si hacemos la Revolución todos los odios se verán saciados, la bolsa de odio se habrá vaciado y podremos vivir felices para siempre en un mundo de paz y amor. La prédica revolucionaria es una justificación de la guerra, En eso se parece al djihadismo.

Nacionalismo versus patriotismo

En contrapunto, en oposición con todos los odios está la falta de amor y el pánico conservador y pesimista de Pérez Reverte, quien machaca con las 'raíces judeo-cristianas', a las cuales agrega las del islam para que quede lindo, llama 'imperio' a la Unión Europea y clama que nos invaden, que estamos terminados, que el mundo de los DD.HH., de la prosperidad y el bienestar se hunde, se hundirá seguramente bajo el peso de las invasiones bárbaras, como sucedió con el Imperio Romano.
Lo que me preocupa de Pérez Reverte no es su ataque de pánico. No me preocupa que profetice catástrofes desde las alturas de su conocimiento de la historia ni que confunda a la UE con un imperio ni que limite la civilización cuestionada a Europa occidental, cuando la misma se extiende también por América y Asia. Lo que sí me preocupa es su falta de amor por la civilización real en la que vivimos, amor que reserva para un pasado imaginario de gloria, mientras considera al presente pura decadencia y desencanto. Le falta un amor que yo llamo patriotismo, o sea el orgullo y la disposición a luchar por las instituciones que nos hacen libres. Le llamo patriotismo a ese amor, a ese orgullo y a esa disposición combativa, por oposición al nacionalismo, que es otra cosa, como muy bien lo explica Maurizio Viroli en su libro “Per amore della patria”.
Lo que me preocupa es la carencia de patriotismo frente al odio djihadista, al odio que niega todo, vitupera y denuesta, califica con adjetivos hirientes, desprecia y mata con la palabra y la espada la realidad de nuestra civilización, trabajosamente alumbrada por los siglos. Falta de amor a las instituciones que nos hacen libres, libres en el pensamiento, libres en la palabra, libres en la opción sexual. Falta de orgullo patriótico por las conquistas de los últimos 50 años.
No es del pasado de guerras, de conquistas y clarines de lo que hay que estar orgullosos, hay que ufanarse de nuestros logros recientes. En 1945 Europa estaba en ruinas, empobrecida, hambrienta, surcada por multitudes sin hogar, herida por las masacres y los rencores nacionales, dividida por el encono de la batalla que terminaba, y sin embargo se levantó, se unió, dio ejemplo de paz y convivencia. De eso hay que estar orgullosos, eso hay que defender, incluso recibiendo e integrando las multitudes que huyen de la guerra en Medio Oriente.
Hace treinta años América del Sur estaba cubierta de dictaduras, hoy tenemos gobiernos que responden a las aspiraciones de los pueblos. Hay que estar orgullosos de cómo hemos restablecido el imperio del derecho en Uruguay, Argentina, Brasil, Chile, Perú, Bolivia, etc., y de haber derrotado al terrorismo de estado, aunque la tarea no esté terminada (y tengamos a Fernández Huidobro al frente del Ministerio de Defensa).
Creo que hay que tener presente, no la historia del Imperio Romano y su derrumbe, sino la de la inmensa capacidad que tienen nuestras sociedades, las europeas, pero también las americanas, del norte, sur y centro, de crear instituciones democráticas y de integrar (no sin dolor) a inmigrantes.

Otros verdaderos peligros

El odio djihadista, el odio revolucionario, el nacionalismo xenófobo, no son los únicos peligros que nos amenazan.
PIenso que puedo ser optimista frente a la actual crisis, que puedo esperar que la superemos, apuesto a que esta civilización, este "imperio", no será destruido por un enemigo o circunstancia externos. Europa logrará integrar positivamente la nueva ola inmigratoria de refugiados y se verá mejorada y fortalecida por ella, económica, demográfica y socialmente, surgirá más próspera, más poblada, más unida y sobre todo más justa.
Estoy menos confiado en que nuestra civilización, es decir, las instituciones que nos hacen libres, no sea destruida por su propia lógica interna incontrolable. Porque, con mucha suerte, el desarrollo se puede guiar u orientar, pero no se puede ni detener ni fijar en un estadio ni volver a una situación anterior. Los nostálgicos y los conservadores no dan en la solución.

