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miércoles, 14 de junio de 2017

La reforma del mercado de trabajo de Macron

Emmanuel Macron, nuevo presidente de Francia, hizo su campaña ganadora sobre dos temas principales: 1- la pertenencia a, y el reforzamiento de, la Unión Europea, y 2- la reforma del mercado de trabajo. Ambos temas eran el blanco de los ataques más furiosos de sus rivales, respectivamente de derecha y de izquierda. Por la izquierda: ya el anterior presidente François Hollande había sido puesto en jaque por un amague de reforma del código laboral, y sufrido un deterioro sin precedentes de su prestigio y de su popularidad como consecuencia de las huelgas y las manifestaciones sindicales. Por la derecha, Marine Le Pen basaba su campaña electoral en la reacción friolenta de los franceses a la mundialización, representada para muchos por las instituciones de la UE, con sus fronteras abiertas y su libertad interna de movimiento y comercio.
De frente a esos dos ataques, Macron redobló la apuesta. Se afirmó pro europeo sin reservas. Y la reforma del mercado de trabajo fue puesta a la cabeza de su programa y de su campaña electoral, a pesar de ser la bête noire de la izquierda política y sindical. Entre las dos vueltas de las elecciones presidenciales, el candidato de la izquierda extrema, Jean-Luc Mélenchon, le ofreció su apoyo a condición de que renunciara a ella. Macron públicamente rehusó. La modificación del código laboral, la reforma del mercado de trabajo fue el centro de la campaña y del programa de Macron, que ahora se apresta a cumplir.
Veamos de qué se trata.

El problema: la desocupación

Hace años que Francia se debate con el problema de la alta tasa de desocupación, la gente que busca trabajo y no lo encuentra. Este problema tiene un enorme costo para la sociedad, tanto moral como financiero. Hay un gran aparato de protección de los desocupados, que sin embargo no puede impedir que un cierto número importante al fin y al cabo llegue al término de sus derechos y quede al margen de la sociedad. Es un drama que viven los trabajadores franceses, que fragiliza sus vidas y amarga la existencia de muchos.
Sucesivos gobiernos han ensayado distintas soluciones, los candidatos han prometido siempre atacar el problema y resolverlo, pero ninguno lo ha logrado. Hoy la desocupación llega a 9,5 %, y es el punto más bajo en cinco años.

¿Qué es lo que anda mal?

El análisis que hace Macron, y del que resultan las líneas de su reforma, es el siguiente:
Lo que hace obstáculo a la creación de empleo no es ni el sistema de seguro de salud que cubre a la gran mayoría de la población ni la protección del medio ambiente, lo que disuade a las empresas de reclutar es que el despido de un trabajador es casi imposible o muy caro, prohibitivo. Esto hace que las empresas eviten contratar gente.
En Francia, los despidos individuales y las reducciones de personal solo pueden ocurrir en condiciones específicas, limitadas. Negligencia grave para los individuos, o razones económicas para la reducción de personal. Las razones económicas quedan al arbitrio de un juez que decidirá si los despidos están justificados o no. Los jueces tienen mucha latitud para decidir. En caso de despido injustificado, las indemnizaciones que se deberán pagar pueden ser muy altas, y de hecho la ley no pone tope al monto de estas, lo que resulta en riesgos potencialmente ilimitados para las empresas.

En este sistema las grandes empresas se desempeñan mejor que las chicas, porque tienen abogados y especialistas laborales en sus planteles. Pero las pequeñas son las más generadoras de empleo.

¿Qué va a cambiar?

Estas son las cosas que propone cambiar el programa de Emmanuel Macron, se liberaliza el despido, se pone tope a las indemnizaciones atribuidas por despido injustificado, y el seguro de paro podrá ser cobrado también por aquellos trabajadores que renuncian en sus empleos, para favorecer la movilidad y la toma de riesgos.

Cambio en el financiamiento

Pero no se queda allí: junto a una mayor latitud para las reducciones de personal, Macron propone un cambio en el financiamiento del sistema de protección de los desocupados. Este pesa hoy abrumadoramente sobre las espaldas de empleados y empleadores, bajo la forma de descuentos del salario y cargas por empleado para las empresas. Hoy, un cuadro superior (ingeniero, gerente, administrador) que gana 75 mil euros nominales al año, cuesta 118 mil a su empresa y recibe en la mano 47 mil; mientras que el mismo en el Reino Unido cuesta 89 y recibe 52. Es decir, la carga de la seguridad social reposa sobre los hombros de las empresas y de los trabajadores individuales, y Macron propone que se saque de allí y se hagan cargo los impuestos en general, de modo de dejar más libertad a las empresas y mejorar el salario. Hay que ver cómo se lleva esto adelante, porque no es fácil hacer los números para que todo esto cierre y la sociedad lo acepte.

