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lunes, 3 de julio de 2017

El Observador y la credibilidad del sistema político

"El vuelo público que ha tomado el caso del vicepresidente Raúl Sendic renueva dudas ciudadanas sobre la credibilidad del sistema político [...]
También el Frente Amplio se ha equivocado al tratar de soslayar esos errores, como lo ha hecho en su oposición a comisiones parlamentarias que investiguen denuncias y en el intento de apresurar la derogación del delito de abuso de funciones. Todos los partidos están de acuerdo en eliminarlo, porque la vastedad imprecisa de su texto se presta a arbitrariedades, como ha ocurrido más de una vez en el pasado reciente. Pero es claramente inoportuno hacerlo a las apuradas en el momento actual, debido a las fundadas sospechas de que se procura favorecer a conspicuos dirigentes del oficialismo que están bajo la lupa judicial, como ocurre con Sendic, el exministro de Economía Fernando Lorenzo y el expresidente del Banco República Fernando Calloia."

Estoy casi de acuerdo con la primera frase, salvo en que no creo en que sea una "equivocación" del FA negar las comisiones investigadoras sobre los negocios con Venezuela o las tupabandas, más bien me parece un intento de barrer para abajo de la alfombra y patear la pelota para adelante. Otra cosa es la derogación del vago delito de "abuso de funciones".

A la larga, lo que más mina la credibilidad del sistema político es hacer leyes equivocadas -- leyes inconstitucionales, como la Ley de Caducidad; leyes que cobijan la arbitrariedad, como el Abuso de Funciones; leyes ruinosas, de consecuencias incalculables, como la que ocasionó la deuda con los funcionarios del Poder Judicial -- aunque la corrupción y la inepcia de los dirigentes, como en el caso Sendic, le agregan unos cuantos cucharones de caldo a la sopa del descreímiento.

Sin embargo, no hay que olvidar que el periodismo forma parte del sistema que hace marchar nuestra democracia. No es saludable que un cotidiano principal de nuestra capital, como El Observador, editorialice apoyando o defendiendo una ley que reconoce que "se presta a arbitrariedades", simplemente porque haya sido utilizada para procesar a adversarios políticos. Esa postura también desgasta la "credibilidad" del sistema político: una prensa sectaria que apoya las arbitrariedades si se perpetran contra sus adversarios.

Al pasar, hago notar que Sendic no ha sido procesado por esa ley ni por ninguna otra. Y también de paso, que Amodio sí fue procesado rápidamente, lo que pone signos de interrogación sobre el andamiento del propio Poder Judicial.


Hasta ahora, frente a la masa de evidencia de ruina y de abuso por parte de la dirigencia de ANCAP, con Sendic al frente, la Justicia no ha hecho más que "investigar". ¿Qué esperan? Eso tambíén erosiona la confianza de la ciudadanía, que reclama una sanción severa, proporcional al daño que ocasiona el vaciamiento de una empresa pública, es decir, de todos.

sábado, 29 de abril de 2017

Emmanuel Macron y la insurgencia del centro político

La primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas puso en el primer lugar a un centrista, Emmanuel Macron, con 24,01% de los votos, en una elección con alta tasa de participación: votó el 77,77% de los inscritos (el voto en Francia no es obligatorio).

La alegría y el optimismo que sentí en un primer momento se enfriaron en cuanto miré el resultado en la perspectiva de la segunda vuelta.

En el total suman más del 40% los votos emitidos a favor de las opciones extremas (Marine Le Pen 21,30% + Jean Luc Mélenchon 19,58%), y si sumamos a los que proponen abandonar la Unión Europea invocando un "soberanismo" rabioso, llegamos casi al 50%. Ellos incluyen a los mencionados Mélenchon y Le Pen, más la mayoría de los candidatos minoritarios.

Si alguien duda de que lo que llamo "opciones extremas" lo sean, fíjense: Marine Le Pen propone restablecer las fronteras (denunciar el tratado de Schengen), volver al franco y aplicar la "preferencia nacional" en empleos y beneficios sociales, y su partido es el refugio de la xenofobia, el negacionismo y la resistencia a los avances sociales; Mélenchon, por su parte, propone abandonar la UE en favor del ALBA, la alianza bolivariana de las Américas, un delirio basado en las fronteras que supuestamente tiene Francia con Brasil en la Guayana, y en la presencia en el Caribe de las islas francesas Guadalupe y Martinica, todos vestigios del imperio colonial francés.
Sí, y esas opciones extremas reunieron, sumadas, más del 40% de los votos.

El camino de Macron hacia la mayoría en la segunda vuelta pasa por conquistar una buena parte de los votos que en la primera fueron a François Fillon (derecha, conservador), Benoit Hamon (socialista), Jean-Luc Mélenchon (ultra izquierda), etc, todos más o menos incompatibles con su programa liberal social de centro. Los que votaron a esos candidatos por algo lo hicieron, ahora deberán reflexionar y elegir entre el populismo nacionalista de derecha y el sobrio programa centrista, que no resuelve rencores ni evoca revanchas. Y la abstención también es un gran enemigo de Emmanuel Macron.