Creo y apuesto a que vamos a superar la ola de refugiados, las guerras de religión, la agresión rusa, la crisis del euro, los gobiernos cleptocráticos, la deuda griega, la estupidez de Berlusconi y Putin, los abrazos de Fidel con el Papa, pero no sé si superaremos el espionaje generalizado, el colapso de la privacidad, la inteligencia artificial creativa, los objetos conectados y la exacerbación de las desigualdades. La modernidad absorberá todo, el problema es esa modernidad misma, la que los islamistas y otros fanáticos resisten por la puerta del frente, pero que abrazan y adoptan por la ventana del costado, el de las armas, de las comunicaciones, de los bancos, del comercio de armas y de drogas.
Por el momento no nos contemos historias que no vienen al caso de decadencia del Imperio Romano y de bárbaros a nuestras puertas. Los migrantes, los refugiados son tan bárbaros como nosotros, pero con menos suerte, les tocó vivir una guerra.

domingo, 5 de julio de 2015

La guerra por los senos desnudos

“L’Ouest a gagné la guerre froide par le jazz, les Beatles et les seins nus autant que par la force financière et militaire.” (El Oeste ganó la guerra fría por el jazz, los Beatles y los senos desnudos tanto como por la fuerza financiera y militar)
Régis Debray en una entrevista, 17 de julio de 2014.

La_libertad_guiando_al_pueblo_(1830).jpg
Eugène Delacroix La libertad guiando al pueblo (1830)

Una amiga, angustiada por el avance del fanatismo religioso, me escribía: “Da la impresión de que el mundo civilizado, que incluye a los musulmanes y a los judíos, está mirando impotente un fenómeno más extraño que una invasión de marcianos. ¿Dónde estuvo el huevo de esta serpiente? ¿Cómo y por qué se incubó y nació con tanto poder de hacer daño?”.
Yo respondí: “La bandera negra en torno a la cual se agrupan los bárbaros es el odio de la mujer, la voluntad de esclavizarla y rebajarla. Creo que es por la libertad de la mujer en la sociedad moderna que se libra la guerra en curso.”
Ella manifestó sus dudas : “Sí, en parte es el odio a la mujer. [...] No es lo único, pero es algo que empuja a las bestias de EI”.

Pero yo insisto.
Lo que molesta de la modernidad a los fanáticos religiosos del mundo entero no es la tecnología, de la cual usan y abusan bajo la forma de celulares, televisores, videocámaras, vehículos todoterreno, aviones y armas de todo tipo, cuanto más sofisticadas mejor, lo que les molesta, digo, de la “cultura occidental”, concepto que abarca algo muy vago y muy amplio, que cubre desde la producción de Hollywood hasta el Quijote, desde los fármacos y las drogas hasta el cante flamenco y el alpinismo, es el rol y la importancia creciente del personal femenino, que se viste más o menos como quiere, que hace más o menos lo que quiere. Digo “más o menos” porque ya sabemos el rol preponderante que juega la moda y la imagen en lo que hacemos. En todo caso, lo que decide del atuendo y la conducta de las mujeres (y de los varones) no es el código religioso, sino otro código, variable y cambiante, arbitrado por cada persona, y en absoluto sagrado. Digamos en una palabra, libre.

La moral ha dejado el terreno de la conducta sexual y se ha concentrado en la ética de las relaciones interpersonales. Es inmoral robar y mentir, pero no lo es tener relaciones sexuales consentidas con una persona de paso. Un vestido puede ser calificado como “de mal gusto” o “pasado de moda”, pero no de “blasfemo” o “inmoral”. Lo sagrado es la persona humana, y sus derechos son intangibles, pero no son sagrados ni intangibles los textos religiosos, que están sujetos a libre examen.
Y, muy importante, somos universalistas. Esto quiere decir que los Derechos Humanos son de todos, sin distinción de raza, sexo, edad, lengua, religión y país de origen. La mutilación y la tortura están mal en todos lados, no me importa que sea Somalia o Pocitos. El universalismo es una herencia preciosa que nos queda de la Ilustración, aunque hayamos puesto muchos bemoles al fatalismo del progreso.