Acuerdos por empresa

El sistema actual favorece a las grandes empresas, multinacionales o no, que tienen los medios legales y técnicos para navegar la selva burocrática y jurídica de la ley francesa. Pero se sabe que son las pequeñas y medianas empresas las más generadoras de empleo. Simplificar los trámites, aligerar las cargas impositivas, es un imperativo para promover el empleo. Que sea más fácil emprender, hacer negocios, tomar y dejar empleados.
Agrava esto la ley que establece que los acuerdos nacionales negociados por los sindicatos por rama de la industria, son válidos y obligatorios para todas las empresas por encima de los acuerdos particulares por empresa. Ello establece escalas salariales, precio de horas extras, horarios, beneficios, etc., rígidos y obligatorios para todas las empresas de la rama industrial, cualquiera sea su tamaño y giro de negocio.  El programa de Macron propone invertir esta jerarquía, dando a los acuerdos por empresa validez por encima de los acuerdos por rama.

El mercado de trabajo a dos velocidades

El sistema actual ha generado también un mercado de trabajo a dos velocidades; por un lado un puñado de trabajadores con contrato sin término, sean funcionarios públicos o privados, que están seguros y protegidos en sus empleos, porque despedirlos es casi imposible o muy caro; y por otro lado una gran masa, cada vez mayor, de trabajadores, sobre todo jóvenes, que alinean contratos de corta duración, que cambian constantemente de empleo y que no pueden hacer planes de carrera. Uno de los puntos centrales del programa de Macron es extender la protección social a estos trabajadores precarios o independientes, reconocer su existencia, aceptar que el trabajo independiente ha llegado para quedarse, y hacer de modo que se integre al sistema y a sus beneficios.

Más allá del mercado de trabajo, los privilegios

Las elecciones legislativas en curso (escribo esto entre las dos vueltas) van camino de dar al Presidente Macron los medios para hacer realidad esta política. En los años venideros sabremos qué resultado da.
Pero:
Las reformas deben ir más lejos que el mercado de trabajo si se quiere cambiar en profundidad a la sociedad francesa. Seguimos a Jean-François Kahn en su artículo referenciado abajo, que dice: “[es necesario] el agrupamiento en torno a un proyecto de voluntades [decididas a] a atacar tan frontalmente los privilegios de fortuna como los de estatuto; a flexibilizar el mercado de trabajo para liberar el empleo, mientras se restaura una progresividad fiscal disuasiva de las remuneraciones obscenas (los 40 patrones del CAC40 ganan en promedio 4,5 millones de euros por año); [...] yendo más lejos en la baja de las cargas [...]”
La tarea es titánica pero, si obtiene resultados, será un aliento y una inspiración para los reformadores en países como el nuestro, con problemas, si no iguales, por lo menos similares.

Referencias

Jean François Kahn “Macron: dépasser les clivages, oui, mais jusqu’au bout”.
Ver sobre el mismo tema el artículo de Catherine Rampell en WP junio 8, 2017,
“Macron attempts a feat that Trump wouldn’t dare”

sábado, 29 de abril de 2017

Emmanuel Macron y la insurgencia del centro político

La primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas puso en el primer lugar a un centrista, Emmanuel Macron, con 24,01% de los votos, en una elección con alta tasa de participación: votó el 77,77% de los inscritos (el voto en Francia no es obligatorio).

La alegría y el optimismo que sentí en un primer momento se enfriaron en cuanto miré el resultado en la perspectiva de la segunda vuelta.

En el total suman más del 40% los votos emitidos a favor de las opciones extremas (Marine Le Pen 21,30% + Jean Luc Mélenchon 19,58%), y si sumamos a los que proponen abandonar la Unión Europea invocando un "soberanismo" rabioso, llegamos casi al 50%. Ellos incluyen a los mencionados Mélenchon y Le Pen, más la mayoría de los candidatos minoritarios.

Si alguien duda de que lo que llamo "opciones extremas" lo sean, fíjense: Marine Le Pen propone restablecer las fronteras (denunciar el tratado de Schengen), volver al franco y aplicar la "preferencia nacional" en empleos y beneficios sociales, y su partido es el refugio de la xenofobia, el negacionismo y la resistencia a los avances sociales; Mélenchon, por su parte, propone abandonar la UE en favor del ALBA, la alianza bolivariana de las Américas, un delirio basado en las fronteras que supuestamente tiene Francia con Brasil en la Guayana, y en la presencia en el Caribe de las islas francesas Guadalupe y Martinica, todos vestigios del imperio colonial francés.
Sí, y esas opciones extremas reunieron, sumadas, más del 40% de los votos.

El camino de Macron hacia la mayoría en la segunda vuelta pasa por conquistar una buena parte de los votos que en la primera fueron a François Fillon (derecha, conservador), Benoit Hamon (socialista), Jean-Luc Mélenchon (ultra izquierda), etc, todos más o menos incompatibles con su programa liberal social de centro. Los que votaron a esos candidatos por algo lo hicieron, ahora deberán reflexionar y elegir entre el populismo nacionalista de derecha y el sobrio programa centrista, que no resuelve rencores ni evoca revanchas. Y la abstención también es un gran enemigo de Emmanuel Macron.

La mayoría en la segunda vuelta es un milagro que una candidatura de centro puede operar, cosa que sería imposible para otra colocada más hacia la derecha o más hacia la izquierda en el espectro político. Ni Fillon ni Mélenchon, que estuvieron cerca de pasar a la segunda vuelta, podrían reunir los votos para derrotar a Marine Le Pen. Pero tampoco será fácil para Macron.