La mayoría en la segunda vuelta es un milagro que una candidatura de centro puede operar, cosa que sería imposible para otra colocada más hacia la derecha o más hacia la izquierda en el espectro político. Ni Fillon ni Mélenchon, que estuvieron cerca de pasar a la segunda vuelta, podrían reunir los votos para derrotar a Marine Le Pen. Pero tampoco será fácil para Macron.

El extremismo populista tiene mucha fuerza, está con viento en popa internacionalmente, el Brexit y Trump mostraron que todo es posible, y lo fortalecen aún más los relatos dominantes de izquierda y de derecha. El relato de izquierda, que demoniza el libre comercio y lo acusa de ser el causante de la desocupación y de la desigualdad; el relato de derecha, que responsabiliza a la inmigración de la inseguridad y del desempleo. Ambos culpan a los tratados fundadores de la Unión Europea de instaurar esos males, el libre comercio y la inmigración. Juntos, extrema derecha y extrema izquierda, forman una muralla de prejuicios formidable y temible que el candidato Macron debe perforar para ganar.

Por cierto, los sondeos dan como favorito al candidato centrista, pero lo mismo ocurría dos semanas antes de las elecciones en EE.UU., Hillary aventajaba a Trump, y ya sabemos lo que pasó.

La esperanza radica en cómo Emmanuel Macron ganó la primera vuelta. Macron no ganó con casi un quinto de los votos emitidos por eliminación, por descarte, frente a los otros diez candidatos con los cuales competía. Es una figura nueva, es joven, es un recién llegado a la política, y conquistó positivamente el sufragio por sus propuestas inteligentes, equilibradas y novedosas. Basta estudiar cualquiera de ellas para notar cómo une la audacia con la ponderación, cómo casa la comprensión del problema a la búsqueda sin prejuicios de una solución. No es el lugar para entrar en el detalle de la reforma del mercado de trabajo o de la protección social de los trabajadores independientes, pero son medidas que encaran los problemas actuales de trabajadores y empresarios.

En esta coyuntura en la que se juega el destino de Francia, de Europa y del mundo, en este trance en el que apostamos todo al magnetismo y a la clarividencia de un líder centrista, me parece oportuno subrayar los rasgos del "centro político" y disipar algunos errores de lo que se concibe como tal.

1 - "El centro no tiene luz propia, es izquierda o es derecha" dicen los que están bajo la influencia de la ideología marxista, que mira al centro político como la prenda de la pequeño-burguesía. Abundan los ejemplos históricos de líderes transformadores que deben ser considerados de centro, como Lázaro Cárdenas, Pierre Mendès-France, Olof Palme, y en nuestro país José Batlle y Ordóñez, Zelmar Michelini o Wilson Ferreira, y ahora en Francia quizás Emmanuel Macron, que demuestran lo contrario, que el centro político dinamiza la sociedad e impulsa las transformaciones políticas en el sentido de la justicia y la libertad.

2 - El centro es moderado, pero algunos ven la moderación como tibieza. La moderación del centro político consiste en rehusar los extremos utópicos, las soluciones súbitas y violentas, la revolución, la expropiación general, el régimen autoritario para imponer el "nuevo orden". La pasión del centro político por generar los cambios no es extremista, puede y debe ser moderada, en el sentido de reconocer límites. Una política llevada al extremo puede ser contra productivo. No se trata de demolición ni de cirugía social cruenta, se trata de producir cambios consensuados y democráticos.

3 - La disyuntiva "revolucionario o reformista" que antes subyacía a nuestros análisis, se ha transformado en "reformador o conservador". Los izquierdistas se suman muchas veces a las fuerzas conservadoras vía el corporatismo de algunas clases de trabajadores.

4 - Se confunde "patriota" con "nacionalista". El nacionalismo infecta a la izquierda tanto como a la derecha, y nadie está libre. En cambio, el lugar del patriotismo es el centro, y este se opone al nacionalismo. Esta frase tomada del discurso de Macron en la noche de la primera vuelta retrata nuestra posición en este asunto: "Je veux être le président des patriotes face à la menace de nationalistes".Es la idea que el filósofo italiano Maurizio Viroli desarrolla en varios de sus libros, especialmente en "Per amore della patria. Patriottismo e nazionalismo nella storia." (Laterza, 1995), idea muy bien explicada por Fernando Savater en un artículo "Vivere Libero", y por el propio Viroli en una entrevista ("Maquiavelo y el patriotismo republicano"). En Francia, la oposición patriotismo-nacionalismo se expresa en las posiciones pro o contra la Unión Europea.

5 - Ciertos izquierdistas transforman el combate contra la pobreza en la llamada "distribución de la riqueza", estilo Chávez, Maduro o Perón. El "centro político" lo piensa distinto:
En ciertas coyunturas, sin duda, es necesario habilitar a los más desfavorecidos, como sucedió con el "Plan de Emergencia", al principio del primer gobierno de Tabaré Vázquez, cuando en el país se vivían todavía las secuelas de la crisis del 2002. Es un paliativo necesario, a veces. Pero esa no es la solución de fondo para el problema de la pobreza, como tampoco lo es la "destrucción del capitalismo". La "distribución de la riqueza" es, en realidad, la destrucción de la riqueza, un beneficio efímero y contra productivo; en eso el ejemplo de la Venezuela de Chávez y Maduro, o de la Cuba de los Castro, países arruinados y pobres, que fueron ricos, es elocuente.