A los fanáticos les molesta la laicidad del Estado, pero aún más la laicidad de las costumbres. La laicidad de las costumbres y del Estado vienen del brazo de la laicidad del pensamiento, es decir sometido a un criterio de verdad que no es (más) religioso; una afirmación tendrá que ser demostrada (de alguna manera), y no será verdadera simplemente por la autoridad de quien la dijo, un Padre de la Iglesia, un Papa, un Ayatollah o un Imam. La verdad salió del dominio de la religión. Es lo que reconocemos como parte indisociable de la modernidad.
La libertad individual, y sobre todo la libertad individual de las mujeres, es lo que molesta a los fanáticos religiosos. Los creímos derrotados, desbandados y en vía de desaparición, pero hoy se han levantado como zombis asesinos, sembrando el terror.

¿Y el petróleo, no es el verdadero motivo, la puesta en juego en esta guerra? El petróleo es el nervio de ella en ambos sentidos, uno, el de ser la energía que la mueve y anima, y dos, el de ser lo que la repercute y refleja (*). Es decir que las fuerzas militares en presencia necesitan vitalmente del petróleo para moverse y para financiarse, y también que los vaivenes de la lucha se sienten en los precios y en el abastecimiento de los mercados.
Pero el motivo, el alma de la guerra en curso es la oposición a la emancipación femenina, es el horror que provocan en los fanáticos los senos desnudos de las mujeres libres.

(*) Si alguien duda de esto que lea la página de ASPO (Association for the study of Peak Oil & Gas) o el informe semanal, la Newsletter de ASPO-USA.

lunes, 4 de mayo de 2015

Sobre un artículo de E. Goligorsky. Ateísmo, creencias, religión .. y yo

Recomiendo la lectura del artículo de Eduardo Goligorsky en Libertad Digital, “Creer o no creer”, al cual sentí la necesidad de adjuntar el siguiente comentario:

Creencias de varios tipos

Necesito distinguir “creencia”, tanto de “religión” como de “creencia en lo sobrenatural”.
Hay creencias de varios tipos, que comprometen la mente y el corazón de distinta manera.
Por ejemplo, hablamos de ateísmo, y yo soy ateo del Dios de los católicos, del de los judíos y del de los musulmanes, Dios, Jehová, Allah. Hay otros dioses, un “algo” que circula por el Universo haciendo de las suyas, en el cual (no quise poner “quien”) ni creo ni descreo, sino que me encojo de hombros, intrigado: soy agnóstico. En síntesis, como me gusta decir, soy ateo del “alguien” y agnóstico del “algo”.
Aún así, podría creer en fenómenos paranormales o sobrenaturales, pero eso es aún otra cosa.

Creer en valores

Para contestarle a Voltaire, a través de Goligorsky, se puede no tener religión y tener valores, y creer en ellos. Los que enumera Goligorsky: amor al prójimo, abnegación, compasión; son valores en los cuales “creemos”, y a pie juntillas. Incluso uno puede juzgar lo nocivo o lo beneficioso de una religión según cómo y cuánto promueve esos valores, sin entrar a juzgar sobre la veracidad o falsedad de las leyendas que la sustentan.

Creer en las leyendas

Llegamos a las leyendas: otro punto, y que tiene que ver también con las religiones que no se declaran como tales, que no son las menos peligrosas. La creencia en las leyendas, me refiero a la Biblia, el Corán, el Mahabharata, la Historia Patria, el martirio de los vascos bajo el yugo español, el destino emancipador del proletariado, etc. La creencia en las leyendas, digo, es piedra fundamental de las religiones declaradas (catolicismo, etc.) y de las no declaradas, es decir, los variados nacionalismos y socialismos que mueven a las multitudes alrededor nuestro.