El extremismo populista tiene mucha fuerza, está con viento en popa internacionalmente, el Brexit y Trump mostraron que todo es posible, y lo fortalecen aún más los relatos dominantes de izquierda y de derecha. El relato de izquierda, que demoniza el libre comercio y lo acusa de ser el causante de la desocupación y de la desigualdad; el relato de derecha, que responsabiliza a la inmigración de la inseguridad y del desempleo. Ambos culpan a los tratados fundadores de la Unión Europea de instaurar esos males, el libre comercio y la inmigración. Juntos, extrema derecha y extrema izquierda, forman una muralla de prejuicios formidable y temible que el candidato Macron debe perforar para ganar.

Por cierto, los sondeos dan como favorito al candidato centrista, pero lo mismo ocurría dos semanas antes de las elecciones en EE.UU., Hillary aventajaba a Trump, y ya sabemos lo que pasó.

La esperanza radica en cómo Emmanuel Macron ganó la primera vuelta. Macron no ganó con casi un quinto de los votos emitidos por eliminación, por descarte, frente a los otros diez candidatos con los cuales competía. Es una figura nueva, es joven, es un recién llegado a la política, y conquistó positivamente el sufragio por sus propuestas inteligentes, equilibradas y novedosas. Basta estudiar cualquiera de ellas para notar cómo une la audacia con la ponderación, cómo casa la comprensión del problema a la búsqueda sin prejuicios de una solución. No es el lugar para entrar en el detalle de la reforma del mercado de trabajo o de la protección social de los trabajadores independientes, pero son medidas que encaran los problemas actuales de trabajadores y empresarios.

En esta coyuntura en la que se juega el destino de Francia, de Europa y del mundo, en este trance en el que apostamos todo al magnetismo y a la clarividencia de un líder centrista, me parece oportuno subrayar los rasgos del "centro político" y disipar algunos errores de lo que se concibe como tal.

1 - "El centro no tiene luz propia, es izquierda o es derecha" dicen los que están bajo la influencia de la ideología marxista, que mira al centro político como la prenda de la pequeño-burguesía. Abundan los ejemplos históricos de líderes transformadores que deben ser considerados de centro, como Lázaro Cárdenas, Pierre Mendès-France, Olof Palme, y en nuestro país José Batlle y Ordóñez, Zelmar Michelini o Wilson Ferreira, y ahora en Francia quizás Emmanuel Macron, que demuestran lo contrario, que el centro político dinamiza la sociedad e impulsa las transformaciones políticas en el sentido de la justicia y la libertad.

2 - El centro es moderado, pero algunos ven la moderación como tibieza. La moderación del centro político consiste en rehusar los extremos utópicos, las soluciones súbitas y violentas, la revolución, la expropiación general, el régimen autoritario para imponer el "nuevo orden". La pasión del centro político por generar los cambios no es extremista, puede y debe ser moderada, en el sentido de reconocer límites. Una política llevada al extremo puede ser contra productivo. No se trata de demolición ni de cirugía social cruenta, se trata de producir cambios consensuados y democráticos.

3 - La disyuntiva "revolucionario o reformista" que antes subyacía a nuestros análisis, se ha transformado en "reformador o conservador". Los izquierdistas se suman muchas veces a las fuerzas conservadoras vía el corporatismo de algunas clases de trabajadores.

4 - Se confunde "patriota" con "nacionalista". El nacionalismo infecta a la izquierda tanto como a la derecha, y nadie está libre. En cambio, el lugar del patriotismo es el centro, y este se opone al nacionalismo. Esta frase tomada del discurso de Macron en la noche de la primera vuelta retrata nuestra posición en este asunto: "Je veux être le président des patriotes face à la menace de nationalistes".Es la idea que el filósofo italiano Maurizio Viroli desarrolla en varios de sus libros, especialmente en "Per amore della patria. Patriottismo e nazionalismo nella storia." (Laterza, 1995), idea muy bien explicada por Fernando Savater en un artículo "Vivere Libero", y por el propio Viroli en una entrevista ("Maquiavelo y el patriotismo republicano"). En Francia, la oposición patriotismo-nacionalismo se expresa en las posiciones pro o contra la Unión Europea.

5 - Ciertos izquierdistas transforman el combate contra la pobreza en la llamada "distribución de la riqueza", estilo Chávez, Maduro o Perón. El "centro político" lo piensa distinto:
En ciertas coyunturas, sin duda, es necesario habilitar a los más desfavorecidos, como sucedió con el "Plan de Emergencia", al principio del primer gobierno de Tabaré Vázquez, cuando en el país se vivían todavía las secuelas de la crisis del 2002. Es un paliativo necesario, a veces. Pero esa no es la solución de fondo para el problema de la pobreza, como tampoco lo es la "destrucción del capitalismo". La "distribución de la riqueza" es, en realidad, la destrucción de la riqueza, un beneficio efímero y contra productivo; en eso el ejemplo de la Venezuela de Chávez y Maduro, o de la Cuba de los Castro, países arruinados y pobres, que fueron ricos, es elocuente.