En materia de combate a la pobreza, si se descarta la "destrucción del capitalismo" y las estrategias abrasivas de la matriz productiva, desde el Estado el foco debe ponerse en la producción de riqueza, en la igualdad de oportunidades, en la cultura, en la formación profesional, en la amortiguación de la desigualdad que espontáneamente genera el mercado, y en la cohesión social. Hay que acercar los beneficios de la modernidad a la mayor cantidad de gente posible (ejemplo Plan Ceibal), unir a la sociedad, tender puentes y abrir espacios de expresión, para que se dialogue y se elabore en un espíritu solidario. El rol del Estado es de promoción y de acompañamiento, a veces de ayuda, a veces de construcción de espacios, de protección contra las mafias y los superpoderes del capital financiero. Pero los emprendimientos privados tienen un rol protagónico, y deben tenerlo.

Esta es la visión del centro político, del centro-izquierda debería decir, pero de una izquierda que toma otro rumbo, un rumbo más sustancial, más con los pies en la tierra, superando las utopías decimonónicas, pero no menos cargado de futuro. Es la visión que hoy encarna Emmanuel Macron en Francia, en un combate difícil y decisivo por la Unión Europea, contra el nacionalismo retrógrado, una confrontación cuesta arriba por los prejuicios y los relatos negativos que lastran a una buena parte de los votantes, tanto de izquierda como de derecha.

Faltan pocos días.


(*) Me inspiró el título de un artículo de El País español:
"La hora de los insurgentes del centro: Con Macron puede comenzar el rearme republicano frente a los extremismos populistas", de José Ignacio Torreblanca, recomendable.

martes, 6 de diciembre de 2016

Murió Fidel

Ni llorar ni festejar

Murió Fidel y nos vimos sometidos a una ducha de imágenes heroicas: el barbudo bajando de la Sierra, entrando en La Habana, discurseando desde su cátedra eterna, sobreviviendo a cientos de atentados, invulnerable como un héroe antiguo, triunfante.
Se mantuvo en el poder absoluto en su isla durante 46 años, conservó su ascendencia y su poder de veto a pesar de la invalidez de la enfermedad, y murió en su cama a los 90 años.
Sus restos fueron cremados a las pocas horas, apresuradamente, vaya uno a saber por qué.
Algunos lo lloran, otros lo maldicen, otros festejan. Los que festejan quizás lo creían inmortal, no sé. Tampoco puedo llorarlo porque no lo conocí como persona, ni maldecirlo porque no creo en la inmortalidad del alma. Podría festejar si esa muerte fuera el fin de la dictadura en Cuba, pero no es el caso, la dictadura sigue, Raúl Castro gobierna, su hijo es jefe del servicio de inteligencia (significa vigilancia y represión) y su yerno maneja la economía. No hay nada que festejar.
Sí creo en la pervivencia del recuerdo, sí creo en la memoria, sí creo en que un sólido conocimiento de la historia nos ayuda a encarar los desafíos del presente y del futuro.
Por eso me parece que la imagen heroica, el culto del héroe Fidel Castro, es una hipoteca sobre nuestro futuro, y que hay que ponerlo frente al espejo de su realidad. Esa realidad es la historia de Cuba en el último medio siglo.

La historia no lo absolverá

Confrontar el mito de Fidel con la historia es una tarea difícil.
Vean el excelente artículo de Enrique Krauze en Letras Libres: “¿La nueva Cuba?” de abril de 2015, con  un buen resumen de algunos puntos claves.
Es una tarea difícil en primer lugar por el espeso velo de falsedades que se han difundido durante medio siglo de propaganda comunista.
Cuba era la tercera economía latinoamericana cuando cae Batista, pero la propaganda describe la miseria de la isla como si fuera Haití. Hoy la economía cubana está en la lona, pero es el resultado de medio siglo de desvaríos e inepcia administrativa, de represión y control omnímodo del estado empresario y administrador, poseedor de todo. El descalabro económico es solo comparable con la corrupción de la burocracia.
Una economía arruinada y una burocracia corrupta es lo que deja medio siglo de discursos heroicos e interminables, medio siglo de consignas, vigilancia y represión.
Una represión de la que se hizo cómplice al pueblo en los CDR (Comités de Defensa de la Revolución, en cada barrio), que vehicula prebendas en un país donde falta todo; una represión que tuvo capítulos aún más infames, como los campos de concentración para homosexuales o el fusilamiento de los rivales de Fidel en el cariño del pueblo (Arnaldo Ochoa, héroe de Angola y Etiopía, fusilado después de un simulacro de juicio en 1989). Una represión que tuvo capítulos abyectos, como la autocrítica de Heberto Padilla y el coro de escritores latinoamericanos que la aplaudieron.
Alguna gente de mi edad, que concibió grandes esperanzas cuando la entrada de los barbudos en La Habana, no puede renunciar a la imagen del guerrillero heroico, una imagen que condujo una parte de sus vidas como modelo y brújula. Peor para ellos. Que lloren a Fidel e ignoren la historia, somos viejos y tenemos derecho a ser chochos, seniles y babeantes. Es la biología.
Pero los jóvenes no. Hay que respetar la historia, aprender de ella. Murió un dictador que supo engañarnos un día, un dictador que nadie derribó, que murió de viejo en su cama, con su poder intacto en su cuerpo exangüe, un dictador que llevó a su país y a su pueblo a la ruina, que lo diezmó, que lo dividió, que lo mortificó con el acto y con la palabra durante un lapso increíblemente largo, más que cualquier otro.
Nos queda restablecer la verdad histórica detrás del velo de la propaganda y también, en nuestro caso, de preguntarnos cómo pudo engañarnos así.