Los relatos fundadores

Los relatos fundadores de las religiones son muchas veces apasionantes, fuentes de profunda sabiduría y escuela de vida, esto es, si uno los interpreta, si no los toma al pie de la letra. Se puede leer el Génesis con pasión y no afirmar que el mundo fue creado hace seis mil años. Creo en el Génesis como creo en Don Quijote. (Es por eso que no escribo “dios” con minúscula, como lo hacía Don José Batlle y Ordóñez; pienso que, como “Don Quijote”, como “Harry Potter”, “Dios” se escribe con mayúscula.)
A propósito, un gran escritor, es decir, un gran fabricante de relatos y leyendas, Vladimir Nabokov, se indignaba por cómo trataba Cervantes a Don Quijote. Él creía en Don Quijote, hablaba de él como de una persona, calumniada, maltratada por Cervantes. ¿Nos reímos, estaba equivocado?

El Mundo III de Karl Popper

No lo creo. Los personajes de la literatura, los protagonistas de los relatos, existen. Tienen un lugar en el mundo de las ideas y de los productos del pensamiento humano, son una realidad en el “Mundo III” de Karl Popper, que es tan real como los otros dos. El teorema de Pitágoras existe sin Pitágoras, sin mí, sin cada uno de los matemáticos que sabe demostrarlo. Don Quijote existe en ese mundo, anda sobre su Rocinante, flanqueado por su fiel escudero Sancho Panza, desfaziendo entuertos.
Yo creo en eso. ¿Es una creencia en lo sobrenatural? Quizás lo sea, en sentido estricto.

domingo, 25 de enero de 2015

Charlie-Hebdo: está todo perdonado

“Tout est pardonné” : Interpretación y comentario

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¿De quién se trata en este dibujo?

El personaje dibujado, (que puede ser visto como Mahoma, pero también como cualquier musulmán saudí wahaabita), con su cartel de “Je suis Charlie” y la lágrima que denota arrepentimiento, puede representar a todos los que sufrieron los asaltos de los agudos lápices de Charlie-Hebdo, a los que fueron objeto de sus ironias aceradas. Puede representar sin duda también a todos los políticos famosos que se pusieron a la cabeza de la multitud con sus carteles de “Je suis Charlie”.

¿Dónde está el chiste?

“Tout est pardonné” se traduce como “Está todo perdonado”. Nosotros entendemos: todo está perdonado, tanto de un lado como del otro, desde los asesinatos de periodistas y funcionarios perpetrados por los terroristas, hasta las burlas antireligiosas y las insolencias que la revista Charlie-Hebdo profiere cada semana. Sobre la sangre inocente derramada, todos saciados, todos vengados, todos arrepentidos, todos perdonados. Despues de la hecatombe, el perdón. Las Euménides después de las Erinias.
La carátula nos invita, pues, a imaginar una gran reconciliación de todos con todos, hasta con los más feroces enemigos. Después de los atentados que diezmaron a su redacción y que dejaron tendidos en un charco de sangre a su director y otros dibujantes, entre otros custodios, policías y periodistas, Charlie-Hebdo hace una broma, anuncia un ficticio perdón, compromete a una autoridad religiosa, que además imagina arrepentida. Cuando terminamos de descifrar este mensaje, nos sube una risa amarga, una carcajada ahogada por un sollozo.

Risa amarga

Una risa gatillada por la diferencia descomunal, por la desproporción grotesca entre un crimen sangriento y una sátira, aunque ésta sea de mal gusto. Una risa amarga porque sabemos que no es cierto, que nada está perdonado, que el humor sigue condenado a muerte, que los fanáticos no están dispuestos a respetar la libertad de crítica y de expresión, que seguirán matando y secuestrando, que seguirán cortando cabezas de librepensadores. Una risa amarga porque  la reconciliación y el respeto de la libertad de pensamiento es un bello sueño, y nada más.
Nadie tiene dudas de que la tapa de Charlie es un chiste, que no es cierto, que los fanáticos no están arrepentidos, que seguirán intentando amordazar por todos los medios a la expresión crítica, así como es seguro también que los humoristas de Charlie-Hebdo seguirán, si pueden, con sus dibujos y sus chistes irreverentes, sin respeto por los monstruos sagrados del Estado y la Religión. Los fanáticos, y no solo ellos, seguirán persiguiéndolos, haciéndoles juicio, tratando de asfixiarlos financieramente, ignorándolos, ninguneándolos o algo peor, más allá de esta corta tregua y fugaz simpatía.