En materia de combate a la pobreza, si se descarta la "destrucción del capitalismo" y las estrategias abrasivas de la matriz productiva, desde el Estado el foco debe ponerse en la producción de riqueza, en la igualdad de oportunidades, en la cultura, en la formación profesional, en la amortiguación de la desigualdad que espontáneamente genera el mercado, y en la cohesión social. Hay que acercar los beneficios de la modernidad a la mayor cantidad de gente posible (ejemplo Plan Ceibal), unir a la sociedad, tender puentes y abrir espacios de expresión, para que se dialogue y se elabore en un espíritu solidario. El rol del Estado es de promoción y de acompañamiento, a veces de ayuda, a veces de construcción de espacios, de protección contra las mafias y los superpoderes del capital financiero. Pero los emprendimientos privados tienen un rol protagónico, y deben tenerlo.

Esta es la visión del centro político, del centro-izquierda debería decir, pero de una izquierda que toma otro rumbo, un rumbo más sustancial, más con los pies en la tierra, superando las utopías decimonónicas, pero no menos cargado de futuro. Es la visión que hoy encarna Emmanuel Macron en Francia, en un combate difícil y decisivo por la Unión Europea, contra el nacionalismo retrógrado, una confrontación cuesta arriba por los prejuicios y los relatos negativos que lastran a una buena parte de los votantes, tanto de izquierda como de derecha.

Faltan pocos días.


(*) Me inspiró el título de un artículo de El País español:
"La hora de los insurgentes del centro: Con Macron puede comenzar el rearme republicano frente a los extremismos populistas", de José Ignacio Torreblanca, recomendable.

martes, 6 de diciembre de 2016

Murió Fidel

Ni llorar ni festejar

Murió Fidel y nos vimos sometidos a una ducha de imágenes heroicas: el barbudo bajando de la Sierra, entrando en La Habana, discurseando desde su cátedra eterna, sobreviviendo a cientos de atentados, invulnerable como un héroe antiguo, triunfante.
Se mantuvo en el poder absoluto en su isla durante 46 años, conservó su ascendencia y su poder de veto a pesar de la invalidez de la enfermedad, y murió en su cama a los 90 años.
Sus restos fueron cremados a las pocas horas, apresuradamente, vaya uno a saber por qué.
Algunos lo lloran, otros lo maldicen, otros festejan. Los que festejan quizás lo creían inmortal, no sé. Tampoco puedo llorarlo porque no lo conocí como persona, ni maldecirlo porque no creo en la inmortalidad del alma. Podría festejar si esa muerte fuera el fin de la dictadura en Cuba, pero no es el caso, la dictadura sigue, Raúl Castro gobierna, su hijo es jefe del servicio de inteligencia (significa vigilancia y represión) y su yerno maneja la economía. No hay nada que festejar.
Sí creo en la pervivencia del recuerdo, sí creo en la memoria, sí creo en que un sólido conocimiento de la historia nos ayuda a encarar los desafíos del presente y del futuro.
Por eso me parece que la imagen heroica, el culto del héroe Fidel Castro, es una hipoteca sobre nuestro futuro, y que hay que ponerlo frente al espejo de su realidad. Esa realidad es la historia de Cuba en el último medio siglo.

La historia no lo absolverá

Confrontar el mito de Fidel con la historia es una tarea difícil.
Vean el excelente artículo de Enrique Krauze en Letras Libres: “¿La nueva Cuba?” de abril de 2015, con  un buen resumen de algunos puntos claves.
Es una tarea difícil en primer lugar por el espeso velo de falsedades que se han difundido durante medio siglo de propaganda comunista.
Cuba era la tercera economía latinoamericana cuando cae Batista, pero la propaganda describe la miseria de la isla como si fuera Haití. Hoy la economía cubana está en la lona, pero es el resultado de medio siglo de desvaríos e inepcia administrativa, de represión y control omnímodo del estado empresario y administrador, poseedor de todo. El descalabro económico es solo comparable con la corrupción de la burocracia.
Una economía arruinada y una burocracia corrupta es lo que deja medio siglo de discursos heroicos e interminables, medio siglo de consignas, vigilancia y represión.
Una represión de la que se hizo cómplice al pueblo en los CDR (Comités de Defensa de la Revolución, en cada barrio), que vehicula prebendas en un país donde falta todo; una represión que tuvo capítulos aún más infames, como los campos de concentración para homosexuales o el fusilamiento de los rivales de Fidel en el cariño del pueblo (Arnaldo Ochoa, héroe de Angola y Etiopía, fusilado después de un simulacro de juicio en 1989). Una represión que tuvo capítulos abyectos, como la autocrítica de Heberto Padilla y el coro de escritores latinoamericanos que la aplaudieron.
Alguna gente de mi edad, que concibió grandes esperanzas cuando la entrada de los barbudos en La Habana, no puede renunciar a la imagen del guerrillero heroico, una imagen que condujo una parte de sus vidas como modelo y brújula. Peor para ellos. Que lloren a Fidel e ignoren la historia, somos viejos y tenemos derecho a ser chochos, seniles y babeantes. Es la biología.
Pero los jóvenes no. Hay que respetar la historia, aprender de ella. Murió un dictador que supo engañarnos un día, un dictador que nadie derribó, que murió de viejo en su cama, con su poder intacto en su cuerpo exangüe, un dictador que llevó a su país y a su pueblo a la ruina, que lo diezmó, que lo dividió, que lo mortificó con el acto y con la palabra durante un lapso increíblemente largo, más que cualquier otro.
Nos queda restablecer la verdad histórica detrás del velo de la propaganda y también, en nuestro caso, de preguntarnos cómo pudo engañarnos así.