¿Cómo pudo engañarnos así?

Creo que para empezar a responder esta pregunta vale la pena leer el discurso que hizo Fidel Castro en la Explanada Municipal de Montevideo durante su visita en mayo de 1959.
Creo que será difícil encontrar una declaración de fe demócratica, más reformista y más radical que ésta. Era tan puro, tan sincero, tan elocuente, como nunca he escuchado otro igual. Lo mismo dicen de Zelmar Michelini, pero no tenía la aureola heroica de la Sierra Maestra, el riesgo de la vida, la sencillez de la guerrilla, pobre y triunfante. Es casi un eufemismo decir que le creímos. Leánlo.
Hay una cosa más, igualmente importante: nuestro estado de necesidad. La juventud que quería otro horizonte en ese Uruguay de 1959 no tenía nada. Reinaba un gran desencanto político, acababa de perder las elecciones Luis Batlle, desprestigiado por los rumores de corrupción, minado por la huelga estudiantil de Ley Orgánica, y habían ganado Luis Alberto de Herrera y Chicotazo (Benito Nardone), caudillos conservadores y, para mí en esa época, reaccionarios. Un Michelini en las filas de Luis Batlle era una golondrina que no hacía verano. Uruguay estaba en una crisis de estancamiento, todo empeoraba, se venía abajo, andaba mal. Queríamos justicia social y modernidad, no teníamos ninguna de las dos.
En ese año 1959, ya, la Revolución Cubana se fue a baraja, pero nosotros no nos enteramos. Camilo Cienfuegos, revolucionario martiano, humanista, control democrático de Fidel (“¿voy bien, Camilo?”), desapareció en una avioneta sin dejar rastros, después de arrestar a otro líder democrático anti soviético, Húber Matos, que fue juzgado por traidor y encarcelado 20 años. La KGB había tomado el control del estado cubano, y ese control se haría más fuerte y completo con el paso del tiempo, pero, de nuevo, nosotros, los fieles, los creyentes, los esperanzados, ignorábamos todo.
No hay peor sordo que el que no quiere oír, ni peor ciego que el que no quiere ver. Los fusilamientos con parodia de juicio en La Cabaña que operó el Che deberían habernos puesto sobre alerta. Nos dijimos que eran torturadores batistianos, y nos encogimos de hombros. Luego cayó Urrutia, con simulacro de renuncia de Fidel, y también.
En 1961 Fidel, desmintiendo sus juramentos humanistas y democráticos, se declaró marxista-leninista. Carlos Quijano escribió en Marcha un editorial incendiario, nacionalista y tercerista, osando increpar al héroe, al portaestandarte de nuestra fe. De nada sirvió, salvo para dejar en la Historia un testimonio de lucidez, valentía e independencia de juicio. Y valiente había que ser para desafiar al ícono, al mito, que Fidel ya era.
Nosotros nos aferramos a nuestra esperanza y empezamos a estudiar a Marx y a Lenin, nuevos profetas de las escrituras. No voy a contar aquí el camino por el cual eso nos llevó, pero sí que las advertencias sabias de Luce Fabbri contra la violencia y la clandestinidad no nos sirvieron de nada.
El despertar de los delirios utópicos de las sectas es casi siempre caerse del carro y quedar solo a la vera del camino. Pero es peor no hacerlo.
Una parte de la izquierda sigue soñando el sueño cubano y no quiere despertar, como no quiere despertar del sueño venezolano.
Es una droga que se paga caro.

Links

Artículo de perspectiva histórica sobre Cuba, de Enrique Krauze

Discurso de Fidel Castro en la Explanada Municipal de Montevideo el 5 de mayo de 1959.

Conducta Impropia - Un documental sobre los campos de concentración para homosexuales en Cuba, a través de testimonios de sobrevivientes, entre ellos el gran escritor Reynaldo Arenas.

Oswaldo Payá: El jefe de la oposición asesinado.

Ileana De La Guardia “Fidel hizo fusilar a mi padre”

Jorgito Kamankola y Pedro Alemany: Una canción dolida.

viernes, 11 de noviembre de 2016

La democracia en peligro. Pensando con Leszek Kolakowski

Pone en peligro a la democracia el uso fraudulento de la idea, más que sus tradicionales enemigos, los militares y la derecha autoritaria. El uso fraudulento de la idea (Maduro, Ortega, ...) y el repliegue identitario (Trump, Le Pen, etc.) son hoy las amenazas mayores. Con el triunfo de Trump volvemos a leer a Leszek Kolakowski para buscar algo de claridad.

Luego de algunos años de consenso y satisfacción continental por la recuperación de las instituciones y el estado de derecho al sur del Río Grande, vemos reaparecer las dictaduras y los regímenes autoritarios. Dictadura y régimen autoritario, Cuba lo tiene desde hace más de 50 años, pero en el resto de los países parecía imponerse el respeto de los presupuestos fundamentales de la convivencia democrática. La palabra y la idea de “democracia” se ha vuelto sagrada. Un ícono que todos adoran por igual, tirios y troyanos, que está en los tratados y es ensalzada en los foros internacionales. Esta es una realidad que hoy utilizan sus enemigos, endosando el manto de la legitimidad democrática para sus fines autoritarios y opresores.