La gran misa republicana

Las manifestaciones espontáneas y el liderazgo de Holllande

La gran misa republicana que se ofició en Francia en los dias siguientes, en especial el domingo 11 de enero en París, fue un suceso extraordinario, un hecho histórico, pero hace falta desentrañar su significado, más allá de su magnitud impresionante.
Hollande, Sarkozy, Abbas, Netanyahou, Marine Le Pen, el Papa, el Gran Mufti y el Gran Rabino, y todos los que fueron blanco de las sátiras sangrientas (en el sentido figurado, por favor no confundir) de Charlie-Hebdo, ese día “fueron Charlie”.
El cartel “Je suis Charlie” era llevado por muchos de los personajes que los lectores del semanario ya conocían por las caricaturas crueles y los chistes irrespetuosos que los tenían como blanco predilecto, chistes agudos e inteligentes, de esos que duelen porque hacen pensar.
La presencia en persona o en mensaje de esas personalidades y jefes de Estado intriga porque todo indica que se les importa un rábano de Charlie-Hebdo, y habían hecho muy poco frente a las amenazas, presiones y atentados sufridos por el semanario con anterioridad.
La explicación de este fenómeno está, creo yo, en el hecho de que detrás de ellos venían otros cinco millones de personas. Y esos cinco (tres, cuatro, seis, qué sé yo) millones de personas, es gente a quienes los que iban adelante, en esa primera línea de famosos y potentes, quieren agradar y conducir. Buen olfato politico, Hollande y sus colegas. Las manifestaciones espontáneas empezaron el día mismo de los atentados y el hashtag #JesuisCharlie se propagó como un relámpago de indignación, lanzado por un periodista de otra publicación, Joachim Roncin. La presidencia francesa asumió el liderazgo citando la manifestación del domingo 11, poniendo los recursos del estado en acción, y no hay que olvidar que esto sucede en el contexto de los desafíos del Estado Islamico y de Boko Haram, que son un candente problema de estado en toda Europa.

¿Por qué la multitud?

Seguramente la mayoría de las personas que acompañaron la manifestación y exhibieron un Je suis Charlie, nunca en sus vidas habían leído el semanario; y es posible y probable que de haberlo leído se habrían sentido ofendidos y disgustados. No por casualidad. Charlie-Hebdo era y seguirá siendo una publicación atea y antireligiosa combativa, minoritaria a sabiendas. Sus periodistas son de ideas radicales y les gusta proclamarlas, su lugar en el paisaje de la cultura es el margen crítico sin compromisos, ello es su identidad y su marca de fábrica. Los ofendidos son legión. Charlie-Hebdo ha sido acusado de antisemita, islamófobo y machista. No hay pecado que no les haya sido endilgado.
La presencia de esos millones de “Je suis Charlie” requiere pues explicación, es importante, debemos descifrar qué significa, porque es claro que su sentido no está dado por la cohorte de jefes de Estado y de partido que abría la marcha. Lejos de ello, al contrario, es la multitud la que dio sentido y causa a la presencia de los jefes de Estado que se pusieron a la cabeza.
Una falange de represores, en obra o potenciales, que homenajean y hacen votos por la libertad de expresión, es el homenaje del  vicio a la virtud. Es algo para festejar, porque es un compromiso contraído contra el cual se puede arrinconar a los que intenten coartarla.
El sentido de la presencia de tanta gente en la manifestación del domingo 11 de enero de 2015 es, a mi entender, la reacción contra la ofensa brutal a la libertad, la defensa de ese bien precioso de la convivencia republicana, es la vigorosa afirmación de la esencialidad de la libertad de expresión. Charlie-Hebdo la ejercía hasta sus límites, por eso defender la libertad de Charlie es defender el territorio sagrado de nuestros derechos.

Larga vida a Charlie-Hebdo, al Canard Enchaîné y a Punto GG

Esencial es la critica, esencial es la sátira, esencial es el humor en cualquier comunidad política que se pretenda libre para decidir su destino, especialmente cuando se ejercen con audacia y honradez.
Por eso les deseo una larga vida a Charlie-Hebdo, al Canard Enchaîné, a Punto GG. Que vivan y que prosperen. Suis-je Charlie?