¿Cómo pudo engañarnos así?

Creo que para empezar a responder esta pregunta vale la pena leer el discurso que hizo Fidel Castro en la Explanada Municipal de Montevideo durante su visita en mayo de 1959.
Creo que será difícil encontrar una declaración de fe demócratica, más reformista y más radical que ésta. Era tan puro, tan sincero, tan elocuente, como nunca he escuchado otro igual. Lo mismo dicen de Zelmar Michelini, pero no tenía la aureola heroica de la Sierra Maestra, el riesgo de la vida, la sencillez de la guerrilla, pobre y triunfante. Es casi un eufemismo decir que le creímos. Leánlo.
Hay una cosa más, igualmente importante: nuestro estado de necesidad. La juventud que quería otro horizonte en ese Uruguay de 1959 no tenía nada. Reinaba un gran desencanto político, acababa de perder las elecciones Luis Batlle, desprestigiado por los rumores de corrupción, minado por la huelga estudiantil de Ley Orgánica, y habían ganado Luis Alberto de Herrera y Chicotazo (Benito Nardone), caudillos conservadores y, para mí en esa época, reaccionarios. Un Michelini en las filas de Luis Batlle era una golondrina que no hacía verano. Uruguay estaba en una crisis de estancamiento, todo empeoraba, se venía abajo, andaba mal. Queríamos justicia social y modernidad, no teníamos ninguna de las dos.
En ese año 1959, ya, la Revolución Cubana se fue a baraja, pero nosotros no nos enteramos. Camilo Cienfuegos, revolucionario martiano, humanista, control democrático de Fidel (“¿voy bien, Camilo?”), desapareció en una avioneta sin dejar rastros, después de arrestar a otro líder democrático anti soviético, Húber Matos, que fue juzgado por traidor y encarcelado 20 años. La KGB había tomado el control del estado cubano, y ese control se haría más fuerte y completo con el paso del tiempo, pero, de nuevo, nosotros, los fieles, los creyentes, los esperanzados, ignorábamos todo.
No hay peor sordo que el que no quiere oír, ni peor ciego que el que no quiere ver. Los fusilamientos con parodia de juicio en La Cabaña que operó el Che deberían habernos puesto sobre alerta. Nos dijimos que eran torturadores batistianos, y nos encogimos de hombros. Luego cayó Urrutia, con simulacro de renuncia de Fidel, y también.
En 1961 Fidel, desmintiendo sus juramentos humanistas y democráticos, se declaró marxista-leninista. Carlos Quijano escribió en Marcha un editorial incendiario, nacionalista y tercerista, osando increpar al héroe, al portaestandarte de nuestra fe. De nada sirvió, salvo para dejar en la Historia un testimonio de lucidez, valentía e independencia de juicio. Y valiente había que ser para desafiar al ícono, al mito, que Fidel ya era.
Nosotros nos aferramos a nuestra esperanza y empezamos a estudiar a Marx y a Lenin, nuevos profetas de las escrituras. No voy a contar aquí el camino por el cual eso nos llevó, pero sí que las advertencias sabias de Luce Fabbri contra la violencia y la clandestinidad no nos sirvieron de nada.
El despertar de los delirios utópicos de las sectas es casi siempre caerse del carro y quedar solo a la vera del camino. Pero es peor no hacerlo.
Una parte de la izquierda sigue soñando el sueño cubano y no quiere despertar, como no quiere despertar del sueño venezolano.
Es una droga que se paga caro.

Links

Artículo de perspectiva histórica sobre Cuba, de Enrique Krauze

Discurso de Fidel Castro en la Explanada Municipal de Montevideo el 5 de mayo de 1959.

Conducta Impropia - Un documental sobre los campos de concentración para homosexuales en Cuba, a través de testimonios de sobrevivientes, entre ellos el gran escritor Reynaldo Arenas.

Oswaldo Payá: El jefe de la oposición asesinado.

Ileana De La Guardia “Fidel hizo fusilar a mi padre”

Jorgito Kamankola y Pedro Alemany: Una canción dolida.

viernes, 11 de noviembre de 2016

La democracia en peligro. Pensando con Leszek Kolakowski

Pone en peligro a la democracia el uso fraudulento de la idea, más que sus tradicionales enemigos, los militares y la derecha autoritaria. El uso fraudulento de la idea (Maduro, Ortega, ...) y el repliegue identitario (Trump, Le Pen, etc.) son hoy las amenazas mayores. Con el triunfo de Trump volvemos a leer a Leszek Kolakowski para buscar algo de claridad.

Luego de algunos años de consenso y satisfacción continental por la recuperación de las instituciones y el estado de derecho al sur del Río Grande, vemos reaparecer las dictaduras y los regímenes autoritarios. Dictadura y régimen autoritario, Cuba lo tiene desde hace más de 50 años, pero en el resto de los países parecía imponerse el respeto de los presupuestos fundamentales de la convivencia democrática. La palabra y la idea de “democracia” se ha vuelto sagrada. Un ícono que todos adoran por igual, tirios y troyanos, que está en los tratados y es ensalzada en los foros internacionales. Esta es una realidad que hoy utilizan sus enemigos, endosando el manto de la legitimidad democrática para sus fines autoritarios y opresores.