En realidad, el restablecimiento democrático de los ochenta fue sobre todo el de las elecciones y del sistema de partidos, parlamentos y presidentes, y con mucho retraso y lentitud, el de la justicia. También tiene retraso la concepción predominante de la democracia, que acentúa la importancia de las elecciones y mengua el de las otras condiciones que le dan existencia. Esta concepción deformada favorece el fraude populista.
Leyendo a Leszek Kolakowski [1]:
“El principio del gobierno de la mayoría es insuficiente si vamos a distinguir entre democracia o oclocracia (el gobierno del populacho). El principio del gobierno de la mayoría no constituye una democracia en sí mismo; sabemos de los regímenes tiránicos que contaron con el apoyo de la mayoría, como la Alemania nazi y la teocracia iraní. No podemos llamar democrático a un régimen en el que el 51 por ciento de la población puede linchar impunemente al restante 49 por ciento.”
Kolakowski analiza tres componentes necesarios a la democracia, el gobierno de la mayoría, la independencia del sistema legal del poder ejecutivo, y la garantía de la igualdad de los ciudadanos ante la ley y de los derechos personales elementales. La lista de los derechos está en discusión, pero no se concibe que no incluya las libertades de movimiento, de expresión, de asociación y de adquirir propiedades.
Kolakowski escribió esto en 1990, un momento de auge democrático, pero no dejó de ver los peligros. Profetizó:
“Una segunda fuente de energía antidemocrática [después de la primera, el sovietismo, en su momento] sería el avance del nacionalismo nocivo alrededor del mundo. Los sentimientos patrióticos en sí mismos no son incompatibles con una perspectiva democrática, mientras signifiquen una solidaridad favorable a la propia nación, la fidelidad a la herencia cultural nacional y a la lengua, y el deseo de tener una nación mejor y más civilizada. (El patriotismo quiere quiere limpiar a la nación; el nacionalismo, blanquearla, decía Chesterton.) El nacionalismo es nocivo y hostil a la civilización cuando se mantiene a través de la creencia en la superioridad natural de la propia tribu y el odio a los demás; si busca pretextos, por tontos que sean, para extenderse en territorios ajenos y, sobre todo, si implica un creencia idólatra en la absoluta supremacía de los valores nacionales cuando chocan con los derechos de las personas que constituyen esa nación. No hay necesidad de demostrar que esta clase de nacionalismo rapaz y potencialmente totalitario está aumentando en varias partes del globo.”

Con Trump presidente de los EE.UU., con el repliegue del Reino Unido  después del Brexit, con la sombra de la derecha populista proyectada sobre Italia (Cinque Stelle) y Francia (Front National), gobernando en Hungría (Viktor Orban) y en Polonia (ver el gobierno ultraconservador desmantela el estado de derecho), y creciente en otros países, está empezando a crecer en los espíritus universalistas, patriotas y libertarios un sentimiento de asedio. Vladimir Putin exulta, que es el ejemplo más claro del fraude del que hablamos, un gobierno surgido de elecciones, un país donde se robaron todo, ingentes cantidades de millones de euros y de empresas, donde los servicios de inteligencia actúan impunemente, matando opositores y periodistas, sin control.
Algunos de los temas que le dieron el triunfo a Trump y que son cabalgados por Marine Le Pen y Beppe Grillo no le son extraños a la llamada izquierda progresista, a saber: el ataque a la libertad de comercio y a la globalización. La Unión Europea es el gran enemigo.
La extrema izquierda y la extrema derecha están unidas en ese ataque. La izquierda uruguaya es afín a ese espíritu, hace del libre comercio su bête noire y, por lo menos en parte, tolera o apoya a Maduro y a Ortega, esgrimiendo esa concepción que centra la validez de la democracia en la celebración de elecciones.
Se me dirá que una cosa es la democracia y otra la libertad de comercio.
No tanto. El repliegue identitario, económico y social de los países sobre sí mismos lleva a la guerra, primero comercial, luego a la guerra a secas.
La Unión Europea fue inspirada por la Segunda Guerra Mundial, fue creada en respuesta a ella por una generación que la concibió en los campos de concentración y en el destierro sufrido bajo el nazismo y el fascismo. Hoy se olvida. Si Europa se divide no es difícil profetizar que será el teatro del enfrentamiento de potencias extra europeas, como sucedió en la SGM, que empezó como guerra europea y terminó enfrentando a EE.UU. y la URSS sobre una frontera que cortaba a Europa de norte a sur, desde el Mar del Norte hasta el Mediterráneo. Son poca cosa los países europeos, incluso los más grandes, aislados frente a potencias como China, EE.UU. o Rusia, poca cosa, pero muy codiciables.
Lo mismo puede decirse, con más razón, de nuestro pequeño Uruguay.
Si queremos la democracia, la prosperidad y la paz, tenemos que propiciar los bloques, los acuerdos y las aperturas comerciales, y gestionarlas correctamente, es decir, con humanidad.
Y, sobre todo, entender que defender la democracia es algo más que celebrar periódicamente elecciones; las otras cosas, como por ejemplo el respeto de las minorías, la libertad de pensamiento y de expresión son, por lo menos, igual de importantes.


[1] “Incertidumbres de una era democrática” por Leszek Kolakowski, en Vuelta Nº164 julio 1990.

martes, 20 de septiembre de 2016

La razón, refugio y forja de la libertad

Publicado el 20 de setiembre, día internacional del librepensamiento.

La ciencia contra el despotismo

No es nuevo ni mucho menos.
Hace mucho tiempo que los grandes de la ilustración y los filósofos de todas las épocas nos lo han enseñando.
Ya Sócrates bebió la cicuta por su libertad, aunque en su caso fue por enfrentar con su ironía y su irrespetuosidad al despotismo de la democracia, del gobierno del pueblo.
Galileo sufrió bajo el yugo oscurantista del papado, y Giordano Bruno murió en la hoguera por sostener una profecía que no les gustaba a los que pretendían ejercer el poder sobre los espíritus.
Son muchos los ejemplos históricos que muestran la hostilidad del despotismo por el pensamiento libre, pero también existen los que sugieren que el ejercicio de la inteligencia es un espacio de libertad que abriga de la arbitrariedad de los poderosos.

La ciencia refugio

En la sociedad moderna la ciencia ha encontrado su lugar, de modo que hasta en los regímenes más despóticos, y pienso muy específicamente en el totalitarismo comunista y en el fascismo, se hace un paréntesis para el ejercicio de la razón en las aulas de matemáticas, de física o de química (aunque no siempre en las de biología). En ellas se ejerce la autoridad de una razón que no respeta otras autoridades, ni la del Emperador ni la del Papa ni la del Secretario General ni la del Duce, allí se busca una verdad que surge de la experiencia y de la lógica, no de la voz del mandamás, del jerarca del partido o del coronel de turno.
Me tocó leer, sobre ese oasis de libertad en el desierto del despotismo, dos historias hermosas ocurridas a casi medio siglo de distancia entre ellas, una en la Italia fascista de los años treinta y otra bajo el yugo del comunismo en los años sesenta y setenta.
La primera es de Primo Levi, contada en su obra "El sistema periódico". En ella cada capítulo está dedicado a un elemento de la Tabla Periódica de Mendeléyev y en él se narra un episodio de la vida del autor que de algún modo está relacionado con ese elemento.
La otra la cuenta Angela Merkel hablando de su vida. Ella eligió entrar en la adultez doctorándose en Química Cuántica bajo el reinado del estalinismo en la República Democrática Alemana (disculpen que no ponga comillas, se llamaba así).
No se pueden comparar las vidas, se puede sí hacer paralelos.

Ciencia contra Fascio, Primo Levi

Primo Levi, nació en Turín en 1919, y tenía tres años cuando Mussolini subió al poder en Italia. Se hizo conocer en la posguerra por su relato "Se questo è un uomo", inspirado por su experiencia en el campo de concentración de Monowitz (subalterno de Auschwitz) adonde fue enviado por su condición de judío y de resistente.
El narrador está hablando con Sandro, un compañero de estudios, y le dice:
(Traduzco de "Il sistema periodico" (Einaudi 1975), pp. 43-44, en el capítulo "Ferro")
"Por fin, y fundamentalmente, él, muchacho honesto y abierto, ¿no sentía el hedor de las verdades fascistas que envenenaban el cielo, no percibía como una ignominia que a un hombre pensante le fuese exigido creer sin pensar? ¿No sentía repugnancia por todos los dogmas, por todas la afirmaciones no demostradas, por todos los imperativos? Lo sentía. Y entonces, ¿como podía ignorar que la química y la física de las cuales nos nutríamos, además de ser alimentos de por sí vitales, eran el antídoto al fascismo que él y yo buscábamos, porque eran claras y distintas y verificables a cada paso, y no tejidos de mentiras y de vanidad, como la radio y los diarios?" (1)
El compañero de estudios y amigo de Primo Levi, Sandro, era descendiente de herreros y a su vez lo inicia en el alpinismo, en el contacto con la verdadera materia, con el fuego, con la tormenta y la roca; Sandro, dice, parecía hecho de hierro, lo que justifica que hable de él en el capítulo dedicado a ese elemento.
En una de las salidas en montaña les toca "comer la carne del oso", es decir, pasarla muy mal, tener que dormir helados, tener hambre y volver hechos una ruina, pero dignos. Y de ello dice Levi: "De todo cuanto la vida me dio de bueno, nada hubo como aquella carne, que es el sabor de ser fuertes y libres, libres también de equivocarse, y dueños de su propio destino."
Sandro, termina contando Levi, era Sandro Delmastro, el primer caído del Comando Militar Piemontés del Partido de Acción. Capturado por los fascistas en abril de 1944 y ejecutado por un esbirro con una descarga de metralleta en la nuca. Su cuerpo fue abandonado en en medio del camino, los fascistas prohibieron a la población darle sepultura.