En realidad, el restablecimiento democrático de los ochenta fue sobre todo el de las elecciones y del sistema de partidos, parlamentos y presidentes, y con mucho retraso y lentitud, el de la justicia. También tiene retraso la concepción predominante de la democracia, que acentúa la importancia de las elecciones y mengua el de las otras condiciones que le dan existencia. Esta concepción deformada favorece el fraude populista.
Leyendo a Leszek Kolakowski [1]:
“El principio del gobierno de la mayoría es insuficiente si vamos a distinguir entre democracia o oclocracia (el gobierno del populacho). El principio del gobierno de la mayoría no constituye una democracia en sí mismo; sabemos de los regímenes tiránicos que contaron con el apoyo de la mayoría, como la Alemania nazi y la teocracia iraní. No podemos llamar democrático a un régimen en el que el 51 por ciento de la población puede linchar impunemente al restante 49 por ciento.”
Kolakowski analiza tres componentes necesarios a la democracia, el gobierno de la mayoría, la independencia del sistema legal del poder ejecutivo, y la garantía de la igualdad de los ciudadanos ante la ley y de los derechos personales elementales. La lista de los derechos está en discusión, pero no se concibe que no incluya las libertades de movimiento, de expresión, de asociación y de adquirir propiedades.
Kolakowski escribió esto en 1990, un momento de auge democrático, pero no dejó de ver los peligros. Profetizó:
“Una segunda fuente de energía antidemocrática [después de la primera, el sovietismo, en su momento] sería el avance del nacionalismo nocivo alrededor del mundo. Los sentimientos patrióticos en sí mismos no son incompatibles con una perspectiva democrática, mientras signifiquen una solidaridad favorable a la propia nación, la fidelidad a la herencia cultural nacional y a la lengua, y el deseo de tener una nación mejor y más civilizada. (El patriotismo quiere quiere limpiar a la nación; el nacionalismo, blanquearla, decía Chesterton.) El nacionalismo es nocivo y hostil a la civilización cuando se mantiene a través de la creencia en la superioridad natural de la propia tribu y el odio a los demás; si busca pretextos, por tontos que sean, para extenderse en territorios ajenos y, sobre todo, si implica un creencia idólatra en la absoluta supremacía de los valores nacionales cuando chocan con los derechos de las personas que constituyen esa nación. No hay necesidad de demostrar que esta clase de nacionalismo rapaz y potencialmente totalitario está aumentando en varias partes del globo.”

Con Trump presidente de los EE.UU., con el repliegue del Reino Unido  después del Brexit, con la sombra de la derecha populista proyectada sobre Italia (Cinque Stelle) y Francia (Front National), gobernando en Hungría (Viktor Orban) y en Polonia (ver el gobierno ultraconservador desmantela el estado de derecho), y creciente en otros países, está empezando a crecer en los espíritus universalistas, patriotas y libertarios un sentimiento de asedio. Vladimir Putin exulta, que es el ejemplo más claro del fraude del que hablamos, un gobierno surgido de elecciones, un país donde se robaron todo, ingentes cantidades de millones de euros y de empresas, donde los servicios de inteligencia actúan impunemente, matando opositores y periodistas, sin control.
Algunos de los temas que le dieron el triunfo a Trump y que son cabalgados por Marine Le Pen y Beppe Grillo no le son extraños a la llamada izquierda progresista, a saber: el ataque a la libertad de comercio y a la globalización. La Unión Europea es el gran enemigo.
La extrema izquierda y la extrema derecha están unidas en ese ataque. La izquierda uruguaya es afín a ese espíritu, hace del libre comercio su bête noire y, por lo menos en parte, tolera o apoya a Maduro y a Ortega, esgrimiendo esa concepción que centra la validez de la democracia en la celebración de elecciones.
Se me dirá que una cosa es la democracia y otra la libertad de comercio.
No tanto. El repliegue identitario, económico y social de los países sobre sí mismos lleva a la guerra, primero comercial, luego a la guerra a secas.
La Unión Europea fue inspirada por la Segunda Guerra Mundial, fue creada en respuesta a ella por una generación que la concibió en los campos de concentración y en el destierro sufrido bajo el nazismo y el fascismo. Hoy se olvida. Si Europa se divide no es difícil profetizar que será el teatro del enfrentamiento de potencias extra europeas, como sucedió en la SGM, que empezó como guerra europea y terminó enfrentando a EE.UU. y la URSS sobre una frontera que cortaba a Europa de norte a sur, desde el Mar del Norte hasta el Mediterráneo. Son poca cosa los países europeos, incluso los más grandes, aislados frente a potencias como China, EE.UU. o Rusia, poca cosa, pero muy codiciables.
Lo mismo puede decirse, con más razón, de nuestro pequeño Uruguay.
Si queremos la democracia, la prosperidad y la paz, tenemos que propiciar los bloques, los acuerdos y las aperturas comerciales, y gestionarlas correctamente, es decir, con humanidad.
Y, sobre todo, entender que defender la democracia es algo más que celebrar periódicamente elecciones; las otras cosas, como por ejemplo el respeto de las minorías, la libertad de pensamiento y de expresión son, por lo menos, igual de importantes.