Angela Merkel, química cuántica contra STASI (2)

Angela Merkel hace una reflexión que puede emparentarse con aquella de Primo Levi. En su juventud, cuando debía elegir profesión, se preguntó: ¿Cómo estudiar en Alemania del Este sin toparse con la policía política? Pues orientándose hacia el único dominio más o menos a salvo de la propaganda ideológica y de la intrusión del Estado, allí donde, dice ella, "la verdad no es fácil de deformar": las ciencias. Le hubiera tentado enseñar ruso, pero ni pensarlo siendo hija de pastor, visto que a su propia madre, por esposa, le prohibieron ejercer de profesora de inglés y de latín. Hete allí a Angela emprendiendo estudios de física en la Universidad Karl-Marx de Leipzig. En 1978 pasa su tesis de doctorado titulada "Influencia de la correlación espacial sobre la velocidad de reacción en las reacciones elementales bimoleculares en medio denso", con muy buena nota. Un título que no llama la atención de la STASI, la policía política. Sin embargo, en una ocasión, la STASI le propone colaborar en el espionaje; ella encuentra una buena excusa para negarse: les dice que es una charlatana compulsiva e incapaz de guardar un secreto.

Hoy como ayer y anteayer

No nos creamos que en el mundo de hoy el pensamiento y la creación están libres de toda traba, está lejos de ser así. Y no solamente en los países dominados políticamente por alguna religión oscurantista, como en el Afganistán de los Talibanes o la Arabia Saudita de los jeques, también en los EE.UU., tan democráticos, en algunos lugares se prohibe enseñar la teoría de la Evolución y la historia natural.
Ante el avance rampante del fanatismo asesino que sufrimos hoy, no olvidemos de administrar este antídoto, de construir estos refugios, de cuidar este recurso.
El estudio de la ciencia sigue siendo un ejercicio de libertad responsable, una escuela de vida, una ayuda al crecimiento del espíritu y de la autoestima, un recurso de importancia crucial en la formación de la ciudadanía. Esto no significa negar el deporte, el dibujo, la música, la historia, las lenguas o la literatura. Significa afirmar la pertinencia en la educación de una dificultad a la cual debemos enfrentarnos para crecer, como se enfrentó Primo Levi a la montaña. Significa afirmar la importancia del ejercicio de la razón para desarrollarnos como ciudadanos libres y responsables.

(1) Transcribo de "Il sistema periodico" (Einaudi 1975), pp. 43-44, en el capítulo "Ferro".
"E infine, e fondamentalmente: lui ragazzo onesto ed aperto, non sentiva il puzzo delle verità fasciste che ammorbaba il cielo, non percepiva come un'ignominia che ad un uomo pensante venisse richiesto di credere senza pensare? Non provava ribrezzo per tutti i dogmi, per tutte le affermazioni non dimostrate, per tutti gli imperativi? Lo provava: ed allora, come poteva non sentire nel nostro studio una dignità e una maestà nuove, come poteva ignorare che la chimica e la fisica di cui ci nutrivamo, oltre che alimenti di per sé vitali, erano l'antidoto al fascismo che lui ed io cercavamo, perché erano chiare e distinti e ad ogni passo verificabili, e non tessuti di menzogne e di vanità, come la radio e i giornali?"


(2) Sobre Angela Merkel en "Le Monde":
http://www.lemonde.fr/festival/article/2016/08/29/angela-merkel-de-la-chimie-quantique-a-la-politique_4989523_4415198.html


lunes, 5 de septiembre de 2016

Impeachment: Forma y contenido, por Liszt Vieira

(Publicado en O Globo el domingo 4 de setiembre 2016)

[Ya presentamos a Liszt Vieira en dos artículos anteriores, "¿Alternancia de la corrupción?" y en “Elecciones directas, único camino”. Liszt Vieira es un abogado y político ligado al movimiento ambientalista y de democratización de la comunicación, sociólogo y profesor. Para más datos de su larga historia en las luchas políticas brasileñas y latinoamericanas consultar Wikipedia (en portugués). Perdonen mi traducción. A continuación de la opinión de Liszt expongo la mía propia, no del todo coincidente con la de él.]


Oh! Qué hermosa apariencia tiene la falsedad
William Shakespeare


La tradición burocrática de Brasil, herencia colonial del patrimonialismo(*) conduce a una sobreestimación de la forma jurídica en detrimento del contenido. De ahí la tesis de que no hubo golpe porque la forma legal fue respetada. Queda en segundo plano la cuestión central: para ser sometido a juicio político, tiene que haber crimen de responsabilidad personal del presidente, cosa que no ocurrió.


La verdad es que el segundo gobierno de Dilma fracasó, y ella mostró no tener las cualidades necesarias para la función que ocupaba. Fue, como mínimo, connivente(**) con la corrupción que asaltó Petrobras y otras estatales para alimentar con coimas a tecnócratas y políticos vinculados a la base de apoyo del gobierno. El PMDB, ahora en el poder, siempre formó parte del gobierno y muchos de sus dirigentes han sido acusados ​​e incluso procesados como corruptos. Hay numerosos ejemplos, pero el caso más emblemático es el de diputado Eduardo Cunha, un genio en su especialidad: la corrupción.


El país se sumió en la recesión, el PIB se redujo, las cuentas públicas se desequilibraron, el desempleo aumentó al 11,6% según el IBGE, y la mayoría de la población comenzó a rechazar el Gobierno. Pero una alta tasa de rechazo no es motivo para la destitución. En Francia, hasta hace poco, el presidente François Hollande tenía 80% de rechazo y nadie habló de juicio político. Lo mismo ocurrió anteriormente con el entonces presidente Bush en los EE.UU..


El proceso de destitución fue una farsa, embrollada en un paquete jurídico, que configura un golpe parlamentario. El nuevo gobierno ha amenazado con subir los impuestos y recortar los derechos sociales. En este sentido, el gran objetivo, además de Lula, son los derechos consagrados en la Constitución de 88. Es claro que muchas distorsiones deben ser corregidas como, por ejemplo, conceder pensiones para hijas de los militares y de jueces de segunda instancia. Pero lo que se ve en el horizonte son las nubes cargadas del economicismo típico del neoliberalismo que parece surgir de las cenizas después de su fracaso histórico revelado en la crisis de fines de 2008.


El ciclo de gobierno del PT, ahora cerrado, no puede ser visto como un proceso rectilíneo. La crisis del capitalismo en 2008 es un divisor de aguas, un verdadero punto de inflexión. Antes, Brasil se benefició de los altos precios de las materias primas que exportaba, lo que ayuda a explicar en la década de 2000, durante el gobierno de Lula, el aumento de los ingresos de los pobres y también de los ricos, así como la reducción de la brutal desigualdad social en el país. Después de 2008, cayeron los precios de las materias primas y se produjo la recesión económica. El gobierno de Dilma se hunde y comienza a hacer lo contrario de lo que prometió, cortejando la política del candidato derrotado en la elección.
Por lo tanto, la ruptura es menor de lo que parece. Después de todo, el segundo gobierno de Dilma ya había tomado medidas en dirección de un ajuste que ahora será aplicado por el Ministro Meireles, el mismo indicado por Lula para ser ministro de Finanzas de Dilma.


Pero es el nuevo gobierno que ya simboliza una política inclinada primordialmente a los intereses del mercado, principalmente del capital financiero. Por lo tanto, los que apoyaron la destitución avalaron el gobierno de Temer y su ajuste fiscal que pide sacrificios al pueblo. Y ha contribuido al vaciamiento político del proceso de anulación de la fórmula Dilma-Temer en el Tribunal Supremo Electoral, lo que inhablilita la posibilidad de elecciones directas este año, único camino para lograr un gobierno legítimo, respetado por todos, vencidos y vencedores.


Liszt Vieira - PhD en Sociología, profesor de la PUC-Rio


(*)patrimonialismo: definición de Wikipedia, “O patrimonialismo é a característica de um Estado que não possui distinções entre os limites do público e os limites do privado. Foi comum em praticamente todos os absolutismos.” https://pt.wikipedia.org/wiki/Patrimonialismo

(**) connivencia:  Disimulo o tolerancia en el superior acerca de las transgresiones que cometen sus subordinados contra las reglas o las leyes bajo las cuales viven.


Impeachment de Dilma, mi opinión.

Mi propia opinión, diferente de la de Liszt y de la de la mayoría de la izquierda uruguaya:
No me parece bien usar la palabra "golpe" para designar la destitución de Dilma,  y no la uso, no corresponde, es un giro propagandístico que abusa de las palabras. Todos sabemos la violencia que implica un golpe de Estado, todos recordamos los militares en la calle, los detenidos, los asesinados, los presos, los atropellos a la ley. Son hechos muy graves  y las palabras que los designan deben ser respetadas.
El proceso de impeachment tuvo ribetes farsescos, es cierto, y muchos de los diputados y senadores que lo operaron están comprometidos en juicios de corrupción, sin duda, pero no debemos, creo, desvalorizar las instituciones y las formalidades jurídicas, que fueron respetadas. Lo hacíamos en los años sesenta, con argumentos parecidos. Todos capitalistas, todos corruptos, decíamos.
La denuncia que llevó al impeachement la presentaron personas que no son mercenarios ni corruptos, entre ellos Helio Bicudo; los hechos denunciados son graves, aunque no inhabituales en la política brasileña. Se trata del maquillaje de las cuentas del Estado para disimular el déficit durante la campaña electoral. Se discute después si eso es o no un “crimen de responsabilidad”, quien juzga si lo es o no, el juez de la causa, es la mayoría de dos tercios del senado. La mayoría calificada del Senado brasileño decidió destituir al Dilma. Podemos decir, como lo hizo el gobierno uruguayo, que la decisión es “injusta”, pero no podemos decir que hubo “golpe”. Hablar de “golpe” en el caso de Dilma es militar en la campaña de propaganda orquestada por el PT y algunos gobiernos afines, Ecuador, Bolivia, Nicaragua, Venezuela. Esos gobiernos hablan con una sola voz, como si formaran parte de un mismo partido político.
Marina Silva, que fue candidata, denunció las últimas elecciones al Tribunal Supremo Electoral por uso de dinero de la corrupción en la campaña. Pide la anulación de la elección, tanto de Dilma como de Temer. El TSE no ha resuelto. Si anulara las elecciones este año, se abriría un nuevo proceso electoral que podría sanear la política brasileña, pero es improbable que ocurra.
Estoy muy de acuerdo con Liszt y con Marina Silva en que hay que revalorizar las instituciones democráticas brasileñas con nuevas elecciones, y los más pronto posible. Lamentablemente, ninguno de los actores principales lo propuso a tiempo. Lo hizo Dilma, pero cuando ya era tarde.