[1] “Incertidumbres de una era democrática” por Leszek Kolakowski, en Vuelta Nº164 julio 1990.

domingo, 25 de septiembre de 2016

Burkini y desnudez

Viniendo de Hollywood aceptamos todo tipo de censura vestimentaria. En las películas y en las series hollywoodenses se muestra a las parejas hacer el amor vestidas, por lo menos con corpiño y calzón; la visión de un pezón femenino provoca un escándalo, sin hablar del vislumbre de una mata de pelo púbico, que es inaudito. La excepción ("Game of Thrones") confirma la regla. Sin embargo, la censura del burkini en las playas francesas, es decir del uso de un atuendo integral que cubre el cuerpo de la cabeza a los pies en un estilo muy específico codificado por los doctores del islam radical, escandalizó a la izquierda bienpensante.
La ley francesa puso orden inmediatamente y las ordenanzas municipales que prohibían o multaban el burkini fueron anuladas por los tribunales administrativos; intervino en ese sentido hasta el Consejo de Estado, máxima instancia administrativa del estado francés.
Muy bien, estamos de acuerdo y defendemos la idea de que la radicalización islamista y el terrorismo no pueden combatirse violando las leyes.

Pero ¿de qué se trata este asunto del burkini?

No olvidemos que en Francia está permitido el "topless" (que se usa cada vez menos, por razones relacionadas con la presencia creciente del islam radical, pero no solamente, también hay un cambio en la moda), y en algunas playas era corriente el desnudo integral, aunque ahora ese espacio se ha reducido hasta casi desaparecer. Las leyes en eso no han cambiado. Lo que ha cambiado es otra cosa, es que ha aparecido una fuerte corriente represora y violenta contra las mujeres que incide en la comportamiento libre de estas.
Pocos días después del atentando de Niza del 14 de julio, que produjo 86 muertes y 434 heridos, se produjeron peleas a trompadas en algunas playas entre hombres franceses locales del lugar y magrebíes que acompañaban a mujeres usando la prenda, símbolo y bandera de las ideas y del movimiento que habían provocado la matanza. Una amiga mía presenció una de esas grescas en una playa corsa. Algunos de los alcaldes que prohibieron el burkini lo hicieron por razones de orden público, para evitar enfrentamientos y quizás muertos y heridos. No les faltaba motivo, aunque hubieran debido respetar la ley, y desde las instancias superiores los llamaron al orden. El ambiente estaba muy caldeado, cosa fácil de entender luego de la serie de atentados, de enero en Charlie-Hebdo y el Super Cacher, de noviembre en el Bataclan, de julio en Niza.

El burkini no es una moda como cualquier otra

Es muy equivocado pensar que el burkini es una moda como cualquier otra, una pose en la vestimenta, un gusto en el vestir, un modo de expresar una peculiaridad o una rebelión contra un prejuicio. El Primer Ministro, el socialista Valls, dijo: «Le burkini n’est pas une nouvelle gamme de maillots de bain, une mode. C’est la traduction d’un projet politique, de contre-société, fondé notamment sur l’asservissement de la femme» ("El burkini no es una nueva gama de trajes de baño, una moda. Es la traducción de un proyecto político, de contra-sociedad, basado entre otras cosas en el sometimiento de la mujer"). Se trata de provocar, de exhibir su sumisión. Es el odio a la libertad, el odio a Francia que se manifiestan.
Coincido en eso con él, el burkini expresa una concepción y un proyecto político, pero la cosa me parece que va más allá: sacar a pasear por las playas de Francia, herida por los atentados, la bandera del Estado Islámico --porque eso es el burkini-- es una invitación a la batalla, es una provocación para que se produzcan enfrentamientos y violencias.
Y provocar enfrentamientos entre franceses de distintas confesiones religiosas está en la directa línea de la política del Estado Islámico, es su objetivo principal. Sus atentados no apuntan contra los monumentos o los edificios símbolos de la nación francesa, sino a provocar la lucha fratricida entre distintas comunidades, a avivar la llama de una guerra civil, a crear una división sangrienta en la sociedad enfrentando franceses musulmanes contra franceses no musulmanes, además de castigar a los que ejercen las libertades que ellos odian.

No entrar en la espiral de violencia intercomunitaria

El escudo de la unidad social es el respeto de la ley; pensemos lo que pensemos del burkini, no hay que caer en la invitación a la violencia. Nada serviría mejor a los intereses del Estado Islámico que una mujer musulmana sea agredida en una playa francesa, o para el caso, incluso solamente multada o expulsada. La autoridades restablecieron el imperio de la ley, que garantiza la libertad de vestirse como se quiera, y la población debe tener la madurez de abstenerse de descargar su indignación sobre lo primero que se cruza que parece representar al enemigo. El verdadero enemigo es el fanatismo, es el odio a la libertad, especialmente el odio a la libertad de la mujer.

El camino para enfrentar al fanatismo asesino pasa por la afirmación de los valores republicanos, por la libertad, la tolerancia y el respeto de la ley; la vía necesariamente pasa por el ejercicio de las libertades, y por el desprecio y la condena del fanatismo y la violencia. Pasa por la fraternidad con los miembros de la comunidad musulmana agredidos también, y quizás más, por la prepotencia jihadista.

Fuentes

Le tribunal administratif de Lille a suspendu l’arrêté dit « anti-burkini » du Touquet (Pas-de-Calais) que le maire Les Républicains avait maintenu malgré une décision du Conseil d’Etat jugeant ce type de décisions attentatoire aux libertés, dans une décision consultée par l’AFP vendredi 9 septembre.
« Les arrêtés litigieux ont ainsi porté une atteinte grave et manifestement illégale aux libertés fondamentales que sont la liberté d’aller et venir, la liberté de conscience et la liberté personnelle », a expliqué le tribunal administratif dans son ordonnance.
Une décision « logique et cohérente dès lors qu’on fait une analyse juridique », s’est félicitée l’avocate de la Ligue des droits de l’homme Marie-Hélène Calonne qui avait attaqué la ville du Touquet. « Il n’y a pas de troubles à l’ordre public qui justifient cette mesure de police », a-t-elle ajouté.
Dans sa décision, le juge administratif rappelle qu’aucun cas de personne portant un burkini n’avait été signalé sur les plages de cette station chic du nord de la France. « Dans ces conditions, le maire ne pouvait, sans excéder ses pouvoirs de police, édicter des dispositions qui interdisent l’accès à la plage et la baignade alors qu’elles ne reposent ni sur des risques avérés de troubles à l’ordre public ni, par ailleurs, sur des atteintes établies à l’hygiène, à la décence ou à la sécurité de la baignade », explique-t-il.
Le 26 août, le Conseil d’Etat avait mis un coup d’arrêt aux interdictions du burkini, à l’origine d’un débat fiévreux en France, en rappelant les maires au « respect des libertés garanties par les lois ». La plus haute juridiction administrative française avait souligné avec insistance qu’une restriction de l’accès aux plages ne pouvait être justifiée qu’en cas de « risques avérés » pour l’ordre public.

Après Cannes et Fréjus, la justice a suspendu, jeudi 1er septembre, l’arrêté de la mairie de Nice interdisant l’accès aux plages aux baigneurs portant des vêtements religieux, conformément à une décision rendue la semaine dernière par le Conseil d’Etat. Le maire avait signé le 19 août cet arrêté dit anti-« burkini » en invoquant notamment l’émotion soulevée par l’attentat qui a fait 86 morts le 14 juillet sur la promenade des Anglais et des risques de troubles à l’ordre public.

Alain Juppé (candidato a la candidatura presidencial de la derecha) : « Si nous continuons comme ça, nous allons vers la guerre civile »

Una amiga me escribe (el 16 de agosto 2016):
“Il y a deux jours des Magrébins et des Corses se sont battus sur une plage du Cap Corse car le fait que les femmes portaient des “burkini”, genre maillots qui couvrent tout le corps des femmes, n’était pas du gout de la population locale. Le Maire en a interdit le port, la loi signale qu’on est libre de s’habiller comme on veut, mais je pense que dans ce cas de figure, il ne s’agit pas de cela, il s’agit de provoquer, comme ces femmes le font avec le voile intégral, de provoquer la population et ses habitudes de vie, de montrer la haine de la France. Oui bien sûr la soumission de la femme, mais certaines de ces femmes sont des militantes qui considèrent les signes extérieurs de la soumission comme des oriflammes de leur haine. [...] Je suis tout à fait d’accord avec ton article sur le patriotisme et la fierté d’être française, européenne et dans mon coeur aussi sud-américaine! Respecter tous ceux qui pendant des siècles (et je suis en train de lire Rabelais qui est formidable et si moderne) se sont battus pour que nous ayons ce que nous avons comme liberté et autres valeurs éclairées. [...] Ce sont les femmes qui doivent porter les messages de paix et d’amour et l’éducation qui doit le leur permettre. Donner un droit de vivre en France à tous les réfugiés qui acceptent de partager nos valeurs, les instruire de ces valeurs en particulier les femmes, [...]”

El 29 de julio, Mohand Dehmous, argelino nacido en Kabilia y empresario en Francia desde hace muchos años, activista de izquierda y hombre de radio, escribe:
“il faut dire (aussi) que la gauche a été un acteur majeur dans cette affaire (la gestion de l’islam par les gouvernants). Jusqu’en 1980, les immigrés et leurs enfants n’aspiraient qu’à s’intégrer dans la société française... Mais tout un courant d’idéologues de la gauche au pouvoir est venu leur expliquer qu’ils étaient différents. Et qu’il fallait que la France respecte cette différence. Vous imaginez le môme, il est né ici et dès la naissance on commence par lui expliquer qu’il est différent ! En réalité, ce “droit à la différence” qui apparaissait comme quelque chose de positif a marginalisé ces Français issus de l’immigration. La marche des Beurs qui a marqué l’avènement de cette génération dans l’espace public, n’était pas organisée pour revendiquer le droit à la différence, mais pour dire que nous étions français et que nous voulions notre place dans cette société comme tout le monde! Toute l’armada politique, SOS Racisme en tête, est responsable de l’enfermement de la jeunesse des banlieues. Elle l’a livrée à la mouvance islamiste qui investissait peu à peu ces territoires et leur expliquait que oui ils étaient musulmans et n’avaient rien à voir avec ce pays”